EL EVANGELIO DE SAN MARCOS 15

Publicado en por antonio tapia

15.- Curación del hombre de la mano seca

2 Le observaban de cerca por si lo curaba en sábado, para acusarle. 3 Y de nuevo entró en la sinagoga, donde se encontraba un hombre que tenía la mano dice al hombre que tenía la mano seca: Ponte en medio. Y les dice: ¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? Ellos permanecían callados” ( MC 3, 1-4)

Comienza San Marcos, en este tercer Capítulo, con un nuevo episodio ocurrido en sábado. En varias ocasiones se ha dicho que el día del sábado era un día de descanso absoluto y dedicado a la oración. Hay que añadir un dato más al sábado; esta práctica sólo podía romperse si había por medio una vida en peligro. Jesús va a enseñar que el hacer el bien no tiene límites; en su más amplio sentido la vida de una persona está por encima de todo, tanto si está en peligro como sino; y esta es la doctrina que viene a enseñarnos para que nosotros la apliquemos, sea cual sea la época, la situación social en que se vive. Tampoco hacer el bien debe estar sujeto a ninguna ley ni tampoco a ninguna condición, por eso el Señor les pregunta a los fariseos, sabiendo de antemano lo que le iban a decir: “¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? (MC 3,4). El sentido de salvar o de perder puede bien tomarse en el del terreno espiritual, ya que una vida puede perderse o salvarse en el modo que hagamos el bien o lo omitamos, y además un alma alejada de Dios es un alma que necesita de nuestro bien, de nuestra atención, sin dilación. San Marcos en su relato nos dice que no contestaron, pero no por no saber que contestar, pues siendo los escribas maestros de la Ley, sus conocimientos amplísimos les permitía saber que Jesús tenía razón; el silencio se debe al pecado de orgullo y de soberbia que les invadía y que les llevaba al extremo de la hipocresía. Por esto Jesús se enfada, como nos cuenta San Marcos; “5 Entonces, mirándolos con ira, entristecido por la ceguera de sus corazones, dice al hombre: “Extiende tu mano. La extendió, y su mano quedo curada” (MC 3,5), curando su mano. Un hecho notable a destacar, aquel hombre no se acerca a Jesús, o al menos San Marcos no nos lo describe. Es Jesús quien se acerca a Él. Tal vez, aquel hombre, si no ese día, en otra ocasión se lo hubiera pedido. Jesús se adelanta muchas veces a nuestras peticiones, aunque no se lo pidamos. ¿No pensamos muchas veces de cuantos peligros, de cuantos problemas, de cuantas situaciones no habremos salido sin su intervención con antelación a nuestros ruegos y súplicas?. En esta ocasión, la acción sanadora de Jesús se realiza para enseñarnos que el bien no debe tener límite ni estar sujeto a ninguna Ley humana, de la misma forma que Dios no pone límite a hacernos el bien, hasta el punto que permitió que su Hijo, Jesucristo muriera por nosotros. También nos enseña que no debemos esperar a que salga a nosotros el necesitado, sino que nosotros, Apóstoles y soldados de Cristo, desde nuestra Confirmación, somos los que hemos de ir a hacer el bien, incluso en los momentos más inoportunos, más intempestivos, como lo hizo el Señor: en el día del sábado. “6 Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, celebraron enseguida una reunión contra él, para ver como perderle” (MC 3, 6). Los herodianos eran partidarios del régimen de Herodes; a la vez, eran considerados como enemigos acérrimos de los fariseos. Pero algo va a unirlos hasta el final: la persecución de Jesús.

16.- Sana a muchos junto al mar de Galilea

Los hechos de Jesús corren rápidos. Muchos acuden, para verle, de todos los lugares: Jerusalén, Idumea, más allá del Jordán, de Tiro, de Sidón... y acudían también para tocarle, aunque tan sólo fuera una hebra de su manto, para pedirle, para rogarle, para oír aquel mensaje nuevo plagado de amor, un mensaje muy distinto al que se escuchaba de la boca de los escribas y de los sacerdotes del Templo. Los comentaristas de los textos bíblicos asemejan este hecho a las visitas que se hacen a Jesús Sacramentado en todos los sagrarios del mundo. Otro ejemplo a tener en cuenta. Gozamos de la oportunidad de estar al lado de Jesús en el Sagrario. No hace falta correr kilómetros y kilómetros para estar junto a Jesús, como aquellas gentes, por tanto, si no lo hacemos, no tenemos disculpa. Cualquier Templo, mañana o tarde, esta abierto, en donde Jesús espera nuestra visita. Después de este pasaje el Señor continua su labor sin descanso, y sus acciones sanadoras. Enseñanzas y curaciones. A la alegría de la proximidad del Reino de Dios les une, a aquellas gentes sencillas, la alegría de la salud. Hoy como ayer, sigue el Señor pasando a nuestro lado haciendo el bien cada día, sanando, convirtiendo, devolviendo la fe. Podemos repetir, como decían ayer: los ciegos ven, los cojos antes, los muertos resucitan.

17.- Elección de los Doce Apóstoles.

“Y subiendo al monte llamó a los que quiso, y fueron junto a él. Y eligió a doce”. (MC 3, 13-19). Llamó a los que quiso, nos dice San Marcos. Con estas palabras el Evangelista nos hace saber que la iniciativa en la vocación no es de uno mismo, sino exclusiva del Señor. Hoy el Señor sigue llamando, como lo hiciera ayer con los Apóstoles. San Juan en su Evangelio recoge estas palabras del Señor: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros” (Jn 15,6) y la voz de la Iglesia nos recuerda que “La iglesia es una comunidad reunida por Jesús, entorno a él”. El Concilio Vaticano II nos dice con sus sabias palabras que “ El Señor Jesús, después de haber hecho oración al Padre, llamando a Sí a los que Él quiso, eligió a doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar el Reino de Dios”. Esta llamada del Señor. Es una llamada a su servicio; pro no es una llamada exclusiva al sacerdocio; pues al Señor se le puede servir también dentro del mundo: catequistas, cuidadores de enfermos, visitadores de ancianos... Allí donde sintamos nuestra vocación de servicio a los demás, allí nos llama el Señor. Pues la llamada al apostolado que hace en el Monte de las Bienaventuranzas, es una llamada a todos los bautizados.

18.- Inquietud de los parientes de Jesús

“20 Entonces llega a casa; y se vuelve a juntar la muchedumbre, de manera que no podían ni siquiera comer. 21 Al enterarse sus parientes fueron a llevárselo, porque decían que había perdido el juicio”. (MC 3, 20-21). Este es un pasaje insólito, nos cuesta imaginar que los parientes de Jesús se opongan, hasta el punto de declararle loco. Jesús se encuentra con la incomprensión de sus familiares. A lo largo de la historia de la Iglesia hasta nuestros días, esta página no va a ser nueva. Incluso algunos de nosotros podemos saber de claros ejemplos de incomprensión, incluso de rechazo familiar hacia la vocación religiosa de jóvenes conocidos nuestros. Jesús es el ejemplo en el que hemos de mirarnos y la norma de conducta a seguir. El Señor sigue adelante en su misión salvadora del género humano; nos enseña que no debemos dejarnos llevar por el camino del desaliento, sino dejarnos llevar en sus brazos. Cada respuesta a nuestras preguntas, cada respuesta nuestra a una situación, a un momento de desaliento y de tristeza podemos encontrarla en el Evangelio. Jesús nos dice, de forma actual, como ha de ser nuestra respuesta, de la misma forma que enseñaba a los Apóstoles. Jesús no actuó sólo ayer, no enseñó sólo ayer, siempre en presente, en cada época, en cada momento, hasta el fin de los tiempos, cuando venga a recogernos para llevarnos consigo para toda la eternidad, junto a aquellos que nos precedieron.

19.- La calumnia de los escribas.

“22 Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebul, y en virtud del príncipe de los demonios arroja a los demonios” (MC 3,22). Los escribas y maestros de la Ley viendo lo que hacía Jesús le tachan de poseído. Sus parientes, nos dice el Evangelista, le vuelven la espalda, diciendo que está loco. A pesar de las maravillas que hacía, el corazón que lo tenían abotargado no les permitía ver con los ojos del alma. Jesús no es comprendido. Una nueva consecuencia sacamos en la que fijarnos: el trabajo de Apostolado no es fácil, ni nos hace andar por un camino de rosas; al contrario, incomprensiones, obstáculos, falta de apoyo, murmuraciones, risas, burlas... son las piedras que saliendo a nuestro camino tratarán de obstaculizar el trabajo del anuncio del Reino de Dios. Los caminos de la santidad no dan resuelta la vida. Jesús nos enseña que en lugar de llenarnos de amargura y de desaliento, que muchas veces nos tienta a detenernos al borde del camino, prosigamos confiadamente en manos del Padre, como lo hizo él. Jesús es el espejo en que hemos de mirarnos a cada momento. Jesús aceptó ser criticado, para decirnos que nosotros también lo seríamos;, aceptó ser perseguido, para avisarnos que nosotros también lo seríamos, y siguió adelante, invitándonos a que nosotros hiciéramos lo mismo porque: “Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en el Cielo: de la misma manera persiguieron a los profetas que os precedieron” (Mt 5, 11-12). Es palabra del Señor.

20.- Pecado contra el Espíritu Santo.

¿Qué clase de pecado es éste? “En verdad os digo que se perdonarán a los hombres todos los pecados y cuantas blasfemias profieran; pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo jamás tendrá perdón, sino que será reo de delito eterno. Porque ellos decían: Tiene un espíritu inmundo” (MC 3, 28-30) “En verdad os digo que se perdonarán a los hombres todos los pecados y cuantas blasfemias profieran”. Estas palabras de Jesús deben llenarnos de alivio, de esperanza y de gozo para acercarnos con alegría al Sacramento de la Penitencia donde Jesús, con corazón de Padre, nos escucha para derramar después sobre nosotros su bendición consoladora; y no acercarnos con miedo, con sigilo, con espanto. Todos los pecados serán perdonados por terribles y vergonzosos que sean, si nos acercamos con auténtico arrepentimiento. Todos, salvo el pecado contra el Espíritu Santo. ¿Pero qué clase de pecado es este, para que sea inviable el perdón?. El pecado de blasfemia se castigaba en el Antiguo Testamento con la pena de muerte para salvar el honor de Dios y de esta manera evitar que su cólera cayera sobre la comunidad. Hoy las actuales leyes laicas permiten la blasfemia, sin embargo la Iglesia sigue considerando este pecado como uno de los más graves atentados contra Dios, la Virgen, los Santos... Pero así todo, la blasfemia es perdonada a través del Sacramento de la Penitencia. Sabemos que blasfemia es toda acción o palabra proferida y dirigida contra Dios, la Virgen, los Santos y cosas sagradas de la Iglesia. El Pecado contra el Espíritu Santo es el hecho de atribuir al demonio una obra que es manifiestamente buena, realizada por el mismo Dios. Jesús es Dios, y los fariseos y los herodianos atribuían las obras del Señor al demonio. El hecho de que el Señor diga que todos los pecados se perdonarán excepto el de blasfemia contra el Espíritu, no quiere decir que ese pecado no lo pueda perdonar, sino que quién Blasfema contra el Espíritu Santo es el que manifiesta una obcecación y contumacia frente a Dios, rechaza a Jesucristo, su doctrina, sus milagros, no acepta o reconoce el perdón, desprecia la gracia del Espíritu Santo como si fueran engaños para perderlo; por tanto dificil es su arrepentimiento. “El insulto al Espíritu Santo implica negar la evidencia de los hechos. No es un pecado ocasional provocado por una circunstancia pasajera, sino una actitud refleja y corrompida: la del que, conociendo la verdad, no quiere reconocerla. Es la definición de la mala fe (...) Pero quienes oprimen a los demás utilizando para ello el nombre de Dios no tienen más remedio que negar el origen divino de la liberación que Jesús efectúa: sólo así podrán justificar la opresión que ejercen (...) La mala fe es una opción consciente y obstinada contra la verdad, que, por nacer de inconfesables intereses, no está dispuesta a rectificar; por eso es una “ofensa definitiva”, incancelable, porque hace ineficaz la misericordia divina”

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