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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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MI AGRADECIMIENTO A LA FAMILIA UNELCO ENDESA

central

Dicen que es bien nacido, ser agradecido. Por ello no quiero que pase un solo momento más, sin mostrarles mi agradecimiento a mis Jefes y demás compañeros, con los que compartido penas y alegrías durante 31 años, durante 8 horas, en UNELCO ENDESA.

Citare a D Carlos Díaz, D Ramón Rodríguez, D José Manuel Curbelo, D Nicolás de Ganzo, D José Manuel  Martin Zarza, D Fernando Amaral, D Fernando Marcos… D Antonio Dorta, D Fernando Martínez, D Francisco Javier, Renata, D Ángel Alegre, Isabel, Mary Carmen…  Sindicatos y un muy largo etcétera. Recuerdo a los compañeros fallecidos, en estos años. Y También  a nuestro ex presidente D Ramón Pizarro, por la valentía en defender nuestra Casa, ENDESA. Y sin olvidar a D Antonio Castellano, Presidente que fue de Unelco y por despedirse de este trabajador, el día que se iba de nuestra empresa, quedé admirado oírle hablar de Dios. Gracias de corazón a todos. Igual con algunos me separa la ideología, pero nos une el compañerismo de pertenecer a la gran familia de ENDESA y será así “hasta que la muerte nos separe”, como se dice en el rito matrimonial. Gracias de todo corazón

Gracias a mis Jefes por la consideración que me han tenido y por aumentar mis expectativas de superación, por todos los cursos que puede realizar. Gracias por confiar en este trabajador, espero no haberles defraudado.

Gracias Ángel, por tu paciencia y caridad con este geniudo; personas como tu hacen grande  a esta sociedad y a este mundo; compañero durante casi diez años. Tuviste que lidiar con un toro de la ganadería miura por lo menos; gracias por tu amistad y por los consejos dados y como no, por tu apoyo en momentos difíciles.

Gracias por vuestras preocupaciones durante mi enfermedad, y sobre todo a D José Manuel Curbelo, que la ha seguido muy de cerca, cada viernes.  Fueron momentos emocionantes, que debo decir, sin vergüenza, que varias veces, saltaron lágrimas. Lagrimas que sirven para lavarse interiormente, para lavar el alma.

Cuando entre a trabajar hice dos promesas, una a mi querido padre y amigo, que me esforzaría en dejar bien alto el pabellón; otra a D Carlos Díaz, buen hombre y gran caballero, que me esforzaría al máximo en mi trabajo, rindiendo al cien por cien. Creo que nunca baje la guardia, salvo en los últimos meses, ya que el Parkinson me produjo una cierta apatía, en todo, dentro y fuera de la Central.  Ellos desde el Cielo juzgarán si cumplí.

La Central ha sido como una gran familia, y lo seguirá siendo; donde hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Siempre guardaré los primeros. Siempre la convivencia produce ambos, es inapelable. Los primeros quedan siempre escritos en el lama humano; los segundos, son superables.  Quedan ahí buenos jefes y buenos compañeros y siempre se aprende de lo bueno.

Gracias amigos, permítanme, esta licencia, por esta vez  de tutearles a todos. Siempre a vuestra disposición, queda mi mano extendida. Que Dios les bendiga a todos

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