EL CAMINO DE EMAUS
24 Febrero 2014
Si no me equivoco, para que haya división, se tiene que producir una ruptura por dos partes, como mínimo en el casi de la Iglesia Católica, no se da el caso y no se puede dar, al menos pensó yo así. Cristo fundo la Iglesia, con unas características que la hacen Una e indivisible; Santa, porque no peque, Católica, porque es Universal y Apostólica, porque debe llevar su Palabra a toda la humanidad. Representa el Amor de Dios hacia toda la humanidad, ya que a través de Ella quiere la salvación del mundo.
Jesús, resucitado, funda la Iglesia a quien todo cristiano la reconoce como Madre, entre a los Apóstoles, para bajo la autoridad del Papa, San Pedro, como máxima autoridad, el poder de la apostolicidad y ellos, ayudados por los creyentes van expandiendo la Palabra y así hasta el fin de los tiempos. La Iglesia representa y es la unión de los creyentes con Cristo y de Cristo con los creyentes, unidad que no se puede romper. Podría aplicarse aquí, la frase que el sacerdote dice en uno de los momentos del Matrimonio: lo que Dios ha unido no lo separe el hombre. En cierta manera imprme carácter, aunque solo tres son los que lo imprimen: Bautismo Confirmación y Orden sacerdotal. Ese carácter, es el sello espiritual e imborrable. Pr el que los recibe “no pueden ser reiterados”. En el Sacramento del matrimonio, se disuelve este por fallecimiento de uno de los esposos, por lo que pueden volver a casarse, o en el caso que de nulidad que de producirse, pueden volver a contraer matrimonio.
No existe, para mi tal división. La Iglesia se mantiene unida, lo que se produce una marcha, una salida de una parte de sus hijos, al no reconocer algunas verdades de Fe: como en no creer la virginidad de la Virgen María, no cree en la presencia de Corito en la Eucaristía, no creer en el Sacramento de la Penitencia, no reconocer la autoridad del Papa… estos mismos se apartan de la Iglesia de Cristo y dentro de ellas surgen divisiones, formándose otros grupos, según del país del que se trate.
Aquí, en España, tenemos la mala costumbre de mezclar la política con la religión, así que según sea llamamos progresistas o tradicionalistas, según sean próximos a izquierdas o derechas; por otra parte, los progresistas son acusados de innovar, por si, cuestiones de la Iglesia. Lo que es peligroso porque si puede producirse una división.
Seamos leales a Cristo, y defendamos a la Iglesia que ha puesto, con las puertas abiertas, con cariño infinito.