EL CAMINO DE EMAUS
27 Febrero 2012
Cuantas veces soñamos con conquistar el mundo, con extensísimos campos de apostolado, en lanzarnos a llevar la FE a quienes no la tienen, llevando nuestra mochila llena de piedras, que nos impiden avanzar y ver cumplidos esos sueños. Los deseos no sirven en este caso, si antes no descargamos el peso del pecado, amor al mundo, rencores, soberbias, incluso vanidades; y mientras no descubramos nuestro auténtico YO, mientras no aceptemos que el estado de nuestra alma, mientras sigamos “avanzando” con la mochila cargada de lo que se opone a nuestra FE, no lograremos cumplir nuestros objetivos, que solo quedan en sueñor.
Nos creemos muchas veces los mejores, los que tenemos las Llaves del cielo para otros; los apostoles de este siglo; los herederos directos de aquellos Doce Discipulos que seguían a Jesus. Pero, mientras no descarguemos la mochila del cargamento y nos pongamos en auténtica sintonía con Padre Dios, todo lo que hagamos será inútil, porque nadie puede dar lo que no tiene y si en lugar de llevar fe, amor a Dios y al prójimo, buenas obras, perdón… nunca podremos avanzar.
El Señor nos dice continuamente que hemos de ser SAL Y LUZ, pero algunas veces, por nuestros actos, no lo somos. No podemos llevar la FE si la tenemos apagada, no podemos ser SAL si lo único que podemos ofrecer es corrupción, pues por medio del pecado el alma se corrompe y no podemos ser luz si nosotros mimos caminamos sobre tinieblas.
La conquista del Mundo comienza por conquistarse a uno mismo. ¡esta si es obra difícil!. Mas fácil es alcanzar la cima del Everest que alcanzar nuestra propia cima. Pues, conquistarse a uno mismo consiste en volver a la amistad con Dios,practica de los sacramentos y oración. ¡ Sed perfectos!. El primer paso es reconocerse a si mismo, lo que pocas veces hacemos cuando alguien nos dice “¡ Has cambiado mucho!”. “¡No eres el que eras!”… Unas veces la soberbia, otras por no dar la razón al interlocutor, otras porque hemos cambiado tanto que ha paralizado nuestro buen sentido. Reconocer que no somos el de antes, es un paso previo, romper con el que somos para retornar a ser el de antes es ponerse en el buen camino.
Decía A de Mello :
“Señor, dame la fuerza y la sabiduría para que mi vida contribuya a mejorar la adverse situación del mundo. Siendo hombre maduro, me di cuenta que no había podido cambiar nada …modifique la oración: Señor, ya que no pude cambiar el mundo, dame la sabiduría y la fuerza para ayudar a cambiar a mi familia y a mis cercanos… ahora que soy anciano, me doy cuenta de lo ingenuo y arrogante que fui… Señor, dame la fuerza y la sabiduría para aprender y reconocer mis errores”.
Aquí nos enseña esta gran verdad, que para cambiar al mundo, primero hemos de cambiar nosotros. Reconociendo nuestros errores y fallos ante Dios y ante los demás. Hemos de comenzar por nosotros mismos