LA PRESENTACION

Publicado en por antonio tapia

 

22 Y cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlos al Señor, 23 como está mandado en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor; 24 y para presentar como ofrenda un par de tórtolas o dos pichones, según lo mandado en la Ley del Señor. (Lc 2, 22-24).

 

" Y la colmó de la abundancia de todas las celestiales gracias, sacadas del tesoro de la divinidad, muy por encima de  todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios” Son palabras del Papa Pío IX en el dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María

 

¿ Cómo es posible, podemos preguntarnos qué María habiendo sido reconocida como Inmaculada, es decir, libre de todo pecado, después de cantar sus bienaventuranzas, después de rezar en la Oración sabatina cada uno de los privilegios con que Dios la coronó, se nos habla en este pasaje de San Lucas acerca de la Purificación de nuestra Madre?. Según la Ley de Moisés, las mujeres que habían dado a luz debían purificarse, María debe igualmente cumplir con la Ley. Jesús que es verdadero Dios y verdadero hombre lo hace, para darnos ejemplo de lo que debemos hacer. No por el hecho de ser cristianos estamos exentos del cumplimiento de las leyes, hemos de cumplirlas, salvo que las leyes nos  llevaran a incumplir alguno de los preceptos de la Ley de Dios o nos pusieran en trance de incumplirlos. Y hoy hay muchos profesionales, en alguna ley descrita por el estado, ante la que se declaran objetores porque les ponen en ese trance, tal cual es la ley por la que se puede administrar la píldora del día después a menores sin permiso de los padres, por ejemplo.

 

Leemos en el Levítico, la Ley referente a la mujer que había dado a luz:

 

Yavéh habló a Moisés para decirle: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando una mujer conciba y tenga un hijo, quedará impura durante siete días, igual que en el tiempo de sus reglas. El niño será circuncidado en su carne al octavo día, pero ella esperará treinta y tres días para ser purificada de su sangre. No tocará ninguna cosa santa, ni entrará en el santuario, hasta que se cumplan los días de su purificación.

 

Si dio a luz una niña, estará impura dos emanas, y lo mismo será doble el tiempo de su purificación: esperará sesenta y seis días la purificación de su sangre. Al cumplirse los días de su purificación, sea  por niño o niña, presentará, al sacerdote, a la entrada de la Tienda de las Citas, un cordero de un año como holocausto, y un pichón o una tórtola como sacrificio por el pecado. El sacerdote lo ofrecerá ante Yavéh haciendo expiación por ella, y quedará purificada del flujo de su sangre. Esta es la Ley referente a la mujer que da a luz a un niño  o a una niña.

 

Si la mujer no puede ofrecer una res menor, ofrecerá dos tórtolas o dos pichones, uno como holocausto y otro como sacrificio por el pecado; el sacerdote hará expiación  por ella y quedará pura” ( Lev. 12, 1-8)

 

A lo largo de los evangelios vemos como el Señor nos enseña a cumplir la Ley: el Bautismo, el Tributo, la oración en las sinagogas, la circuncisión y el hecho que nos narra San Lucas. ¿Debían cumplir con estos ritos? ¿Si María era pura, porque debía pasar por este rito?... una de las virtudes más agradables a los ojos de Dios es la humildad, y el Señor desde la cuna nos enseña a ser humildes y de ello nos da ejemplo y lecciones; María también: Sabedora de que va a ser  la Madre del Hijo de Dios sigue humilde, sigue siendo la misma esclava del Señor como lo era antes de la Anunciación; no mira en su estado y recorre un  largo camino para visitar a su prima Isabel, bendecida  también por Dios; portando en su seno al mayor Tesoro del mundo, siendo Reina consorte, al ser la Madre del rey del Universo,  no se queja cuando debe dar a luz al Niño en una cueva donde guarecían animales de carga. Y ahora, viene la purificación. Y María cumple con la Ley, como lo habían hecho tantísimas mujeres que, como ella, habían dado a luz. Eso no desmerece para nada su realeza, ni si dignidad ni los especialísimos privilegios con que fue bendecida desde la eternidad por el mismo Dios. Y continuamos diciéndola: " Toda hermosa eres María, no hay en ti mancha de pecado original, con todo el sano orgullo de nuestro corazón.

 

El doctor Rodríguez Vilar nos describe este pasaje: “Así mandaba la Ley que las madres estuvieran recogidas cuarenta días en sus casas antes de su purificación legal... ¡Con que gusto cumpliría la Santísima Virgen esta parte de la Ley! ¡Que amor el suyo al recogimiento y a la oración, pero sobre todo, ahora, que tenía consigo a su Hijo”.  La Virgen María nos da una lección no solo de humildad, sino también de obediencia. A pesar de ser la Reina de la Creación, por ser Madre del Rey de la creación, y como será coronada después de su Ascensión a los Cielos por la misma Trinidad Beatísima, la Virgen María no se siente más que nadie y no se siente exenta del cumplimiento de la Ley que regía al pueblo judío y acude como las demás mujeres.

 

La madre debía purificarse como decía la Ley y el primogénito debía ser consagrado a Dios. Podemos leer este mandato del Señor en el libro del Éxodo: “Yavéh dijo a Moisés: Conságrame todo primogénito. Todos los primogénitos de los hijos de Israel son míos, tanto de hombre como de animales” (Ex. 13, 1).

 

“ María Santísima , siempre virgen, de hecho no estaba comprendida en estos preceptos de la ley, porque ni había concebido por obra de varón, ni Cristo al nacer rompió la integridad virginal de su Madre. Sin embargo Santa María quiso someterse a la Ley, aunque no estaba obligada”.

 

“Si la mujer no puede ofrecer una res menor, ofrecerá dos tórtolas o dos pichones, uno como holocausto y otro como sacrificio por el pecado; el sacerdote hará expiación  por ella y quedará pura” La humildad de la Sagrada Familia alcanza también a su economía, por tanto en lugar de una res menor solo podrán ofrecer un par de tórtolas o dos pichones, que nos dice San Lucas. Pero no debemos quedarnos  solo en la virtud de la humildad en este pasaje, sino que nos están enseñando que a los ojos de Dios es grato ofrecerle aquello de que disponemos, por poco valor que consideremos que tiene. A los ojos de Dios, lo que a nosotros es pequeño o de poco valor, para Dios puede tener un valor incalculable; por otra parte, el trabajo de José les daría para vivir al día y no podían permitirse la compra de una res menor, como requería la Ley, si bien esta Ley ofrecía una opción, la de los dos pichones o dos tórtolas.

 

 

 

 

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