EL CAMINO DE EMAUS
27 Mayo 2012
veces las cosas no salen como las planeamos. Y gracias a Dios, las que planificamos mal, no salen muchas veces. Le paso a un conocido mío, que no diré su nombre, pero si su historia, que ella y el final si merecen la pena. Y es que a lo largo de nuestro caminar por esta vida, los humanos, escribimos muchas páginas con los renglones torcidos, y en algunos casos, el Señor se encarga de enderezar nuestra caligrafía, dando un giro radical a aquello que teníamos pensado hacer. Y siempre la corrección sirve para trocar el corazón de la persona.
Estoy convencido, que historias como la que sigue, debe haber muchísimas, la pena es que somos pródigos en escribirlas, comentarlas, transmitirlas. Nos parecemos poco a los pastorcillos que fueron al portal de belén para ver lo que el Ángel les había anunciado. Después, ellos, salieron corriendo a transmitirlo. ¿Por qué nosotros no hacemos lo mismo?, sobre todo, si el final es edificante y moralizador. Lo bueno, lo que sirve para cambiar el corazón humano hay que transmitirlo. Estamos muy necesitados de estos pequeños grandes milagros que nos arrojen luz al camino.
Cierto que muchas veces somos como ladrillo refractario, como hormigón donde rebotan las buenas acciones de los que tenemos al lado. Porque estamos predispuestos a no oír y continuamos a seguir en el error. Y lo peor es que somos los primeros en chillar contra las injusticias, las guerras, el hambre… sentando en el banquillo de los acusados a Dios, ¿Por qué no acaba con las guerras…? culpable!, sin darnos cuenta, en nuestra ceguera, que nuestras malas acciones dan como consecuencia el mal que existe en el mundo. Todo mal tiene su origen en el pecado capital. ¿Las guerras no tienen su origen en el deseo anómalo del atacante? ¿El hambre no tiene su origen en la injusticia de los países ricos? ¿La injusticia no la tiene en la soberbia de otros?
Estamos dotados de libertad, o sea el derecho a elegir nuestro propio camino. El corrupto elige libremente el camino de poseer más, sabedor del camino y riesgo que ello conlleva, y sin embargo se deja seducir por el corruptor. Podemos elegir entre el bien y el mal libremente, pero somos conscientes de los riesgos.
Pues bien X, tomo una mañana una decisión, como solía hacer muy de vez en cuando. Abrió el periódico y se dirigió a “contactos”, la leyó, releyó y al final eligió el perfil más asequible a su idea. Llamo, contacto y quedó. “La voz ya no me pareció muy normalita, pero seguí adelante”. Cuando llego la hora señalada, con puntualidad inglesa llamaron a su puerta y abrió, el contacto está allí, ante su presencia: “nerviosa y habla entrecortada”, me dice que se quedó perplejo: “¡que he hecho!” “cuando abrí la puerta y vi a la joven que no aparentaba la edad que decía, me hizo pensar que aquello era un crimen”. La verdad que el relazo me hacía nudos en la garganta, no por ser impresionable, sino por ese otro mundo que existe. Mientras me lo contaba, prometo haberle visto saltar las lágrimas, un hombretón de 1,80 y fuerte. Se derrumbó. “Al verla, mi corazón se me trastoco, sentí como nauseas de mi” “cuando reaccione, le dije mira te pago lo convenido pero no hacemos nada, solo hablamos un poco”. Imagino la cara de la muchacha. Hablaron de su vida, del porque se había metido en esta vida tan peligrosa. Una florecilla de 5 meses, el estar separada de un marido en paro que apenas le pasa 100 euros y cuando puede, es el motivo.
Me detallo la historia de aquella niña hecha mujer antes de tiempo, por los avatares de la vida, llevado sobre sus espaldas a una pequeñina, separada… toda una tragedia, de las muchas que se viven hoy y de las que esta sociedad nada quiere saber. “aquella chiquitica me hizo pensar en toda mi vida pasada”. La piel se me ponía carne de gallina y alguna lágrima broto. Era impresionante.
Pero aquí no quedo la cosa, reconozco que en aquella humanidad de 1,80 se obro un prodigio aquella mañana, sin el darse cuenta del camino que iba a tomar la decisión de llamar a aquel teléfono, de la salvación que le llamo. Saulo caía descabalgado por enésima vez en la historia de la cristiandad. La emoción continua: “la prometí ayudarla, con una condición, que dejara la vida de la calle desde ese instante”. “le prometí cubrir gastos de la niña mensualmente, poniendo algo más de lo que le daba su ex marido”. “le prometí abrir una cuenta para cubrir sus necesidades”. Esta vez el torpedo me dio en la línea de flotación, termine llorando yo, no me avergüenzo de decirlo.
“¿Dios perdonara todos mis pecados?”. Todo un ingeniero, de sobrada inteligencia, con nota de fin de carrera, con años separado de la Iglesia, caía en su camino de Damasco. Claro que Dios te perdona y por tu rasgo también. Solo falta un paso, el sacramento. Tú le escuchaste aunque no oyeras su voz. Dios deja oír su voz, una voz sin palabras que solo los idos del alma pueden escuchar.
Son estos los milagros que ocurren a diario, ténganlo por seguro. El Señor sigue haciendo el bien. NO nos damos cuenta de ello porque vivimos muy de deprisa, para nosotros mismos o porque no somos muy dados a escuchar a los demás, a veces pensamos “¡suficiente tengo yo!”, con lo que silenciamos la conciencia.
Dios sabe cómo somos todos. Pero no quiere que nadie se le pierda, por ello sale a nuestro encuentro. Se sirve de cualquier instrumento para tocar nuestro corazón, para reblandecerlo y con infinita paciencia espera que le escuchemos. Dios perdona y olvida, solo queda un paso: el sacramento.
Me prometió presentar a aquella niña adulta, con sus veinte años ya cargados y a la pequeñina. Aquella joven que “alucinaba”, porque en su corta “carrera” había visto tanto y se habían aprovechado tanto que “pensaba ya no existía bondad en las personas”. Si existe bondad, algunas veces hay que raspar el alma para que salga. El hombre, al ser creado por Dios, tiene su rasgo de bondad, aunque aparentemente sea un felino; lo que pasa que algunos esa bondad la tienen tan en el fondo que para nosotros es imposible sacarla a flote.
La historia de esta niña mujer, es la historia de miles de mujeres que se han visto lanzadas a la calle por los avatares de la vida. Algunas caen en las garras de miserables depredadores, los chulos, raza que la Justicia debería extinguir de raíz. Para mí son dignas de compasión y ayuda,.las que por estado de necesidad se ven envueltas en este tipo de trabajos, que no son todas Lo más grave que hoy por hoy es objeto de burlas y humillaciones.
Cada vez que pienso en esta historia me estremezco de lo que ocurre ahí fuera cada día. Mientras yo duermo tranquilo, miles de mujeres sufren la calle, el abandono, la humillación y el mal trato. Y la sociedad prosigue como si nada
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