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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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CORPUS CHRISTI

 

Hoy celebramos uno de los días más grandes de nuestra Fe. Las alfombras, realizadas por los jóvenes de las parroquias, tejidas con sal mezcladas de colorantes y pétalos, donde se pone todo el corazón, para el paso del Santísimo. Verdaderas obras de arte, para que pase el Señor. Rememoramos la última cena.

¡El Señor se queda con nosotros! ¡No nos abandona!. Se queda para que no nos sintamos solos. Para acompañarnos en nuestro camino de Emaús. Sabe de nuestros miedos, de nuestras penas, sabe que somos barro quebradizo, fácil de romper. Por eso se queda a nuestro lado, en todos los sagrarios del mundo. Allí podemos ir a verle, a hablarle, a pedirle no sé cuántas cosas, a contarle nuestras penas y nuestras alegrías, nuestros fracasos y nuestros éxitos, a pedirle por nuestros familiares, por nuestros amigos incluso por aquel que nos tiene por enemigos sin tenerlo nosotros como tal… mil cosas. El en el silencio del Templo nos escucha, pacientemente y con alegría. Le gustan nuestras visitas, le gusta que acudamos, aunque sea para decirle ¡Hola Señor!. Sabe que siempre andamos con prisas, por eso nos agradece aunque sea un Hola Señor.

“Yo soy el pan de la vida” les dice a los Discípulos y en ellos a nosotros. Cada día o cada domingo, en la Eucaristía recibimos a Jesús, realmente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, al Mismo Jesús que pasó haciendo el bien, curando, sanando, enseñándonos a cumplir los Mandamientos, hablándonos del Padre. ¡Que Jesús, ya no está tras la losa del Calvario! ¡Que resucitó! ¡Entérate! Que resucitó para que tú y yo resucitemos también, que ganó el Cielo para ti y para mí.

¡Tomad y comed todos de Él!. Nos dice Jesús. Nos invita a comer de Él, de su verdadero Cuerpo. Nos invita a adentrar en nuestra alma a Jesús Resucitado. A través de la Comunión, el Señor pasa a nuestra alma haciéndola fuerte contra los embates del pecado. Sabremos defendernos de las tentaciones, de los ofrecimientos del mundo…

“Jesús no sólo se quedaría entre los suyos, sino que también se quedaría “en” los suyos”. Escribe Martín Descalzo. Se queda en el Sagrario, pero también se queda en nosotros por medio de la Sagrada Comunión. Por la sagrada Comunión, nos convertimos en verdaderos sagrarios que transportamos a Jesús. Por ello después de comulgar, nos arrodillamos o nos sentamos en el banco del Templo y oramos un poco para darle gracias a Jesús, por habernos permitido recibirle, de llevarle en nosotros.

Ya hemos dicho otras veces que el cristiano debe no perder de vista la Oración, la Eucaristía y la Penitencia, como base de su vida. Es el hombre “sensato que edificó su casa sobre roca” que dice el Señor. Por el contrario, si perdemos esa base, estaremos edificando la casa sobre arena, con el riesgo que ello lleva.

No pierdas esta oportunidad que te da El Señor, de recibirle, de llevarle en ti. Fíjate, los discípulos lo tuvieron a mano; nosotros podemos llevarlo todos los días dentro nuestro. Y podemos recibirlo hasta dos veces en el día, según permiso concedido por el Papa Juan Pablo II. ¿Por qué lo hizo?. Para decirnos la importancia que tiene la Comunión para la vida del cristiano. Es por así decirlo, vital; como la necesidad de beber. Si dejamos de comulgar, iremos perdiendo facultades espirituales, viviremos de las reservas espirituales, hasta que estas se agotan.

Aunque en algunas Capitales esta Fiesta cristiana se ha trasladado de fecha, el día del Corpus es el jueves. Aquí se celebra el sábado con toda solemnidad en Santa Cruz y el domingo en la Laguna.
Celebremos este día como corresponde, con cariño y agradecimiento al Señor porque no nos ha dejado solos. Se ha quedado con nosotros hasta el fin de los Tiempos.

 

 

 

 

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