EL CAMINO DE EMAUS
10 Junio 2014
No se oye ningún ruido, a pesar que, como gota a gota, entra la gente, mañana y tarde en los Templos. Unos a visitar al Señor, que nos espera en el Sagrario; otros a los pies de nuestra Madre y al santo o santa preferido a pedir gracias.
Cuando estas ante el sagrario, parece todo olvidarse. Estas entregado al Señor y sólo a Él. Parece repetirse aquella escena del Monte Tabor, cuando la Transfiguración. Estaban con Jesús, Pedro, Juan y Santiago, cuando le dijo Pedro ¡Señor, que bien se está aquí! Tal vez, el Señor les permitió robar un poco lo que es la Gloria. Estaban admirados del sentimiento de Paz y Gozo que sentían. Nunca antes habían sentido aquello, hasta el punto que querían hacer tres tiendas, para quedarse.
Que bien se está aquí Señor, delante del sagrario, con los sentidos puestos en Él, alejados del ruido mundano. Aquí el silencio y la Paz te envuelven. Puede que muchas veces hayamos estado sin decir ni palabra, porque no sabíamos que decir, ni que pedir. Dios sabe que necesitamos, aunque le agrada que le contemos, que le digamos, que le contemos.
Cuantas veces mis visitas, puedo pensar, de nada han servido. ¿Porque no van a servir? ¿Por qué nada sabía que decir? ¿Por qué repetía siempre lo mismo? ¿Por qué estaba seco, árido, como la tierra que no recibe agua? ¿Pedregoso como la tierra inservible? Seguro que el Señor valora más mi presencia que el estado en el que me encontraba. ¡Fui a verle!
Decía Monseñor González: ¡Esta tan solo! Y sigue esperándonos. Como se le debe alegrar el corazón cuando ve que nos acercamos y sobre todo si hace tiempo que no lo hacemos. Nos recibe con una sonrisa, no nos dirá nunca: ¡Ya era hora que vinieras, llevo años esperándote ¡Jamas un reproche. Nos esperaba. A todos nos escucha.
Sin miedo ACERCATE.
A la Sagrario Cerradv los ojos, los oídos, la memoria, la imaginación y el pensamieto para todo lo de fuera. ¡A estar con Dios, sólo ¡”