EL CAMINO DE EMAUS
14 Diciembre 2013
Muchas cosas han cambiado a raíz del Concilio Vaticano II. Creo, no se si me pasaré un poco, aquí podríamos aplicar aquel refrán que dice más o menos: ”les das la mano y te toman hasta el codo”. Pero ciertamente muchas cosas han cambiado desde entonces entre sacerdotes, religiosas, laicos practicantes, para mezclarse entre los ateos, los no practicantes vendidos a ideologías contrarias al cristianismo.
Se acuerdan de los “curas obreros”, ticnados de ideologías izquierdistas, que para evitar las críticas de los obreros pertenecientes a los grupos de izquierdas de su Parroquias, se ponían a trabajar como “curas obreros”, tomaban sus expresiones y terminaban contaminados y hasta terminaban levantando el puño o criticando las decisiones del Papa de turno. Como ejemplo, el párroco donde estuve varios años dando catequesis, de una de las parroquias, en unas de las elecciones, se presentó en último lugar por un grupo simpatizante del MPAIAC, grupo terrorista que en su haber tiene sus manos teñidas en la sangre de varios policías. Eso si, reconozco la valentía de ir a comunicárselo al obispo, quien le dijo que “esa era su responsabilidad”.
Nunca me convencieron las justificaciones que daban: desde nuestro puesto llevamos a cabo nuestro apostolado . Dudo mucho que esa sea una forma de hacer apostlado. Cuantos han apoyado a ETA y los terroristas, al menos la mayor parte, siguen sin arrepentirse. La labor que han hecho, ha sido inversa. Se han llevado a su terreno y no precisamente al de Dios.
Recuerdo que antes les tratábamos de Hermano Francisco, Don Felipe, Sor Catalina… ahora Felipe, Catalina… y las consecuencias posteriores que esto ha traído. Todo debido a una anómala interpretación del Espíritu de Concilio: por ignorancia, por falta de preparación, incluso me atrevería a decir por mal espíritu.
Hasta hace unos años se criticaba al sacerdote que llevaba clerygman, después al que íba en vaqueros… creo que lo importante, salvo que vaya DANDO EL CANTE, no es la vestimenta, sino el saber llevar a Dios a las almas. Pueden sentarse en una cafetería, comer en un restaurante, siempre que no se rompa el voto de pobreza al que están llamados, al ponerse a servicio del Señor.
Se puede ser moderno, de hecho la Iglesia debe de modernizarse en algunos aspectos, pero modernizarse no significa cambiar lo que algunos pretenden o entiendes; es decir, todo lo que afecta a la Le Natural o Ley Divin, donada por Dios para regir nuestra vida. Los vaqueros o las faldas son aspectos secundarios, pero creo que deberían respetarse las normas de la orden o bien, las sotanas o clrygman son como esconderse entre el mundo..
De todas formas lo que hace al hombre, a la persona es su interior. Podnemos utilizar los mejores trajes, pero si el interior está podrido de nada valen los lujos, ¿.De que le valió a Epulon? Y eso es un solo ejemplo que nos deja el Señor.
El ejemplo, el comportamiento, la educación, tenderle la mano al prójimo… son las mejores que podemos vestir, porque se ven, se notan y se siente. El Señor, siendo Dios y hombre verdadero no iba cubierto de riqezas, ni sus ropajes eras las típicas de los reyes, ni las de los doctores de la Ley, ni las de los principes. Eran vestiduras normales, las de los hombres de aquel tiempo, pero transmitía con su cariño lo que había venido a traer al corazón del hombre; tampoco se mezclaba para no ser perseguido. Hablaba con la verdad, unos se asentían atraídos otros, ofendidos, porque muchas veces la verdad duele. No quiero decir que Jesus viniera a ofender, sino a traernos la verdad y la libertad. Que Dios nos ayude a encontrar el camino el camino a los que hayamos errado y a seguir santificándonos a quienes no lo hayan perdido,