EL CAMINO DE EMAUS
4 Febrero 2014
No acabamos de recibir el sacramento de la penitencia y ya nos sentimos pletóricos, airosos, fuertes e invencibles y miramos por encima del hombro a NUESTRO COMUN ENEMIGO. Le decimos “¡ te he vencido ¡ y cuando menos lo esperamos ¡Zas!, recibimos otro golpe, otra caída, la misma u otra diferente. Seguimos sin daros cuenta que somos vulnerables, si pensamos que solo el sacramento de la penitencia ya hemos vencido la batalla, que podemos retare, como se hacia en el oeste lejano y que somos los suficientemente fuertes como para vencerle. Y no es así. Nuevamente caemos KO. No aprendemos la lección y continuamos así una y otra vez. Suele ser la misma caída siempre, el mismo pecado, el pecado dominante que descuelga generalmente del pecado capital de la soberbia. El sabe donde está nuestra debilidad y que ademas es la parte que tenemos desguarnecida.
La caída, una y otra vez en el mismo tipo de pecado, pecado dominante, que seguramente nos llevara a cometer otros, que en lugar de desalentarnos que seria un retroceso en la batalla que tenemos contra el mal; este retroceso será perder la guerra y podría suponer perder el alma si no reaccionamos antes. En la batalla contra el mal no caben desalientos, sino lucha interior. Por medio de la oración y sacramentos; lucha exterior evitando los respetos humanos como la vergüenza de declararse cristianos o aceptar lo que nos ofrece el mundo.
El desaliento es un grado de cobardía, y en esta lucha, el cobarde. El que se desalienta pierde. De ganar o de perder depende La victoria y depende el futuro de la eternidad.
Todos hemos cometidos torpezas unos mas que otros. Nuestra vida es una constante lucha, caídas y volver a levantarse, una pelea divina para poder ganar el cielo. Y es un dia a dia. No al desaliento, porque tenemos todas de LAS DE GANAR ganar si ponemos voluntad para ello