HEMOS ENCONTRADO AL SEÑOR: ¡VENID A CONOCERLE!

Publicado en por antonio tapia

El testimonio dado por Juan el Bautista, ayudado por las gracias especiales que Dios otorga, comienza a dar sus frutos. Los primeros cimientos de lo que será el arranque de la Iglesia, Jesús los va preparando. Aquellos dos discípulos de Juan el Bautista se sienten atraídos por sus palabras hasta el punto que desean conocer a Aquel de quien les hablan. La presencia de Cristo es determinante para seguirle. ¡Hemos encontrado a Cristo! ¡Venid a conocerle! Dicendespués de conocerle,  y nos lo dicen también a nosotros cada vez que nos asomamos a las páginas de los Evangelios. Y lo transmiten con la alegría de haber descubierto algo tan inmenso y tan grandioso que escapa a su razón. Y nosotros recibimos esa alegría cada vez que lo leemos. Y nosotros a su vez, lo transmitimos a otros: ¡oye! ¡Ven a conocerle! ¡No te  lo pierdas! Y se repite también, una vez más,  aquel pasaje de los pastores que comunican lo que han visto, que lo que aquellos ángeles les anunciaron  ¡es verdad! Como es verdad que Cristo ya no está tras la losa en que lo enterraron, que salió triunfante de la muerte, como habremos de salir nosotros.

 

¡Animo, amigo! ¡Acércate a conocerle! ¿Qué lo perdiste en tu camino? ¿Pero no te has dado cuenta que tu eres el hijo prodigo de la parábola? ¡Que lo soy yo, también! fíjate con que cariño nos espera, con tanto que El mismo sale a nuestra búsqueda cuando comenzamos el camino de retorno. Nos toma con sus manos y nos da un abrazo con el cariño de un padre y el amor de una madre. Dile, háblale. El escucha

Aquellos  Apóstoles provechan el momento en que Jesús se hace el encontradizo, cuando pasa al lado de ellos. Y le siguen, pero es Jesús quien se deja seguir. Al poco les pregunta: « ¿Qué buscáis?». Jesús les invita para que vean donde vive y permanecen al lado de Jesús el resto del día, nos dice el evangelista. En esas horas gustaron del Señor, que hasta las palabras del Bautista les parecieron pequeñas. Andrés era uno de los discípulos, el otro podría tratarse de Juan, quien permanecerá junto a Jesús Crucificado en las horas que desembocarán en su muerte, al lado de la Virgen María. Cuando dejan a Jesús les falta tiempo para ir a contar lo que les había sucedido, la dicha de haber estado al lado de Jesús, el Mesías, escuchándole: ¡Hemos encontrado al Mesías! Decían. La alegría no les cabía; deseaban compartirla, para que otros pudieran ver, sentir y vivir lo mismo que ellos.

 
Jesús  hoy al igual que ayer pasa por nuestro lado, o se hace el encontradizo o nos habla a través de otros. Quiere que le sigamos, como hicieron Andrés y Juan y después el resto de los discípulos; quiere que veamos donde vive, donde nos espera; para luego indicarnos donde quiere vivir también. Jesús, cada día, se hace presente para nosotros en el sacramento de la Eucaristía y permanece en el Sagrario donde nos espera; está a nuestro lado cuando rezamos o hablamos de Él y cuando nos acercamos como
el hijo pródigo para pedir perdón por nuestros pecados... para que luego, al igual que los discípulos y tantos y tantos otros cristianos, hasta nuestros días, podamos decir desde el corazón: ¡He encontrado al Señor!, o ¡El Señor me ha encontrado, y le he seguido!

 

Decía un santo que le pedía a Dios que no se lo llevara pronto al Cielo, no porque no quisiera gozar de Él, sino porque había mucho que hacer y muchas más las almas a las que había que transmitir la Buena Nueva. Ciertamente mucho es lo que hay que hacer, comenzando a edificar en nosotros mismos ese Templo en que more el Señor, para que luego podamos transmitir el calor de la fe y la esperanza de la Buena Noticia como lo hicieron los primeros discípulos. No podemos contentarnos con ser cristianos de Misa de los domingos y ya está. Hemos sido llamados para que alimentados con el Sacrificio de la Misa y de la Eucaristía, después transmitamos lo que hemos visto: ¡Al Señor! Y que además lo hemos recibido. Muchos son aún los que no le conocen, muchos son los que le pierden casi cada día; muchos los que le buscan, algunos sin saber cómo buscarlo, muchos los que le han abandonado. “algunas veces Dios dirige una llamada directa y personal que mueve las almas  y las invita a su seguimiento; otras, como en este caso, quiere servirse de alguien que está a nuestro lado, que nos conoce y que nos sitúa frente a Cristo” que pasa a nuestro lado.

 

¿He pensado que yo puedo ser el vehículo que lleva a otras almas a Jesús? ¿Me he parado a pensar que el Señor cuenta conmigo? No es cuestión de pensar como a veces lo hacemos de forma errónea: ¡quien so, pecador, para que  el Señor me llame! ¡Quien soy yo para que el Señor cuente conmigo! No es una casualidad que estemos bautizados; ni ha sido un capricho de nuestros padres. ¿No han sido ellos el instrumento por el cual el Señor me ha hecho su discípulo? El Sacramento del Bautismo es un primer encuentro con Dios a través del cual me da el don de la fe, para que la cultive con los medios y ayudas que me va a otorgar para ser, después, sal y luz para que otros puedan gozar de Cristo como nosotros ahora.

 

                ¡Hemos encontrado a Cristo! ¡Venid a conocerle!, podemos decir con Andrés y con Juan. ¡El te llama a ti también! Y puestos en las manos de la Virgen María, Reina de los Apóstoles, llevaremos a otras almas a presencia del Señor. Su ayuda maternal jamás faltará. Seguiremos sus indicaciones como las siguieron aquellos servidores de las bodas de Canaá. Siempre junto a María, nuestra Madre, en las labores de Apostolado y en nuestras propias labores: familiares, laborales... para que todas se desarrollen santamente y sean benditas por Dios. Siempre junto a Ella, y nuestro camino hacia  Jesús será seguro y sin pérdida. Por María, con María y en María hacia Dios.

 

 

 

 

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Viajes Uzbekistán 12/14/2016 17:53

Hola!
Buen post, sin duda. Superinteresante. Muchas gracias.

antonio tapia 12/16/2016 05:47

muchas gracias a ti