EL CAMINO DE EMAUS
6 Junio 2011
Ya se han dado varios casos de abandono de menores; espero que este tipo de hechos no se multiplique como está ocurriendo con el mal trato a las mujeres o el asesinato de estas a manos de sus ex parejas o de sus maridos. ABC publicaba el último suceso de abandono de menores por parte de la madre, separada de su marido que además estaba en búsqueda y captura.
Tres menores de 4, 2 y 8 meses fueron abandonados por la madre por irse ésta de fiesta. Dos de los menores se encontraban en el balcón de la casa, quizás en espera de llegada de la madre; ¿Cuánto tiempo llevaban? La nota de prensa no dice nada al respecto; pero si se encontraron solos es de imaginar que llevaran mucho. Solos, a su aire, a su suerte, indefensos, dos menores, imagino el miedo que debieron pasar. Pero eran tres ¿y el otro? El bebé yacía caído en el suelo, que según su hermano se había caído de la cuna. El aviso lo dio una vecina que a primeras horas de la mañana los vio en el balcón a los dos mayores.
Alguno se preguntará ¿para eso tuvo tres hijos? ¿No sería mejor que hubiera…?. En hechos como este de Bilbao, se apoyan los partidarios del aborto y que con fineza denominan “paternidad responsable”; es decir, no me privo del sexo, pero como traerlos al mundo es muy caro y van a sufrir, si quedo embarazada aborto. Y ya resuelta la solución al problema. Creo que ni los animales actúan con sus crías, como el descaro con el que actúan algunas madres y padres, que ciertamente deberían ser desprovistos de ese título. Pero desgraciadamente la Ley ampara el aborto; cierto que castiga el abandono, “Si el abandono se realiza por los padres, tutoreso guardadores legales, se impondrá la pena de prisión de 18 meses a 3 años y si aquel hubiese puesto en peligro la vida, salud, integridad física o libertad sexual del menor de edad o del incapaz, se aplicará la pena de prisión de 2 a 4 años”. Amén de la pérdida de la Patria Potestad. Pero esto no consuela, ya que la figura de este delito no debería de existir en pleno siglo XXI. Pero desaprensivos hay y habrá siempre. Y no consuela porque los niños y niñas son destinados a Casas de Acogida, donde es cierto que reciben el calor y el cariño de los responsables, pero les falta lo esencial la figura paternal que es insustituible. Y si no llegan a la adopción, ¿Qué será de ellos? Se verán abocados a vivir sin el calor paternal.
El abandono de menores es otro tipo de violencia que se ejerce sobre ellos tan grave como la violencia de género. Cuando con el grupo de Jóvenes, visitábamos la Casa Cuna, departíamos durante unas horas con niños y niñas y jóvenes que se encontraban allí acogidos. Magníficos y a la vez sencillos, dolía en el corazón y en la conciencia verlos separados de los “padres” por motivos diversos. Eran personas que con gusto uno daría la vida por ellos. No se merecían esa vida a la que sus propios “padres” les habían empujado.
Da rabia (perdón por la expresión) ver como cada verano nos cargan con el anuncio del abandono de animales, ¿y sobre el abandono de menores que? Seamos serios. Está mal el abandono de animales; pero creo que más grave es el abandono de menores o derivarlos a la mendicidad o en el peor de los casos atentar contra su libertad sexual.
Decía la madre Teresa que los niños son la mejor expresión de que Dios sigue amando al mundo. No hay dinero en el mundo que pueda pagar la sonrisa de un pequeño, el verlo ilusionado, con ganas de vivir. Pero conmueve verlos con los ojos vacíos de ilusión. En algunos países abandonados en la calle, expuestos como en Brasil a los sanguinarios escuadrones de la muerte; en otros llevados a la esclavitud sexual donde depravados apagan sus apetitos sexuales. “Quien escandalice a uno de estos pequeños más le valiera le atasen una piedra de molino al cuello…”.
Estamos navegando en una sociedad que está perdiendo los valores, privando lo material. Y mientras en la persona no haya freno espiritual, seguiremos viendo casos horrendos como estos. Y una parte de la juventud, la del botellón, sexo y drogas, no le auguro un futuro positivo, si antes no cambian. Permisividad o dejadez de los padres; pasotismo o despreocupación. Lo que sea, pero es un coctel explosivo en el que crecen jóvenes de hoy y que nunca serán el futuro de esta sociedad.