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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA (II)

                Podemos leer en la encíclica Rerum Novarum, una frase que nos acerca a aquella situación, y que indica la grave preocupación que existía en la Iglesia ante la situación injusta  que se estaba provocando: un numero sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios. Las teorías de Karl Marx, en su obra Das Kapital (el capital), produce una gran influencia en la masa obrera que alcanza a nuestros días, compitiendo con las anarquistas de Bakunin y Kropotkin.. El socialismo, arañado ya por las teorías marxistas  presenta sus alternativas al capitalismo : terminar con la propiedad privada, para ello, afirman, que todos los bienes sean comunes y administrados por aquellas personas que rigen los municipios o que gobiernan la nación. Pero además, el socialismo propondrá acabar con la existencia de las clases sociales.                Pero la Iglesia va a salir al paso de aquella alternativa, por considerarla injusta ya que  atenta contra las dimensiones sociales, personales y  familiares del ser humano. Y afirma que únicamente se partirá de una base correcta para solucionar con garantías el problema de la cuestión obrera cuando se reconozcan en todos los seres humanos su estructura de señorío sobre todo lo demás : dominad la tierra, son palabras de Dios en el momento de la creación; pero además se le debe reconocer su potestad sobre  unos concretos bienes económicos. Cuando se trata de romper estas bases se le llevará a una situación injusta.

                 La Iglesia  se sitúa en medio de las dos fuerzas sociales contendientes : el socialismo violento y colectivizante y el capitalismo liberal origen de múltiples penurias para la persona trabajadora. Hoy rechazado por la Iglesia- Propone, a la luz del Evangelio, una doctrina y una acción: la justicia en los contratos salariales y la fraternidad; en cuanto a la acción acentuar  la dimensión distributiva de todo tipo de bienes, incluso los bienes economico-sociales. Por su parte al Estado le propone crear las mejores condiciones de liberación y promoción de la clase proletaria, con unas acciones directas: protección de la propiedad privada: condiciones humanas de trabajo que acaben con la situación de injusticia que se vive y justicia en el contrato laboral: remuneración suficiente del obrero y una legislación  por la que se le permita la obtención de la propiedad. A los obreros y patronos, la creación de instituciones de ayuda y cooperación ( mutualidades, entidades de previsión, patronatos, asociaciones...); en definitiva una mutua ayuda.

                Pero cuando hablamos de Iglesia, siempre miramos hacia arriba, desde los sacerdotes al Santo  Padre, a los religiosos y a las religiosas. Pero esta  acción social de la Iglesia, que parte del mismo Evangelio de Cristo, es competencia  también de los laicos, ya que nosotros como pertenecientes al Pueblo de Dios, estamos convocados a intervenir en la construcción de la comunidad humana, ya sea en lo político, ya en lo social, ya en lo económico. Por ello, reducir la acción de los cristianos o de la Iglesia, de forma Global, a las  Catequesis, a  la Oración... como modo de vida en exclusiva seria reducir la autentica acción de la Iglesia y de la labor Evangelizadora, pues esta acción ha de llevarse igualmente hacia la acción social, la económica e incluso la política, está ultima con orientaciones desde la luz de Evangelio, que clarifique la actuación de los laicos.

                El Documento de la Iglesia “Libertad Cristiana y Liberación” en su numero 80, nos dice lo siguiente:No toca a los Pastores de la Iglesia intervenir directamente en la construcción política y en la organización de la vida social. Esta tarea forma parte de la vocación de los laicos que actúan por propia iniciativa con sus conciudadanos. Deben llevarla a cabo, conscientes de que la finalidad de la Iglesia es extender el  Reino de los Cielos para que todos los hombres se salven y por su medio este el mundo orientado a Cristo. La obra de salvación aparece de esta manera indisolublemente ligada a la labor de mejorar y elevar las condiciones de la vida humana en este mundo.Pero esta labor de los laicos y de los que han sido llamados  al servicio de Dios desde la vida sacerdotal o religiosa, no debe ser nunca “una guerra por su cuenta” de cada uno, de forma personal, sin contar con los demás. Si somos Iglesia, formamos parte de ese Cuerpo Místico de Cristo, y por tanto somos uno, y hemos de actuar, por tanto, como uno. Esta actividad debe ser colectiva, desarrollada a través de organismos creados para estos fines.

 

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