EL CAMINO DE EMAUS
24 Mayo 2011
Escribía el insigne Martin Descalzo:” he tenido siempre un gran respeto a los enfermos, a los minusválidos, a cuantos han nacido maniatados por la naturaleza. Pero más que respeto es asombro y admiración lo que siento por aquellos que logran superar esa amargura y cuyo coraje es más fuerte que su enfermedad”.
Tengo una amiga, de hace mucho tiempo, joven, con ganas de vivir, y lo demuestra cada día que se levanta y carga con su Cruz pesada, pesadísima, aquejada por una enfermedad degenerativa. El que no lo sepa, ni se da cuenta o ni lo sospecha. Envuelta en una fe grande, como grande es su corazón, se lanza al camino de cada día sin perder la sonrisa, con alegría andaluza; y digo esto pues me parece a mí que es Andalucía donde se inventó la alegría y la sonrisa que ha exportado ms allá de nuestras fronteras.
Y viéndole a ella y viendo a otros enfermitos, ¿Cómo me atrevo a decirme catequista, en comparación con ellos?, si esa es la auténtica catequesis, pues nos reflejan en sus rostros la auténtica imagen de Dios y además, a imitación de Cristo, saben tomar su Cruz, a veces pesadísima Cruz sin que sus rostros señalicen la huella del dolor, mientras suben al Gólgota con paz, serenidad y una sonrisa que no se apaga.
Si nuestra fe fuera grande, muy grande, seriamos capaces de poder ver como Cristo en ellos, se convierte en el Cirineo y toma el Madero y camina junto a ellos haciéndola más soportable.
Cuando veo a enfermos, aquejados de enfermedades irreversibles incluso enfermedades curables, pero de larga y costosa curación, llenos de paz y sonrientes, quedo maravillado y me descubro ante ellos. Y pienso, yo en su lugar seguro que no saldría de casa. Mi hermana Margarita lucho durante una década contra un salvaje cáncer que le causo mil y un destrozo y no perdió ni la Fe ni la alegría; alguna vez con su gracia y salero decía: “Señor, porque me quieres tanto” y nosotros reíamos con una sonrisa que camuflaba nuestro dolor. Su vida era normalísima y sin queja, lo digo con la misma verdad como la luz existe. Ejemplo cristiano y auténtica lección de catequesis, de fe y confianza en Padre Dios.
¿Qué no tienen momentos de tristeza? Ya lo creo que sí, tendrán sus momentos de “bajuna” como todo el mundo, pero saben superarlo.
Que tremendo debe ser para aquel enfermo que cree que después de esta vida ya no hay nada. Si todo acabara aquí, seria lamentable la vida. Sería una broma atravesar una vida de sufrimiento para nada. Si los animales pudieran pensar, hasta ellos sabrían que también podrían ir al Cielo, pues tienen un soplo de Dios. “No somos nada” dicen algunos, pues es triste pensar así, ¿es que no se dan cuenta de la maravillosa obra de Dios? ¿Qué el mundo está ajado? No lo niego, claro que esta ajado, pero por las chapuzas del hombre. Dios no hace la guerra, ni el hambre, ni las enfermedades. Dios no es culpable de las muertes por hambre ni guerras que padecen los países subdesarrollados. ¡Qué vergüenza que en pleno siglo 21e exista en el diccionario esta palabra!
Es el hombre el culpable de las guerras, culpables de las muertes por hambruna, culpables de que algunas enfermedades no se hayan extinguido. Es vergonzoso que yo pueda comer dos platos y postre y haya gentes que no tienen eso en días. ¿Qué hace Dios?, se preguntan algunos. ¿No es mejor que la pregunta sea ¿Qué hago yo? ¿Entonces para que estoy aquí?. Si el hombre estuviera aquí “para nada”, solo serviría como objeto de decoración, como un florero.
Lo cierto es que si somos algo, somos mucho más que nada, somos hijos de Dios. Y el mismo Jesús, se convierte en Cirineo y toma nuestra Cruz para que no nos sea tan pesada y más llevadera. Nos ama como Padre, nos ama como hijos suyos que somos. Se han fijado en el cuadro de Rembrandt, la Parábola del Hijo Prodigo?. Mírenla si tienen tiempo u ocasión. La encuentran aquí en internet. Mírenla y pronto lo entenderán. Vean como quiso pintar algo mas además del Perdón, quiso plasmar el amor del Padre hacia el hijo, que somos tú y yo. Si fuera por Dios, tomaría para si todas las enfermedades del mundo.
El dolor restaña heridas del alma. Bienaventurados los que lloran, porque ellos a serán consolados, y yo he visto ese consuelo en algunos enfermos directos y lo he visto en esa paz y en esa sonrisa que llevaban cada día. Cuando me detectaron Parkinson Salí directo a la taquilla para comprar la entrada para el partido de futbol. Y es que la desesperación no arregla nada, algunas veces es mala consejera, además de enemiga del sentir cristiano. La desesperación no soluciona nada. Hay que seguir adelante e ir cargando la mochila de cosas que poder presentar al Señor cuando nos llame. No vayas con las manos vacías: llénalas de amor y de obras, manos y con la sonrisa en los labios.