EL CAMINO DE EMAUS
16 Diciembre 2012
Después de haber escuchado la recomendación del al Reina del Cielo, va alegremente, seguro del resultado de su misión, mira sin cesar las flores que lleva en su manto y olía sus perfumes. Llegado a casa de monseñor, el obispo, se acerca a sus guardianes y criados rogándoles con insistencia que desea ser recibido por el obispo. Pero ninguno le presta atención. Era demasiado temprano. Ellos le reconocieron; no les causaba más que molestias. Tenían exceso de visitas. Por otra parte, sus compañeros les habían contado que los había despistado.
Tuvo paciencia un rato. Como estaban intrigados por saber que llevaba en el manto, se aproximaron a él amenazándole. Juan Diego, viendo que era imposible esconder por más tiempo su tesoro, lo muestra un poco: ¡ eran flores!. Cuando ven la variedad de flores que procedían de Castilla, frescas a pesar de la estación en plena florescencia y ofreciendo un delicioso perfume, asombrados y curiosos, intentaron por tres veces cogerle algunas. En vano, no volvieron a verlas, solo flores pintadas o bordadas en el tejido de su manto. Fueron, entonces, a buscar al obispo para contarle lo que habían visto, diciéndole que el indiecito que había venido otras veces pedía ser recibido y que esperaba desde hace un rato. El obispo pensó que venía, tal vez a traerle la prueba que había pedido y da orden inmediatamente de hacerle pasar.
ES UNA MUJER ( Apoc . XII ).
Juan Diego entra, se arrodilla como acostumbraba y dice:
“ Monseñor y maestro, he hecho todo lo que me has pedido. He hablado con la Señor, Nuestra Señora, la Reina del Cielo, Santa María, la Madre admirable de Dios. Le he dicho que deseabas un signo para creerme y para aceptar construir una Iglesia donde ella pide e igualmente le he dicho que había prometido traer un signo, como prueba de su voluntad expresada por mí. Así, ella ha querido acordar este signo con el fin de que realices su petición”.
Al instante, abre el manto blanco que apretaba contra él, las flores de Castilla cayeron. Y es entonces cuando la Imagen Venerable de la Perfecta y siempre Virgen Santa María Madre de Dios aparece repentinamente sobre el manto. Ella aparece entera, tal como se la puede ver impresa sobre el mismo ayate.
Cuando el obispo la ve, y con aquellos que la rodeaban, todos se arrodillaron y permanecían mudos de admiración, conmovidos y el corazón desbordando amor. El obispo, llorando, hizo una oración, suplicando le perdonara por no haber realizado inmediatamente su voluntad. El se levanta y quita la Imagen de la Reina del Cielo del cuello de Juan Diego y lo coloca en su oratorio. Juan Diego pasa todo el día en la casa del obispo hasta la tarde. Entonces él dice:
“ Pongámonos en camino. Muéstranos dónde la Reina del Cielo quiere que se le construya su Iglesia. “
Cuando Juan Diego les muestra el lugar dónde la Reina del Cielo quiere que se construya su teocaltzin, les dice que quería irse a su casa con su tío Juan Bernardino que estaba agonizando cuando lo dejó para buscar un sacerdote a fin de confesarle y prepararle para morir y que la Reina del Cielo lo había sanado.
Algunas personas le acompañaron: y cuando fueron a su casa, encontraron a su tío, sin dolor, estaba muy asombrado de ver a su sobrino en tan honorable compañía. Juan Diego le cuenta como entonces el yendo a buscar un sacerdote la Reina del Cielo se le apareció en el Tepeyac y le ordenó ir a buscar al obispo y decirle su voluntad de edificar una Iglesia en ese lugar, pues su tío estaba curado.
El tío dijo que era verdad, que Ella le había sanado y que él había visto su figura y que se había aparecido a su sobrino y que le había pedido ir a ver al obispo. Ella le había curado milagrosamente al instante mismo cuando se le hubo aparecido y que le había hecho llamar a su preciosa Imagen la : SIEMPRE VIRGEN MARIA DE GUADALUPE.
Mas tarde, se condujo a Juan Bernardino ante el Obispo para que testificara en su presencia. El les albergará en su casa algunos días mientras se construía la Capilla que la Reina del Cielo sobre el Tepeyac, dónde Ella se había aparecido a Juan Diego.
El obispo transferirá enseguida la preciosa Imagen de la Reina del Cielo a la Iglesia Mayor, la Iglesia de los franciscanos, que servirá entonces de Catedral. El la saca del Oratorio de su casa para que todos vean y admiren a esta encantadora Imagen. Entonces toda la ciudad se puso en movimiento, todos venían a verla, a admirarla, a venerarla como hecho divino y rezaban, se asombraban de la maravilla por la que se había manifestado. En efecto, no es un hombre de la tierra quien ha pintado esa asombrosa Imagen.
PRIMEROS MILAGROS DE
El segundo relato indígena sea quizás sensiblemente posterior al primero; cuanta el traslado de la Imagen santa desde la Catedral a su teocaltzin del Tepeyac: “La Ermita Zumárraga” dónde residirá hasta 1556 y cuyos registros han entregado las fundaciones.
“Cuando por primera vez ellos la conducen al Tepeyac, desde que su Templo fue acabado, tuvo lugar el primero de los milagros que ella ha hecho”.
“ Tuvo lugar una gran procesión que la acompañaron todos los religiosos sin excepción y algunos españoles entre las autoridades de la ciudad, así como todos los señores y nobles Mejicanos y otras gentes llegadas de otros lugares. Todo fue dispuesto y decorado con magneficiencia sobre el camino que va de Mejixo al Tepeyac, dónde había sido edificado el Templo de la Señora del Cielo. Todos estaban con gran regocijo. El camino estaba abarrotado y sobre la laguna, a los dos lados dónde el agua era mas profunda se deslizaban las canoas llenas de indígenas. Sobrevino una discusión. Uno de los arqueros disfrazado a la moda chichimeca, tendió un poco su arco y por inadvertencia afloja de repente la flecha que alcanza a uno de ellos, atravesándole el cuello, él se derrumba muerto. Es transportado para tenderlo ante la siempre Virgen nuestra Reina. Los suyos invocaran para que Ella se digne a resucitarlo, desde que se le hubo extraído la fecha, no solo Ella lo resucita sino que sana su herida. No se veían marcas de heridas por donde flecha había penetrado. Entonces levantándose, La reina del Cielo, le hizo marchar lleno de alegría. Todos estaban admirados alabando a la Inmaculada Señora del Cielo, Santa María de Guadalupe que cumplía su palabra. Había prometido a Juan Diego que socorrería siempre y defendería a los indígenas y a quienes la invocaran. Lo que se dijo, es que este pobre indio se quedó desde entonces en la bendita casa de la santa Señora, entregado a la limpieza del santuario”.
Un antiguo cántico, el Tepoancuicalt de origen ciertamente pagano, pero hábilmente adaptado al cristianismo, ha conservado el recuerdo de esta ceremonia:
“Tu Alma, ¡Oh Santa María!
Parecía visa sobre la pintura
Nosotros, los señores cantamos para Ella
Detrás del antiguo libro
Y bailamos a la perfección
Y Tú, obispo, nuestro padre, predicas
Allá abajo, al borde del lago!”
Nosotros no podemos reproducir aquí los anales de la primera generación Guadalupana. Acaban con la muerte de Juan Diego, sobrevenida el mismo año que la de Juan de Zumárraga (1548), pero contienen el relato de acontecimientos posteriores a esta fecha. El estudio crítico de cada uno de los episodios obliga a concluir su historicidad cierta. Recojamos el del Pocito.
El obispo quiso un día conocer el lugar preciso de la cuarta aparición. Como Juan Diego dudaba, un manantial brota milagrosamente indicando el lugar dónde la Virgen se había cruzado cuando él intento escapar y dónde le hubo enviado a buscar las flores a la cima de la colina.
“ Poco después de su manifestación a Juan Diego y el hecho de la prodigiosa de su Imagen , la Señora del Cielo ha hecho numerosos milagros. Es también cuando se pone a brotar el manantial que se encuentra detrás del Templo del la Señora del Cielo, hacia oriente (...) el agua que allí brota , aunque barbotea, no desborda. El camino que recorre no es largo, al contrario más bien corto. La olorosa, pero no agradable: es ligeramente ácido y beneficiosa para todas las enfermedades de aquellos que la beban voluntariamente y se bañen. Es porque, son innumerables los milagros que a través de esta agua ha operado la toda pura Señora del Cielo, nuestra preciosa Madre Santa María de Guadalupe “.
Mas tarde en 1582, el Inglés Miles Philips pasa por allí y cuenta: “Aquí hay baños fríos que manan como si el agua borboteara, la cual es ligeramente salubre al gusto, pero muy buena para lavarse aquellos que tiene heridas. Es lo que se dice., sana mucho...”
En 1780 se construye una Capilla para abrigar este surco, sin la autorización necesaria por una empresa. El Virrey Martín de Mayorga pide explicaciones al capítulo de la colegiata. Los capellanes responden (...)
“ Desde entonces, se ha hecho a este bonito surco un cerco, un especie de brocal, para contener sus aguas. Es de aquí que proviene su nombre, aun usado hoy día, de Pocito de Nuestra Señora. Bien que no se ha hecho mención inmediata de la construcción de la capilla en este lugar, existía una durante el comienzo del siglo pasado, como indican los historiadores de la época y ha sido siempre un lugar de los más venerados y más frecuentados por toda clase de gentes, especialmente por gentes de paso. En efecto la capilla se encuentra en el camino hacia Veracruz y otras grandes ciudades del reino. Aun es venerada por los indios y las gentes del pueblo que, lo mismo que ellos visitan la Iglesia principal, no falta jamar de ir a la capilla del Pocito por la fe que tienen en sus aguas, benefactoras para todas las enfermedades. Así la afluencia es inmensa a todas horas y en todos tiempos, y no se puede evaluar la cantidad de agua que de allí se saca. Esta es la razón por la cual se tiene el cuidado de tener el lugar limpio y conviene repararlo a menudo. En efecto hay una gran dificultad en mantener en pie los edificios de esta región dónde abundan las exhalaciones nitrosas y sulfurosas...”
Cien años más tarde, un francés, racionalista, Eugenio Boban, escribe: “Nosotros no hablamos de la fiesta en honor de Nuestra señora de Guadalupe; ella ha sido descrita en todas las lenguas y pierde cada vez más su sello original. Hoy los indígenas se contentan generalmente chito ( cordero asado ) y embriagarse con pulque, tlachique (bebidas fermentadas con extracto del agave mejicano).”
“Este surco se encuentra en medio de una pequeña capilla del estilo mauresque muy interesante . Allí se apresura el gentío cargado de vasos de todas formas y botellas , a fin de tomar agua del surco que, milagroso, como el agua de Lourdes, para por curar todas las enfermedades.” ( Eugenio Boban, Catálogo razonado de la colección de M. E. Goupil, París 1981, t II p. 199).
Por el contrario, por haber visitado el Pocito, yo no tengo nada que cambiar a la descripción que hizo Boban. La misma animación reina a la entrada de la capilla dónde se encuentra el Pocito donde el agua es distribuida por amables religiosos del santuario, pues los peregrinos no tienen allí acceso. A pesar del ensanchamiento de la laguna, acentuado por los trabajos de construcción del metro, continua brotando, misteriosamente, más profundo y sacia a aquellos que la beben con fe.
Yo he transportado y dado a beber poco después de mi vuelta a un hombre joven que se encontraba desahuciado. Hoy día goza de perfecta salud... sin ninguna otra intervención. Los de su entorno que no saben de ello, dicen que su restablecimiento es inexplicable.
Yo no grito el milagro, pero lo atestiguo como yo le he visto y como lo veo ahora, para mostrar como dice el Padre Beltrán, “ la filial confianza” que se puede poner en la poderosa protección de Santa María de Guadalupe