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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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EL TERCER MISTERIO: EL NACIMIENTO

           En aquellos días se promulgó un edicto de Cesar Augusto para que se empadronase todo el mundo. 2 Este primer empadronamiento fue hecho cuando Quirino era gobernador de Siria. 3 Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. 4 José, como era de la casa  y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, 5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. 6 Y sucedió que, estando allí, le llegó la hora del parto, 7 y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento” (Lc 2, 1-7).

 

Casi 100 kilómetros de distancia había entre Nazaret  y Belén. El camino no era fácil. Montañas, ríos, el frío de la noche y el calor del día; y la Virgen María encinta. Tuvieron que recorrer desde Nazaret, casi al sur de  Galilea, toda Samaria, de norte a sur, y Judea hasta su parte Central. En este recorrido encontramos  poblaciones como Nain, Samaria, Siquen,  Emaús., Jerusalén, Betania y por fin el pueblecito de Belén. “Como Roma solía respetar los usos locales, el empadronamiento se hacía según la costumbre judía, por la cual cada cabeza de familia iba a empadronarse  al lugar de origen”.

Quirino era miembro del senado y según nos narran los historiadores  había desempeñado todas las magistraturas a que se refería la carrera senatorial; su brillante historia le hace alcanzar el consulado. Cesar Augusto, entonces emperador de Roma, lo envía a Siria como legado, gobernador, suyo con el fin de hacer el censo de esta provincia  tendente a la recaudación del impuesto que como provincia de Roma habría de pagar. ¿Qué tenía que ver Judea? Judea, por aquel entonces se encontraba anexionada a Siria, por ello Quirino decide realizar un Censo y extender el pago del impuesto a esta provincia, amen, como nos narra Flavio Josefo, para liquidar los bienes de Arquéalo y tomar nota de las fortunas de los judíos.

Según testimonio del historiador Flavio Josefo, la reacción del pueblo judío no fue buena, ya que con ello se sentían más esclavizados a Roma pero fueron convencidos por un sacerdote llamado Joazar. Finalmente se hizo el empadronamiento y José como era de la casa de Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea.

Al llegar a la ciudad de Belén no encuentran posada, muchos había acudido para empadronarse. Según unos pudieron establecer en una especie de cuadra, otros en unas cuevas situadas al pie de la colina  cercana a Belén. Sea como sea no era un aposento que les resguardara de las bajas temperaturas nocturnas del lugar. Quien viene a salvarnos, quien viene a devolver la luz y la alegría no encuentra lugar donde guarecerse, donde poder nacer. Ni María puede tener un lugar acondicionado y digno para tal acontecimiento. ¡Todo está ocupado! ... no hay lugar para ellos. Igual que nuestro corazón, todo ocupado, todo lleno hasta los topes. Las puertas del corazón humano se cierran a cal y canto y no ofrecen a la Sagrada Familia ese calor, cuando día a día llaman a nuestras puertas. María, el Niño y José siguen llamando a las puertas del corazón humano, sin una respuesta precisa, siquiera, tímidas respuestas. ¡Todo está ocupado!

Cuando llegó la hora del parto, debió ser emocionante. Ahí estaba  José, ¡que valiente! Con qué cuidado atendió a María, con que cuidado preparó el agua caliente, como se desprendieron de unas telas nuevas para limpiar al Niño, con que ternura secó la frente de su esposa, con qué cariño preparó el pesebre y con qué maestría le puso los primeros pañalitos, como meció al Niño en los primeros lloros; esas lágrimas  que me purifican ; aquellas lágrimas que lavan mis pecados y ¿por qué no? esas lágrimas que enjugan las tristezas humanas; mientras, María no perdía detalle, ni la sonrisa, a pesar del agotamiento. A ambos lados un buey y un borriquito, brindaban su calor al Niño Dios a falta del calor humano... esto sí que es tristeza.

 

María y José acuden a cumplir con la Ley. Jesús, lo vemos, como nos da ejemplo de cómo nosotros hemos de cumplir con la ley, siempre que esta no sea atentatoria contra lo establecido por Dios. No se quejan, no protestan, a pesar del estado en que se encontraba María; a pesar de lo tortuoso del camino, kilómetros, frío… se unirían a alguna caravana y partieron a cumplir con aquel requisito del emperador Romano.

 

Tampoco hay queja ni protesta ante la contrariedad. No encuentran posada. Y tal y como estaba María, a punto de dar a luz, nadie parece reblandecerse y ofrecer un lugar adecuado y sano para que pudiera tener  un nacimiento con todas las garantías. María y José confían en Dios, saben que de su mano toda irá bien. María y José nos dan esta enseñanza. No es un pasaje cualquiera; no es un incidente histórico, es una lección de respuesta ante la contrariedad.

 

Y dio a luz a su hijo primogénito. Nos dice  San Lucas. A lo largo de la historia de la Iglesia, esta frase ha levantado polémicas. Jesús es en efecto el primogénito de María; esto no quiere decir que a la muerte de José María contrajera nuevo matrimonio  del que nacieran otros hijos; primogénito se refiere a que Jesús es su primer hijo y nosotros, por su aceptación al pie de la Cruz, nos convertimos en hijos de Ella: hijos adoptivos e hijos espirituales, tanto  los fieles como  los infieles, pues tal y como nos enseña la Iglesia  ya que “ está destinada a engendrarles la vida de la gracia; de los  fieles en pecado mortal, en cuanto que vela por ellos disponiéndoles a la conversión; de los justos es Madre en sentido pleno; de los bienaventurados, Madre por excelencia”.

Por ello, decimos de la Virgen María que es la Madre perfecta, a nadie desprecie, a nadie  desoye, a nadie abandona en la soledad del camino, a nadie deja en las penumbras de la noche; ella acepto al pie de la Cruz ser Madre, no de unos, de los que fielmente en vida siguen el ejemplo y enseñanzas de Jesús, sino que aceptó ser la Madre de la humanidad entera.

Desgranamos en este Misterio tan importante, las Avemarías en honor a nuestra Madre, que abre en aquella cuevita de Belén la pagina más brillante de la Historia de la Salvación después del Señor. Y vamos pronunciado el nombre de María que endulza nuestros labios, con suavidad, con cariño y respeto y así cada avemaría agradeciendo todo lo que ha hecho por nosotros y por lo que seguro hará cada día por nosotros, los muchas veces ingratos hijos.

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