EL CAMINO DE EMAUS
6 Febrero 2010
El discurso de Martín King I Have a Dream, Tengo un Sueño, lo podemos aplicar a muchos momentos de nuestra vida. Vemos que el mundo vive abocado a muchas esperanzas, a muchos sueños, a muchas promesas que nunca o pocas veces llegarán a cumplirse. Seguimos buscando el añorado mundo mejor por un camino inviable; seguimos esperando la justicia social que tanto se nos ha venido prometiendo por líderes de este o aquel color; seguimos esperando que se cumplan las promesas que tanto nos hace... en fin, promesas, promesas y más promesas. Y así día tras día se viene a mi memoria aquel "Toda vía sueño, hoy con que..." del doctor Martin Lutero King, con la particularidad que si se cumplió, que aunque él no pudo vivirla si transmitió su esperanza a otros que como él “todavía sueño hoy con que…”
Y es que la mirada se ha quedado aquí, a ras de tierra; en la superficie, en la letra. Y así, seguimos esperando, aburridos, agotados de tanto esperar, desencantados de tanto soñar, desesperanzados de tanto incumplimiento, de ver que no llega aquello con lo que habíamos soñado...igualmente, buscamos la alegría que no nos llena, las diversiones que nos hastían…
Pero ¿por qué no alzamos la mirada un poco más arriba? ¿Por qué nos sentamos en alas de la fe, en la ladera de aquel Monte de las Bienaventuranzas? ¿ por qué no buscamos la soledad de aquel sagrario y nos dejamos empapar por el baño de amor del Señor? ¿Porqué, por una vez dejamos de oír a tanto político, a tanto hablador y ponemos el oído en Aquel que nos sigue hablando pacientemente desde lo alto de la aquella esperanzadora Montaña? ¿Por qué no dejamos de escucharnos a nosotros mismos? Tenemos que reconocernos en el paralitico de Cafarnaún, que es como reconocer nuestra debilidad y reconocernos pecadores, para comenzar a andar.
Jesús no me habla de sueños futuros, ni me ofrece un sueño hoy. Al contrario, me habla de realidades y me ofrece realidades, y me va a dar, si yo lo deseo, esas realidades. Que Él murió por alcanzarnos una REALIDAD, la eternidad del cielo en la Gloria de Dios. Y no me las va a dar ni mañana ni en la próxima legislatura como los políticos. Sino ahora, ya. El Señor tiene prisa en que tú y yo nos salvemos. El Señor tiene prisa de que nuestra alma salga del tenebroso mundo de las tinieblas, del pecado, de la noche oscura para que vuelva a la luz, al Padre. Lo que me ofrece el Señor no es un sueño, es una realidad
Y María, que permanece a su lado, como Corredentora nos repite "Haced lo que el os diga", al igual que a los siervos en las Bodas de Canaán. ¿Qué cosas buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna? Como el joven rico decimos a María. Sé manso y humilde,... Sé limpio de corazón,... Sé pobre de espíritu,... ten hambre y sed de santidad,... Sé misericordioso,... Sé pacifico,... Sigue en Mí aunque te persigan... Nos dice Jesús. Ama a Dios con todo tu Corazón, Ama a tu prójimo... Nos sigue hablando. Pero también nos ofrece. Nos ofrece su ayuda a través de los Sacramentos, a través de la oración, a través de las palabras del sacerdote, del catequista, del amigo... Y para ejemplo nos ofreció su propia vida y además nos ofrece toda una eternidad, de la que ya muchos están gozando en el Cielo.
El espera mi respuesta. No un voto. No un sueño. No una palabra débil que el viento se lleva. Espera mi respuesta firme. Y mi respuesta no es otra que mi opción por Jesús. Pero el Señor que sabe lo flaco que soy, la debilidad de mi fe, sabiendo que soy barro reseco y quebradizo, acompaña su Palabra con hechos: devuelve la vista a los ciegos, resucita a los muertos, andan los cojos, libera a los oprimidos.
¿Qué opción tomamos? Miramos la vida, la que corre a nuestro alrededor. Miramos a Jesús, su vida, sus hechos, sus palabras, su paso haciendo el bien. Tornando la luz y la alegría, como anticipo de lo que será el mañana. Y me pregunto ¿Acepto su proyecto de vida? ¿Dónde está el sentido de mi vida del lado del mundo? ¿Del lado de Dios? ¿Estoy convencido de que Jesús me salva? ¿De qué solo El me puede hacer totalmente feliz?
Busquemos la respuesta, nuestra respuesta en la oración. Cerca del Señor. En la soledad, en la capilla cerca del sagrario o junto a nuestra familia. En el silencio, donde mejor se escucha su voz suave, paternal, dichosa, amante, cariñosa. Donde tú quieras, pero El nos espera.