Overblog Todos los blogs Blogs principales Religión y Creencias
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

Publicidad

PERDONA NUESTRAS DEUDAS

Cuando rezamos el Padre Nuestro a más de uno se nos ha atragantado cuando hemos llegado a: “como nosotros perdonamos a nuestros deudores.” A mi sí, siempre se me ha bajado la voz, como si me pareciera que de esta forma Dios no me oye recitarla. Y no es porque no pida perdón o no perdone; sino porque algunas veces me cuesta hacerlo al instante, o porque según el caso se me queda grabada la acción.

Antes, cuando rezaba el Padre Nuestros, lo hacía de carrerilla, hasta que adquirí conciencia que esa no era la forma y pasé a hacerlo despacio, fijándome en lo que decía. Fue entonces cuando me di cuenta de muchas cosas de las que decía. Es una oración muy importante, cada frase nos lleva a pedir a Padre Dios cosas importantes y a reconocerle como Padre. El Señor no dejó una oración cualquiera, sino una oración de que podemos decir al Padre y que debemos pedir.

Desde que aprendí la realidad del Padre Nuestro he entendido la seriedad del contenido de esta oración. Desde ese momento, siempre me he parado en ese versículo. ¿Perdono realmente? Y aquí me trabo. Como decía antes, pego un frenazo. Realmente termino perdonando o término pidiendo perdón; pero algunas veces queda enquistado el olvido, por lo que es un perdón a medias, un perdón que se queda cojo. ¿Cómo puedo pedir perdón a Dios en esas circunstancias?

Esta parte del Padre Nuestro nos lleva directos a la virtud de la humildad cuando de corazón pedimos perdón por la ofensa causada. Uno se queda ágil y contento; libre de un peso que doblaba el alma; sabiendo además que con ese paso Dios está contento. Junto al perdón aparece el olvido, que se queda convertido en virtud agradable a los ojos de Dios. Y uno se queda más contento. He perdonado y he olvidado.

Cuando pido perdón es como si diera un hachazo a la soberbia, pecado capital, causa de otros pecados. Pecado capital contra el que hemos de luchar casi toda la vida, pues es difícil desprenderse de él; viene desde nuestros primeros padres, Adán y Eva; y seguirá atacando hasta el fin de los tiempos. Nos ciega, nos enfrenta… es por así decirlo, nuestro peor enemigo.

El Señor en el Sermón de la Montaña nos pide: “Sed perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto”. No nos pide la perfección total, ya que esa perfección la alcanzamos en el Cielo, pero si nos pide esa perfección que es la de hacer, en esta vida, actos buenos que podamos ofrecer a Padre Dios. La vida del cristiano es una lucha constante cada día; es una  pelea en una guerra sin cuartel contra el pecado.

Si no perdono, no puedo atreverme a pedir al Señor que me perdone. Cuesta pedir perdón, según el caso. Cuando por medio del Sacramento de la Penitencia, Dios me perdona cuando el sacerdote me dice “Ego te absolvo…”. Cuando me acerco a este sacramento, lo hago con la intención cierta de no volver a pecar; pero como es difícil, mi intención es luchar para no caer. Este sacramento es importantísimo, al que debemos acercarnos cada vez que lo necesitemos, Dios sabe que somos flojos. Por ello ahí nos espera.

Tengamos en cuenta todo lo que decimos en la Oración del Padre Nuestro. Nosotros, al igual que los Discípulos, le pedimos al Señor que nos enseñe a orar, a ponernos en sus manos, a saber pedir y también a saber darle. Que el Señor guie nuestros pasos, nuestras oraciones para que durante nuestra vida podamos dar a nuestro Padre Dios lo mejor de nuestra cosecha

 

 

 

Publicidad
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post