EL EVANGELIO DE SAN MARCOS 14

Publicado en por antonio tapia

15.- Curación del hombre de la mano seca

2 Le observaban de cerca por si lo curaba en sábado, para acusarle. 4 3 Y e nuevo entró en la sinagoga, donde se encontraba un hombre que tenía la mano dice al hombre que tenía la mano seca: Ponte en medio. Y les dice: ¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? Ellos permanecían callados” ( MC 3, 1-4) Comienza San Marcos, en este tercer Capítulo, con un nuevo episodio ocurrido en sábado.

En varias ocasiones se ha dicho que el día del sábado era un día de descanso absoluto y dedicado a la oración. Hay que añadir un dato más al sábado; esta práctica sólo podía romperse si había por medio una vida en peligro. Jesús va a enseñar que el hacer el bien no tiene límites; en su más amplio sentido la vida de una persona está por encima de todo, tanto si está en peligro como sino; y esta es la doctrina que viene a enseñarnos para que nosotros la apliquemos, sea cual sea la época, la situación social en que se vive. Tampoco hacer el bien debe estar sujeto a ninguna ley ni tampoco a ninguna condición, por eso el Señor les pregunta a los fariseos, sabiendo de antemano lo que le iban a decir: “¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? (MC 3,4). El sentido de salvar o de perder puede bien tomarse en el del terreno espiritual, ya que una vida puede perderse o salvarse en el modo que hagamos el bien u lo omitamos, y además un alma alejada de Dios es un alma que necesita de nuestro bien, de nuestra atención, sin dilación.

San Marcos en su relato nos dice que no contestaron, pero no por no saber que contestar, pues siendo los escribas maestros de la Ley, sus conocimientos amplísimos les permitía saber que Jesús tenía razón; el silencio se debe al pecado de orgullo y de soberbia que les invadía y que les llevaba al extremo de la hipocresía. Por esto Jesús se enfada, como nos cuenta San Marcos; “5 Entonces, mirándolos con ira, entristecido por la ceguera de sus corazones, dice al hombre: “Extiende tu mano. La extendió, y su mano quedo curada” (MC 3,5), curando su mano. Un hecho notable a destacar, aquel hombre no se acerca a Jesús, o al menos San Marcos no nos lo describe. Es Jesús quien se acerca a Él. Tal vez, aquel hombre, si no ese día, en otra ocasión se lo hubiera pedido. Jesús se adelanta muchas veces a nuestras peticiones, aunque no se lo pidamos. ¿No pensamos muchas veces de cuantos peligros, de cuantos problemas, de cuantas situaciones no habremos salido sin su intervención con antelación a nuestros ruegos y súplicas?. En esta ocasión, la acción sanadora de Jesús se realiza para enseñarnos que el bien no debe tener límite ni estar sujeto a ninguna Ley humana, de la misma forma que Dios no pone límite a hacernos el bien, hasta el punto que permitió que su Hijo, Jesucristo muriera por nosotros. También nos enseña que no debemos esperar a que salga a nosotros el necesitado, sino que nosotros, Apóstoles y soldados de Cristo, desde nuestra Confirmación, somos los que hemos de ir a hacer el bien, incluso en los momentos más inoportunos, más intempestivos, como lo hizo el Señor: en el día del sábado. “6 Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, celebraron enseguida una reunión contra él, para ver como perderle” (MC 3, 6). Los herodianos eran partidarios del régimen de Herodes; a la vez, eran considerados como enemigos acérrimos de los fariseos. Pero algo va a unirlos hasta el final: la persecución de Jesús.

16.- Sana a muchos junto al mar de Galilea

Los hechos de Jesús corren rápidos. Muchos acuden, para verle, de todos los lugares: Jerusalén, Idumea, más allá del Jordán, de Tiro, de Sidón... y acudían también para tocarle, aunque tan sólo fuera una hebra de su manto, para pedirle, para rogarle, para oír aquel mensaje nuevo plagado de amor, un mensaje muy distinto al que se escuchaba de la boca de los escribas y de los sacerdotes del Templo. Los comentaristas de los textos bíblicos asemejan este hecho a las visitas que se hacen a Jesús Sacramentado en todos los sagrarios del mundo. Otro ejemplo a tener en cuenta. Gozamos de la oportunidad de estar al lado de Jesús en el Sagrario. No hace falta correr kilómetros y kilómetros para estar junto a Jesús, como aquellas gentes, por tanto, si no lo hacemos, no tenemos disculpa. Cualquier Templo, mañana o tarde, esta abierto, en donde Jesús espera nuestra visita. Después de este pasaje el Señor continua su labor sin descanso, y sus acciones sanadoras. Enseñanzas y curaciones. A la alegría de la proximidad del Reino de Dios les une, a aquellas gentes sencillas, la alegría de la salud. Hoy como ayer, sigue el Señor pasando a nuestro lado haciendo el bien cada día, sanando, convirtiendo, devolviendo la fe. Podemos repetir, como decían ayer: los ciegos ven, los cojos antes, los muertos resucitan. 17.- Elección de los Doce Apóstoles. “Y subiendo al monte llamó a los que quiso, y fueron junto a él. Y eligió a doce”. (MC 3, 13-19). Llamó a los que quiso, nos dice San Marcos. Con estas palabras el Evangelista nos hace saber que la iniciativa en la vocación no es de uno mismo, sino exclusiva del Señor. Hoy el Señor sigue llamando, como lo hiciera ayer con los Apóstoles. San Juan en su Evangelio recoge estas palabras del Señor: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros” (Jn 15,6) y la voz de la Iglesia nos recuerda que “La iglesia es una comunidad reunida por Jesús, entorno a él”. El Concilio Vaticano II nos dice con sus sabias palabras que “ El Señor Jesús, después de haber hecho oración al Padre, llamando a Sí a los que Él quiso, eligió a doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar el Reino de Dios”. Esta llamada del Señor. Es una llamada a su servicio; pro no es una llamada exclusiva al sacerdocio; pues al Señor se le puede servir también dentro del mundo: catequistas, cuidadores de enfermos, visitadores de ancianos... Allí donde sintamos nuestra vocación de servicio a los demás, allí nos llama el Señor. Pues la llamada al apostolado que hace en el Monte de las Bienaventuranzas, es una llamada a todos los bautizados.

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