EL CAMINO DE EMAUS
9 Julio 2011
Quedaba una sola plaza y mis tíos me llamaron por si quería ir a Lurdes. ¡Cómo no iba a querer!. Es el sueño de todos los católicos, y muchos no católicos, créanme. Así que me planté en Vitoria ipso facto, a pesar de que el avión no es santo de devoción. Dice mi compañero de trabajo, con quien he coincidido en algún viaje de curso de trabajo, que voy levitando, en lugar de ir sentado. Los vaivenes me atacan. Esos “sube y bajas” que hacen con las turbulencias pueden conmigo. Pero de todas formas tome el avión. De Vitoria, tomamos el autobús con destino a Lurdes. Un viaje muy bonito. El sacerdote de la Parroquia de San Antonio dio la bendición y nos pusimos en ruta.
Emocionante, era como un sueño. ¡Lurdes!. Cantamos, rezamos, reimos… todos animados. Alguno de los viajeros repetía visita. Hablamos de nuestras cosas. Yo de Tenerife a Lurdes. Hablé de lo bonita que eran las Islas Canarias de su seguro de sol, de sus gentes maravillosas. Son especiales, atentas, hospitalarias.
Unas horas de viaje. Hicimos una parada a mitad de camino. Continuamos. Estábamos deseando llegar a nuestro destino. Para mi un sueño. ¡Yo en Lurdes!. Para mi un milagro, pues una oportunidad así no se me iba a presentar, tal vez en la vida. Nos adentramos en Francia. Que bien tenían conservados los pueblos. Paramos en uno de ellos. Unos treinta minutos. Paseo. Refrescos, fotos, parque… y nuevamente en ruta. ¡Porfin llegamos.
Tiendas, muchas tiendas. En todas se vendían objetos referentes a Lurdes. Era como algo asi. El exterior de la Basílica vivía de recuerdos de Lurdes. Dentro estaba prohibido la venta de objetos. En la Basílica era todo culto. Cuando llegamos a Lurdes, nos acomodamos. Todo el grupo fuimos a comer al lugar programado. Un comedor con mesas alargadas y la comida descrita en el programa. Comida hecha a conciencia y eso que estaba el comedor a tope. Despues descansamos. Deseaba entrar en la Basílica.
¡Al fin!. ¡Impresionante!. Es para verlo. El gentío era impresionante. Hicimos cola hasta llegar a la gruta. Delante de mí iba un Indu con el turbante, con un niñito en los brazos, detrás la esposa. Cuando llegó ante la Virgen, elevó al niño presentándoselo. La emoción hizo que me saltaran las lágrimas. Se me hizo un nudo en la garganta. Se inclinó ante la Madrfe del género humano. Imagino a la Virgen sonriendo y aceptando tan grata presentación. El hizo una inclinación y lo mismo su esposa. Había gentes de muchos países. Emocionante. Yo me inclié y me santigué, era preso de la emoción. Volvieron a saltarme las lágrimas. Me encontraba ante la Virgen de Lurdes. Luego fuimos a la otra orilla con el sacerdote, nos sentamos y rezamos el rosario. Hicimos un recorrido por todo el lugar. Después de la cena, me di una escapada con algunos de los miembros del grupo. Volvimos a nuestra orilla. Rezamos el rosario y una meditación. Seguía la muchedumbre. Japoneses, africanos, hindúes, enfermos, impedidos…
Este es el gran milagro. Todos los días el cuantioso peregrinar que no cesa. Ante la Madrecita que nos ama. A pedir, a dar gracias… todos los días milagro. Todos atraídos ante María, ante la Inmaculada. Un rio de gentes que no cesa. Por la mañana, muy temprano Santa Misa. Eran polacos. No entendí. Pero se puede seguir la Misa. Ya a las siete había celebraciones eucarísticas. Hay confesiones también. Conversiones, no lo dudo. La expresión de fe de las gentes, cautiva el alma. Y como por simpatía, te revuelve el alma, y allí vas tu, a confesarte, a cambiar de vida. Sales otro. No el mismo que llegó a Lurdes. Estos son los milagros que no se ven, pero que se producen, la limpieza de las almas. Entras cargado de lastre y sales agil, como transfigurado.
En esa gruta se apareció la Madre de Dios, también nuestra Madre. El milagro de las conversiones, el milagro de los cambios. Y seguro alguna curación de algún enfermito que llega allí suplicando a la Madre. ¡Pedid y se os dará!
Todos los días milagro. Milagro de conversiones. Ateos que ven la luz, pecadores que dejan allí el lastre, gentes que abandonaros y vuelven. Milagros. Pues no son solo milagros las curaciones. Son milagros las conversiones. Todos los días muchedumbres que visitan a la Madre. Inagotables muchedumbres. Algunos repiten seguramente. Pues tiene como un imán. Deseas volver. Mejor dicho, deseas no irte. Deseas quedarte cerca de la Gruta. Allí donde las gentes lloran con lágrimas de limpieza del alma; allí donde las gentes se marcan un compromiso de cambio a los pies de la Madre celestial; allí donde las gentes piden al Faro de nuestro caminar Luz para el caminar por esta vida.
Si no has estado, ve a verlo. Acude a ver a la Madre que te espera para acogerte en su regazo y llevarte ante nuestro Padre del Cielo. Creeme, todos los días milagro patente.