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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA INMACULDA CONCEPCION DE LA VIRGEN MARIA (I)

CRONOLOGÍA DE UNA FECHA MEMORABLE

 

     Ya en el siglo VII se celebraba esta festividad dedicada a la Inmaculada Concepción por parte de algunos grupos reducidos de cristianos, festividad que fue fijada en el Calendario Bizantino, por parte del Papa Basilio II (976 1025). Esta festividad pasará posteriormente a Europa, extendiéndose  a Inglaterra, Francia, Alemania y España. 

            El Papa Alejandro VII, debido al clamor popular con que se había escogido esta celebración, establecerá una bula, la sollicitudo omnium Ecclesiarum, 8.12.1661. Y será  durante el pontificado del Papa Clemente IX cuando comenzará a ser una fiesta de precepto; esto ocurrirá en el año 1708. En el año 1786, con el Papa Sixto IV se concederá indulgencia en la celebración de la fiesta de la Inmaculada Concepción. 

            El Concilio de Trento, el 17 de junio de 1546, al establecer que el pecado original era de carácter universal; es decir,  que todo ser nacía con esta clase de pecado, herencia de Adán y Eva, no incluye en esta universalidad a la Virgen María, con lo cual se establecerá su nacimiento sin mancha de pecado. 

            Pero la Virgen María no solo no nacerá inmaculada, inmune al pecado original, sino inmune a los pecados personales en vida; es decir, que no tuvo la inclinación al pecado que todos tenemos y que  queda tras el bautismo. El Concilio de Trento señala que la inclinación al pecado permanece en los bautizados; esta inclinación es una secuela del pecado original

            Como sabemos, existen dos tipos de pecados: pecados veniales (ofensa hecha a Dios voluntariamente en material leve) y pecados mortales (ofensa voluntaria, libre y deliberada con conocimiento de la acción hecha a Dios en materia grave).  Está claro que la Virgen María no cometió en vida esta última clase de pecado, ya que conlleva la pérdida de la gracia de Dios, y la Iglesia establece que María, como veremos más tarde, es la llena de gracia. Referente al pecado leve, que no nos aleja de Dios, la Virgen María tampoco los cometió, ya que como también define la Iglesia, no se observa a María la más leve falta ni imperfección.

            La Virgen María, por especial privilegio de Dios, fue inmune toda su vida de cualquier pecado venial”, verdad que establece el Concilio de Trento y que la Iglesia celebra en unión de toda la cristiandad.

 

 

 LA INMACULADA CONCEPCION

 

Un año más, desde que en aquel maravilloso ocho de diciembre de 1854 en que el Papa Pío IX definiera infaliblemente como dogma de fe la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen María, la cristiandad entera, unida por un mismo amor a la Reina del Cielo, acude a postrarse a sus pies para entregarle esa flor tierna que, día a día, crece en el corazón  de sus hijos, y que no es otra que el de reconocerla, el de aclamarla, el de confesarla como Madre de pureza virginal, Madre Inmaculada. 

                          Sellada fuente de pureza, de gracia y de piedad, bendita cual ninguna, sin culpa original. 

            “La Bienaventurada Virgen María, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano " (DS 2803).El Dogma de la Inmaculada Concepción significa que por elección de amor de Dios, María, nuestra Madre, fue elegida para ser Madre del Salvador, como única excepción en la humanidad. De entre todas las criaturas no ha existido ni existirá otra que goce de este privilegio como el que nuestro Padre Dios ha concedido a la Siempre Virgen María, en la que ni la más mínima mancha de pecado contaminó su alma, hasta el punto que repetimos con los santos padres que  "María es hija de Adán y Eva aún inocentes”. 

            “Toda hermosa eres María, no hay en ti mancha de pecado original ", le decimos a la Virgen María con orgullo, porque en efecto, a este comienzo inmaculado le ha seguido toda una vida de entrega a Dios, hasta el punto que los ojos de Dios jamás encontraron en tan Soberana Madre ni la más leve mancha de pecado: ni de obra, ni de palabra, ni de pensamiento y ni de omisión.

             Y así, al ¡ Hágase ! de María ante el anuncio del Arcángel San Gabriel, con el que  comienza la Historia de la Salvación del género humano y del cual la Virgen María ha escrito esta primera página con letras del más fino y puro oro, le sigue aquel otro ¡ Hágase ! ante las duras y proféticas palabras de Simeón : "y a tu misma alma le traspasará una espada " ( Lc 2,35 ), y aquel otro al pie de la Cruz cuando la Virgen María aceptándonos por hijos suyos, acepta la pesada carga que horas antes llevara Jesús sobre sus espaldas, la carga de esta humanidad ingrata; pero así todo nos acepta; te acepta a ti y me acepta a mí. " Mujer he ahí a tu hijo "(Jn 19,26). 

            Doce estrellas, doce privilegios forman la corona regia que ciñe la cabeza de la Reina del Cielo. La grandeza y el Señorío de la Virgen María son tan inmensos y tan grandes, que jamás nuestras palabras humanas llegarán a acertar definirla en su verdadera medida. Eso sí, son palabras humanas que nacen en el corazón amante de los hijos de María. 

            La Virgen María, la predilecta de Dios, Madre del Redentor y esposa del Espíritu Santo. Ella y solamente Ella fue exaltada sobre todos los coros de ángeles que pueblan el cielo y la tierra. Ella y solamente Ella fue coronada como Reina de la Creación entera por la Trinidad Beatísima. Y esa corona porta doce privilegios, con los que el Creador quiso dotar a María, a quien El había elegido desde la eternidad para no sólo ser la Madre de Jesucristo, su Hijo, sino también a quien sería la Madre de todo el género humano, y llamada por tanto a una misión Corredentora junto a su Hijo. 

            " Así como Cristo es Rey del Universo, no sólo por ser Hijo de Dios, sino también por ser Redentor nuestro; así , con cierta analogía, se puede igualmente afirmar que la Bienaventurada Virgen María es Reina, no sólo por ser Madre de Dios, sino también porque, como nueva Eva, fue asociada al nuevo Adán (en la Redención )."  Son palabras del Papa Pío XII (Ad  Coello Regina ,11.10.54). 

            Veamos algunas de estas estrellas que relucen con luminosidad clara y pura sobre la corona de tan Celestial Princesa, como la denominamos en esa oración de alabanza y amor a María que es la Salve.

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