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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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EL AÑO DE LOS MILAGROS

 

 

Dicen que “el hombre es el animal que tropieza tres veces en la misma piedra”. En lo de animal no estoy de acuerdo, pero si en los tropezones; bien porque no ponemos cuidado, bien porque se deja tropezar, bien porque le gusta tropezar en la misma piedra. La piedra no se refiere solamente a los mismos descuidos, sino también en las mismas transgresiones a la Ley de Dios. El don de temor de Dios es aquel que nos lleva a evitar transgredir su Ley y a mantener siempre firmes los valores morales con el fin de no desagradarle, por ejemplo no tomarnos “la justicia por nuestra mano”. Sin ese temor de Dios no existirían los valores morales, esto seria como Sodoma y Gomorra, dos ciudades faltos de moralidad que no quisiieron acogerse a las oportunidades de perdón y misericordia de Dios. Ambas ciudades representan a los pecadores contumaces, es decir a los que no quieren acogerse al perdón de Dios, antes bien prefieren seguir con s vida.

La Misericordia  de Dios toca a todos, unos la notan y la agradecen, como aquel leproso que curado  se volvió a dar gracias a Dios, mientras que los otros nueve siguieron su camino, y otros siguen por el mismo camino sin apenas agradecer a Dios su Misericordia. Otras veces recibimos de Dios lo que llamamos milagros, que solamente los vemos cuando nos detenemos a pensar ¿cómo pude salir de esa situación?. Los milagros que el Señor realizó durante su vida pública han continuado hoy, pues lo mismo que su Palabra sigue desde entonces y seguirá hasta el fin de los tiempos, su acción, lo mismo. El Señor pasa por nuestras vidas lo mismo que pasó al lado de aquellas gentes haciendo el bien.  Por aquel entonces aquellas gentes nos representaban y eran un ejemplo del actuar del Señor hoy y mañana. 

Yo he tropezado varias veces en la misma piedra, como por ejemplo quedarme dormido con un cigarro en la boca; la primera vez me desperté con un agujero en la camiseta y sin ninguna quemadura en el pecho; la segunda vez, varias quemaduras en la sábana y un agujero en la manta y yo sin quemadura alguna. Alguno considerará suerte, yo llamo acción del Señor  hacia esta persona que no merece ser mirado por el Señor. ¿Qué quiere el Señor de mí? Me he preguntado muchas veces. La respuesta no es otra que la de que cambie. O aquel dia minutos antes que me desplomara, llamaron dos testigos de Jehova, llamaron a la puerta y les invite a pasar y cuando comenzábamos a hablar cai desplomado y me atendieron y me sacaron adelante, mientras uno me atendía siguiendo las instrucciones de la medico del 112, el otro avisaba al administrador y este a un medico del edificio, siempre estare agradecido a Testigos de Jehova. Abri aquel dia la puerta a Dios que llamaba a través  de ellos. Cuantas otras veces me habrá librado de peligros.

Desde entonces miro donde piso y trato de evitar las piedras del camino, pero somos humanos caeremos, pero podemos levantarnos y resurgir de las cenizas, pues Dios nos quiere con corazón de Madre.                                                                     

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