EL CAMINO DE EMAUS
13 Diciembre 2013
He conocido tres Lázaros. Dos del Unevo Testamento y otro personalmente. Lázaro, Jefe de la Policia Local; hombre creyente, de Misa dominical y comunión sacramental, cuyada vida fue arrancada por ETA poco después de salir de Misa, en la que había recibido a Cristo por última vez aquí, luego fue Cristo quien le recibió a él, en la seguridad de recibirlo con los brazos abiertos y llevarlo a presencia del Padre eterno.
El otro Lázaro, el de la Parábola, que tras su muerto su alma fue al Hades, el lugar donde iban las almas en espera a que Cristo inaugurara la Casa del Padre. Y Lázaro, el hermano de Marta y María, ¡ si aquella mujer que gastó cuanto tenia para comprar los mejores perfumes para ungir la cabeza del Señor!.
Es de saber que todos los que habían muerto hasta la triunfante Resureccion del Señor y habían cumplido con sus mandatos del Señor, estarían esperando su resurrección en un lugar preparado por Dios que se denominaba el Hades también el Seno de Habrahán. No era el lugar de la plena perfección, pués esta solo se recibe en el lugar Santo que la Iglesia denomina Gloria o Cielo. ¿Sería el Cielo o el Hades, el lugar en donde los discípulos, cuando la Transfiguracion, saborearon aquella enorme felicidad, hasta el punto de que uno de ellos dijo: ¡Que bien se está aquí, Señor!. También se le llama “ los infiernos”, que nada tiene que ver con el infierno, donde las almas penarán su castigo. Cuando rezamos el credo, decimos “ y descendió a los infiernos”, hace referencia al lugar donde Cristo bajo a animar a las que pronto pasarían para toda la eternidad a la Gloria de Dios. Que sintieron los tres Lázaros.
Mi amigo Lázaro una segura inmensa alegría, primero por encontrarse a aquel a quien tanto amó en vida y después por encontrarse ante Padre Dios a quien tanto esperó. Lázaro, el hermano de Marta y María, que permaneció, cuatro días muerto, pasaría cuatro días en el llamado Hades. ¿Pero y después? ¿Qué sintió al volver a estar en el mundo. Nada dice el Evangelio. Es de suponer que llevaría una vida distinta, veria con otros ojos a los que cumplían o no con la Ley de Dios. Es posible que hablara de la necesidad de cambiar de vida a los que se habían torcido del camino. Es posible que sin hablarles donde había estado tratara de dar ejemplo con su vida. Nada se dice de que llevara acabo lo que hoy llamamos labor catequética; nada se nos dice de cual era su vida antes, pero es de suponer que sería distinta a la que había llevado hasta antes de morir. Tres Lázaros que son un ejemplo para nosotros, de que sabemos que después de esta vida nos espera otra mejor.