EL SEÑOR ES COMPASIVO

Publicado en por antonio tapia

El Señor se compadece de aquellas gentes porque andaban como ovejas sin pastor, necesitadas de doctrina. A lo largo de la vida pública de Jesús, nos lo narran los Evangelios, encontramos a un Jesús que se conmueve del dolor y del hambre, pero también de la ignorancia y del abandono a que estaba sometidos por los jefes espirituales aquellas gentes. Jesús pasa a la acción catequética y les enseña con calma, con cariño, con la suavidad con la que una madre enseña a sus pequeños, con ternura. Aquellas palabras y aquellas formas de enseñar, muy diferentes a la de los rabinos, cautiva el corazón de aquel pueblo necesitado, hambriento y sediento de Dios y nos cautiva a nosotros, que sentimos también su suavidad y ternura-.

                                                                            

El cristiano, desde el Bautismo, pero con mas fuerza desde el Sacramento de la Confirmación debe hacerse eco de las palabras de Jesús en el Monte de las Bienaventuranzas:  sed Sal y sed Luz. Jesús a lo largo de su vida pública nos va enseñando las claves: compadecernos de aquellos que no saben, pero además, añade la forma: enseñar con calma, con paciencia, con cariño, con ternura de madre, haciéndose uno de ellos. La rudeza, la dureza, la excesiva rapidez, la enseñanza impregnada únicamente de un sentido académico, vacía de contenido espiritual disponen a que en el alma del oyente no quede impregnada la Palabra. Jesús hablaba con autoridad, porque era Dios y por tanto el único autorizado para predicar la venida del Reino de Dios, y hablaba con verdad; pero además, porque sus palabras  estaban envueltas en el auténtico Amor.

 

                ¿Cómo es mi forma de ser esa sal y esa  luz? ¿Impongo mis teorías sobre la auténtica doctrina de la Iglesia? ¿llego con cariño o por el contrario me falta ese enseñar con calma como hacía Jesús?...¿Enseño con autoridad, que en mi caso es enseñar mi vivencia de la fe? ¿ me siento uno de ellos? ¿ Me hago uno de ellos?...

 

                La Santísima Virgen María, que es Reina de los Apóstoles, misión a la que hemos sido llamados los cristianos, será nuestra Maestra en este campo y es a quien debemos acudir los que optemos por trabajar en la viña del Señor, y sin duda, Ella, acudirá solícita a ayudarnos.           El Señor no solo les instruye, sino que también los alimenta. Este momento, en que da de comer a cinco mil comensales, nos recuerda a la repartición de la Sagrada Comunión en todos los Templos del mundo. Su Cuerpo, se reparte cada día entre cantidades ingentes de personas que se acercan a comulgar.       Nosotros, también, hemos de hacer, con la ayuda de Dios, que esos niños y esos jóvenes que se acercan a recibir el alimento espiritual con la Palabra de Dios, reciban después el Alimento del Cuerpo y de la Sangre de Jesús, en le Comunión, que hará que el alma recupere las fuerzas y se fortalezca para nuevas empresas.

                 

 

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Antonia Arevalo Rios 05/23/2017 04:53

la buena senda del señor siempre es bien recibida con respeto, afecto y sobre todo compasion. los fieles de la Gran Hermandad Blanca me han abierto la mente, este blog es sensacional, magnifico! saludos desde sevilla!