EL CAMINO DE EMAUS
19 Febrero 2014
No pensemos que si somos cristianos somos masque los que no lo son todos. A los ojos de Dios, todos somos iguales: sus hijos. Y por ello, cuando decimos “no somos nada”, sobre tod decimos esta frase con motivo de alguna desgracia irreparable, de alguna enfermedad grave, estamos errando en esa apreciación, estamos faltando a la verdad. Somos mucho, y tal vez los pecadores, estamos faltando mas que otros, pues a pesar de todo Dios Padre nos sigue considerando hijos suyos. Ante Dios y ante los hombres todos somos mucho y mucho mas de lo que merecemos: hijos de Dios y por ello no somos unos mas que otros. Esto nada tiene que ver con la igualdad o desigualdad existente en nuestra sociedad, donde siempre debe existir una jerarquía; la clase dirigente y la clase dirigida; donde no puede ser igual un alcalde que un concejal, un ingeniero que un operario, un farmacéutico que un mancebo, un general que un sargento.
Aquí entra la interpretación de la maliciosa lucha de clases con que se envenenó, a una parte de la sociedad, con las teorías marxistas. Iria un poco mas allá ¿No es lo mismo el voto de un profesional de la política que el mio?. Pues diría que no, el por su preparación, creo que puede ver con más claridad lo que la sociedad necesita. Puede que yo esté equivocado. Es solo un ejemplo comparativo.
La única diferencia entre un creyente practicante y un no creyente, es que el primero ha sido llamado por Dios para extender su Palabra, sus Mandamientos y el que todos son por igual hijos suyos. Se podrá decir ¿Por qué ha creado a unos creyentes y a otro no? ¿Por qué permite el hambre? ¿Por qué permite las guerras?. Dios no ha creado a unos creyentes y a otros no. La Palabra, es Jesús que comenzó su vida publica por Galilea, Samaria,… y preparó a los Apóstoles para que luego fueran ellos los que expandieran la Buena Nueva a todos los pueblos, de la misma forma estamos llamados a ser creadores de Paz, a llevar la Paz allí donde no la hay… ¿Para que sino estamos nosotros?. Si Dios nos ha llamado, no es para estar occiosos, llevar la marca imborrable del bautismo o del sacramento de la confirmación que nos convierte en soldados y apóstoles de Cristo. Nos ha llamado para suceder a los Apostoles y trabajar como ellos.
No somos mas que otros. Somos como todos, con la única particularidad de dar testimonio de Cristo ante el mundo. Por esto nuestra obligación es una lucha constante contra el pecado, pero Dios nos vuelve a acoger si en algún momento torcemos el camino, como lo hará igualmente no le conocen pero le buscan y con aquellos que no le conocen, pero nunca han oído hablar de El. Nuestra lucha debe ser constante apoyada en la oración (contacto directo con nuestro Padre) y los sacramentos (Eucaristía y Penitencia). Nuestro trabajo debe ser una lucha por nosotros y por los demás. Sería tremendo que pensaramos que por nuestra culpa, como cristianos, otros murieran a la Fe y a Dios, por nuestra culpa. ¿Cómo nos sentiriámos?. Si yo apagara la luz de Dios en otros? ¿Si yo desalara la sal que habría de dar a otros?. Nos lo dice San Pablo: “somos embajadores en nombre de Cristo”… “El me llamó desde la eternidad, para trabajar a su lado de forma que todos fueran salvos… os rogamos en nombre de Cristo reconciliaros con Dios”.
Por ello trabajemos y luchemos contra el pecado de forma de no dañar a la Iglesia fundada por Cristo para acoger en su seno a toda la humanidad.