EL CAMINO DE EMAUS
3 Noviembre 2013
El padre José Luis Martín Descalzo, ya fallecido, en un artículo suyo, de los que publicaba en el Dominical del ABC, citaba el comentario de una psiquiatra francesa : " solo tres segundos bastan para ser progenitor. Ser padre es algo muy distinto". Cerraba este comentario otro de Schiller: " no es la sangre ni la carne, sino el corazón lo que nos hace padres e hijos”. ¿Puede cualquiera ser progenitor? ¿Todos los progenitores son padres?
Y si una de las premisas sobre las que se asienta la verdadera paternidad es el amor que nace de este corazón humano, descansa sobre el pilar siempre fuerte de la sinceridad y se fortalece en el crisol de las virtudes: generosidad, sacrificio, entrega...; desde la Fe que debe iluminar nuestra vida no deben faltar, ni mucho menos, la educación espiritual y moral de los hijos. Educación que debe ser iniciada en el hogar por los propios padres y ya en la niñez; esta luz, que es la educación, que los padres encienden en el alma de sus hijos será la que iluminará, en lo sucesivo el camino en un mundo que paulatinamente se va oscureciendo a la razón y a los más altos valores. Los hijos deben encontrar en su hogar aquel otro de Nazaret, así a medida que crecen biológicamente, deben crecer interiormente. El papel de los padres responsables es fundamental, tal es así que la Iglesia lo reconoce cuando afirma: " el papel de los padres en la educación de los hijos tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse”.
Por esto, la verdadera paternidad, la que si es responsable, es aquella que naciendo en el amor tiende, por ese amor a darles lo mejor a los hijos; y lo mejor no es solamente lo material: alimentos, estudios, comodidades, un desahogo económico..., todo esto es inherente a la función de la paternidad; sino que ese darles lo mejor está, en esencia, en los terrenos moral y espiritual. Negarles este camino es una grave irresponsabilidad paternal. Hoy los problemas graves que vive nuestra juventud no se encuentran solamente en el paro o en el desencanto que produce el abandono en que se les tiene, hasta desde las más altas instancias de la nación, sino en el pasotismo, en la frialdad interior..., fruto de actuaciones erróneas de muchos padres que no han sabido, no han querido o no han acertado a inculcar en los hijos un modo de vida interior que será el que luego se refleje en su modo de ser y de estar en esta sociedad. Y esa luz o ese modo de vida interior llenaría lo que algunos ahora pretenden llenar equivocadamente con la litrona, un poco de placer y otro de coca... mientras algunos padres se rasgan las vestiduras con un desgarrador ¿qué he hecho yo para merecer esto?.
Un nuevo año de catequesis se aproxima. Grupos de jóvenes, con experiencia de Jesús, se aprestan a repartir entre niños y jóvenes ese tesoro que a nadie se oculta y del que todos pueden beneficiarse: el tesoro del Evangelio. Y es aquí, donde tú, padre, decides y donde está la responsabilidad más grave. No es cuestión de lanzar una moneda al aire; esto es algo más maravilloso, es de visión de futuro, es de visión de eternidad. La moneda, el talento, es la que Dios te da, como padre, no para que la entierres, sino para que produzca