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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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EL BAUTISMO DE JESUS (SAN LUCAS) (1)

            21 Cuando se bautizaba todo el pueblo, y Jesús, habiendo sido bautizado, estaba en oración, sucedió que se abrió el Cielo, 22 y bajó el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: Tú eres Mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido. (Lc 3, 21-22)

 

 

            San Mateo al final del Capítulo Tercero nos narra el acontecimiento del Bautismo de  Jesús. En él,  recoge en  un pequeño diálogo entre Juan el Bautista, que se resistía a bautizar a Jesús al reconocerlo como Hijo de Dios y entirse indigno de tal acción, “ Soy yo quien necesita ser bautizado por  Ti” ( Mt 3, 14), y Jesús que le explica: “ debemos cumplir con toda justicia” ( Mt 3, 15); es decir, con la Voluntad de Dios.  En efecto, Jesús es Dios y por tanto no precisaba  recibir el bautismo de regeneración que predicaba Juan el Bautista; pero Jesús viene a enseñarnos a cumplir con la Ley de Dios y para ello Él es el primero en enseñarnos a cumplirla con palabras, con hechos y con su ejemplo. San Marcos recoge el acontecimiento del Bautismo de Jesús en el capítulo  Primero, “Y fue bautizado por Juan en el Jordán” ( Mc 1, 9), también nos comenta el momento del descendimiento del Espíritu Santo sobre Jesús y la apertura del Cielo para dejarse oír la Voz de Dios. San Juan menciona el Bautismo de Jesús a través del testimonio que da el Bautista sobre ello, lo que no quiere decir que con ello reste importancia, sino que nos presenta un testimonio fiel.

 

            Cuando se bautizaba todo el pueblo, Jesús no se bautiza aparte,  Jesús acude en pleno bautismo en el Jordán, entre las gentes que acudían  tras las predicaciones del Bautista. Jesús  se pone en la fila,  se mezcla entre los pecadores. Jesús se solidariza, no con el pecado, sino con el ánimo de aquellas gentes que acuden para dar comienzo a una nueva vida de ofrecimiento a Dios. Este hecho lo veremos en otras ocasiones cuando  come junto a publicanos y pecadores, no porque acepte los pecados de aquellos, sino para enseñar que ha venido a devolver la salud a las almas de aquellos que se han apartado del camino marcado por Dios. Esto debe animarnos, pues aquellas gentes que acudían a bautizarse, aquellos publicanos y pecadores con los que  come el Señor representan a toda la humanidad, a nosotros mismos. El Señor nos ama tan intensamente  que no nos abandona, sale a nuestro camino, se pone a nuestro lado, espera pacientemente nuestra respuesta, no nos mira como apestados, no rehuye nuestra presencia al ver nuestra alma desgarrada por la lepra del pecado; al contrario nos recibe e impone su mano paternal sobre nuestra cabeza para derramar su perdón, cuando nos acercamos arrepentidos y deseosos por dar un giro a nuestra vida que suponga el abandono del pecado.

 

            En nuestras confesiones sacramentales, Jesús está a nuestro lado, escuchándonos, animándonos, alentándonos a vaciar de nuestro corazón todas las impurezas del pecado. “Acércate a Mi Corazón, que tiene el bálsamo eficaz para curar las heridas del tuyo”, nos dice con ternura; sea le pecado que sea, por vergonzoso, por terrible... El lo quiere curar, El lo quiere perdonar.

 

            Con su bautismo en el río Jordán. Jesús va a dar  fuerza vivificante al agua del Bautismo. Poco después, Jesús ordenará a sus discípulos que vayan y bauticen a todas las gentes. Será un bautismo nuevo, diferente al del Bautista. Este Sacramento se instituyó con el Bautismo de Jesús y quedó confirmado como tal, cuando antes de su Ascensión a los Cielos les dijo a los Apóstoles: “Id, pues y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

            Habiendo sido bautizado, estaba en oración,  señala el evangelista. Esta información no la deja caer por casualidad San Lucas, como tampoco lo hacen los demás evangelistas. Nos quieren transmitir la importancia que  el Señor da al acto de la oración. A lo largo de nuestro caminar por los Evangelios asistimos a algunos momentos  de oración del Señor, siempre se pone en manos del Padre. Escogemos  algunos de esos momentos que los evangelistas nos transmiten:

 

 

 

Jesús alaba                                                    Mt 11,25

Jesús da gracias                                                          Jn 11, 41-42

Jesús se identifica con el querer del padre                 Mt 26,39

Jesús pide y enseña                                        Jn 17, 15-17

 

 

            Jesús quiere que recemos como medio de unión Padre Dios y como medio de reforzamiento espiritual contra el pecado y las tentaciones que desembocan en el mismo. La oración, como nos enseña Jesús sirve también para pedir, para alabar, para escuchar, para dar gracias, para ofrecer... Cuando Jesús va a obrar un milagro eleva los ojos al Padre y se pone en sus manos; vemos como reza en el Huerto de los Olivos próximo a su ofrecimiento por la humanidad, Vemos como ora en el momento de la Institución de la Eucaristía...

 

            El Señor es el espejo en que hemos de mirarnos mientras caminamos por nuestra vida para tomar ejemplo y hacer lo mismo. Por eso en las Catequesis de niños, de jóvenes  incluso de padres se enseña la importancia de la oración y entre otros los momentos clave del día para orar: por la mañana al levantarnos oramos para ponernos en manos de Dios y para solicitar su ayuda y la de la Virgen María, San José y el  Angel de la Guarda y para que tomen bajo su tutela a aquellas personas que están en nuestras intenciones; a la hora de comer, para dar gracias a Dios por ese alimento que nos ha procurado y solicitar que aquellos menos favorecidos puedan disponer de los alimentos indispensables para  vivir; por la noche, para dar gracias a Dios por  todo lo que gratuitamente hemos obtenido: trabajo, estudio, amistades, familia... A media mañana se suele  rezar el Ángeles, dedicado a la Santísima Virgen María, por medio de la cual se cumple aquellas palabras proféticas: “Por eso desde ahora me llamarán Bienaventurada todas las generaciones" Lc 1,48.

 

            El catecismo nos enseña que uno de los efectos importantísimos del Bautismo es que nos hace hijos de Dios, además de hacernos herederos del Cielo, borrar de nuestra alma la lacra del pecado original.

 

            El Bautismo es un sacramento que no debe descuidarse por parte de los padres, y ni tampoco alejarlo en el tiempo desde el momento del Bautismo. El Bautismo se le debe dar la importancia que tiene, y es la importancia que le da el Señor cuando sin tener que hacerlo acude al bautismo de Juan en el río Jordán.

 

            Aunque el bautismo  de Juan difería en mucho al bautismo, como sacramento, que instituyó Jesucristo, aquel, como ya hemos visto,  era un compromiso de las gentes para cambiar y reformar sus vidas de cara a Dios; éste, el Sacramento, renueva totalmente a la persona hasta el punto de que nos hace merecedores del Cielo, además de los otros efectos que tiene; Jesús con su presencia nos  enseña la importancia regeneradora que tiene el Bautismo.

 

            Jesús nada hace y nada nos deja que sea inútil, incluido el Sacramento de la Confirmación al que tanta poca importancia se le da, tal vez por desconocimiento o por desinformación, ya que es tan importante como el resto de los Sacramentos. Disponer o no del Sacramento del Bautismo significa poder entrar o no al resto de los Sacramentos, pero más aún poder gozar plenamente de la eterna bienaventuranza; es decir, del Cielo junto a Dios la Virgen y los santos.

 

            Por otra parte, el Sacramento del Bautismo no da un título sino un estilo de vida, por eso el bautizado no debe dejarse dormir, mientras pasa la vida; el bautizado debe poner en marcha lo que recibe en el bautismo y es el ser cristiano, que significa una llamada del Señor al apostolado, a ser luz y sal para los demás, como nos lo dice el mismo Jesús en el Sermón de la Montaña. Y este poner en marcha significa trabajar como cristiano allá donde el Señor nos  ponga: en la familia con los hijos; en el trabajo con los compañeros; en el circulo de amigos...

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