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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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CARTA DEL APOSTOL SANTIAGO (II)

AMONESTACION CONTRA LA PARCIALIDAD

Para el cristiano todos deben ser iguales. Ante Dios todos somos iguales, ricos y pobres, buenos y malos, listos y menos dotados; para Dios no hay clases altas o bajas o medias. El corazón de Dios es indiviso. Un padre no debe hacer distinciones entre sus hijos, debe amarlos en la misma medida; es posible, pues se da el caso, que un hijo necesite más ayuda que otro, eso no indica que quiera más a uno que a otro. En el caso del hijo prodigo, el Padre ama a los dos en la misma medida, pero uno de ellos precisa de más ayuda que el otro y así actúa y lo recibe con suma alegría sin restar cariño sobre el hijo fiel. Cuando un hijo cae enfermo, es lógico que los padres se vuelque con él y lo colmen de atenciones, pero los que están sanos seguirán recibiendo el amor en la misma medida, si bien solemos caer en la tentación de los celos, al parecernos que quedamos desatendidos

Lo mismo el cristiano que debe amar a su prójimo por igual medida, sea cual sea la clase o estamento social en que la sociedad ha dividido a los hombres. Hacer distinciones rompería con el mandato del Señor: amaras a tu prójimo como a ti mismo.

Hemos de tener especial cuidado en el cumplimiento de la Ley, pues si decimos que amamos a Dios y rompemos cualquier otro de los mandamientos, habremos roto con el primero, pues el pecado es enemigo de Dios.

LA LENGUA

“La lengua es fuego, un mundo de maldad”. San Benito de Nursia es el mejor ejemplo de combate de los pecados de la lengua, él sabía que desatada ésta sería un gran peligro para el alma, que nos dice el Apóstol Santiago, por esto establece en su Regla el silencio.

De esta forma nos pone en guardia de los peligros de la lengua si esta se desata y no se la frena; ella sola es capaz de destruir a una persona. La lengua es difícil de domesticar.  Por ello la lengua debe convertirse en vehículo de alabanza a Dios y no de destrucción.

Esto no quiere decir que la lengua sea un miembro inútil, porque Dios no hace nada inútil, pues con ella no solo podemos bendecir al Señor, sino que también podemos hacer el bien a los  demás, mantener un dialogo hijo a Padre y tal como nos dice el Apóstol convertirla en un vehículo de alabanza a Dios.

LA SABIDURIA DE LO ALTO

 

Establece una diferencia entre la sabiduría que proviene de Dios y la sabiduría terrenal; la que proviene de Dios es “pura, pacifica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos sentimientos”, la terrenal suele convertir al hombre en prepotente, vanidoso, superior a los demás.

La que proviene de Dios está limpia de cualquier estigma de pecado, la otorga Dios al hombre para que con ella a través del conocimiento podamos dar gloria a Dios.

Da al hombre una visión de la vida diferente porque está adornada de virtudes llevándonos por la senda de la santidad. El hombre sabio sabe transmitir lo que Dios le da. Nos hace transmisores de la Paz de Dios, ya que lo que Él nos otorga: sabiduría, conocimiento, carisma no es para nosotros, sino para que lo compartamos, lo que nos convierte en voz, ojos, manos… de Dios en el mundo.

 

LA AMISTAD CON EL MUNDO

En este apartado, el Apóstol Santiago hace referencia a uno de los enemigos potenciales del alma: EL MUNDO. En el catecismo estudiábamos que los enemigos del alma son: el mundo el demonio y la carne; el Apóstol, en su enseñanza nos alerta de ello: “ “¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios?”. Arriba dijimos que Dios no hace cosas inútiles, por tanto al crear el mundo, este es una obra perfecta. ¿Pero entonces, porque el mundo es enemigo del alma? ¿Cómo una obra perfecta puede ser enemigo de la santidad a la que estamos llamados?. Nos lo dice San Juan, desde el pecado original “todo lo que ofrece el mundo es concupiscencia de la carne, de los ojos, ambiciones, orgullo; y esto no viene del Padre. Si miramos el pasaje de las tentaciones, vemos que satanás ofrece a Jesús todos los reinos de la Tierra. Todo lo ha pervertido, y lo que nos ofrece es todo lo contrario a lo que el Padre nos ofrece.

El Apóstol nos marca la pauta: “acercaos a Dios y él se acercará a vosotros”. Y en este acercamiento se filtrará todo lo negativo que ha invadido al mundo; pero debemos ser constantes en el acercamiento para ello es imprescindible la oración y los sacramentos. Vemos pues que la oración, la Eucaristía y la Penitencia son una constante en la vida del cristiano, son un escudo para la lucha diaria; necesitamos esta trilogía para justificar, o santificar, cada acto de la vida diaria, sin ellos se hará nuestro caminar.

Debemos elegir entre la amistad con Dios o aceptar lo que nos ofrece el mundo. Si nos dejamos envolver por lo sugestivo del Mundo el Apóstol nos llama a la conversión. “someteos a Dios, resistid al diablo” y puestos en manos de nuestro Padre venceremos. La humildad de reconocernos débiles y necesitados será un paso importante ya que como dice Santiago  Dios “da gracia a los humildes”, por el contrario si nos sabemos fuertes, que con nuestras solas fuerzas podemos derrotar a satanás, si pensamos o creemos que no necesitamos la ayuda de su gracia, seremos derrotados.

“Acercaos a Dios y él se acercara a vosotros”. Estamos necesitados de su ayuda que nos ofrece en cada paso de nuestra vida. El Señor nos ha dejado todos los medios para vencer. Sería de inconsciente que un enfermo rechazara los remedios que el medico da para el restablecimiento porque la enfermedad se agravaría. Dios que es médico del alma nos los pone a mano y de forma gratuita, solo tenemos que aceptar.

 

JUZGANDO AL HERMANO

 

El Apóstol Santiago al emplear el término hermano hace referencia al prójimo, teniendo en cuenta que hermanos somos todos ante los ojos de Dios. La murmuración y la crítica son graves pecados porque tienden a destruir la honra del criticado, por eso dice “el que murmura de su hermano… no es hacedor de la ley, sino juez” y el único que puede juzgar es Dios.

Nos pregunta con qué derecho juzgamos, quienes somos nosotros para juzgar. El juicio y la murmuración, atentan contra el octavo mandamiento, por tanto contra la caridad. Es preferible guardar silencio antes que hablar mal de alguna persona. Lo dice el refrán calumnia que algo queda, y es cierto que aunque se restablezca la justicia queda la herida a los ojos de los demás, nunca se lavara lo suficiente la mancha inferida. Este es uno de los peores pecados que salen del corazón del hombre, porque además esta bañado por el odio.

No juzgues, no murmures, no calumnies; actúa siempre con justicia. El que quita la honra a otro, no es suficiente el sacramento de la penitencia, pues precisa además de devolverla, debe rectificar el mal hecho y devolver la honra ante los demás.

 

NO GLORIEIS EL DIA DE MAÑANA

El Apóstol clama por la Justicia, contra quienes amasan riquezas a costa de los trabajadores y contra quienes se aprovechan del trabajo de los hombres.

La codicia por el dinero les empuja a tratar injustamente, a aprovecharse, de quienes han incumplido con su labor y su obligación. Vemos en estas palabras del Apóstol, un inicio de la doctrina social, en la que la Iglesia se preocupa y quiere poner solución a los males sociales que aquejan al hombre

La Iglesia a lo largo de su historia ha salido siempre al paso de los problemas del hombre, tratando de poner soluciones, siempre a la luz del Evangelio. Se incrementara en la época de la Revolución industrial. La Iglesia siempre ha tomado conciencia de los problemas del hombre y nunca, como se la acusado, ha tomado parte de quienes oprimían al hombre.

SED PACIENTES Y ORAD

En este último capítulo lanza una serie de consejos vitales. Nos menciona la importancia de la paciencia como medio de santidad, ya que Dios está en la paz y no en la turbulencia; da buenos frutos además de ser medio de salvación

Si antes nos hablaba de los peligros de la murmuración ahora menciona del peligro de la queja. Hemos de evitar las quejas sobre los demás, ya que las quejas no llevan de ningún modo a Dios, sino todo lo contrario. Nos aconseja trabajar en la paciencia como hicieran ya los profetas que pacientes sufrieron persecución por hablar del Señor. Bienaventurados los que sufren nos recuerda aquellas palabras de Jesús desde el Monte de las Bienaventuranzas

Nos recuerda igualmente el segundo Mandamiento de la Ley de Dios: No tomaras el nombre de Dios en vano: es decir no jurar ni prometer, porque utilizamos el Nombre de Dios y éste es Santo, por tanto sea alabado el nombre de Dios cuando de El Hablemos.

Y por último nos indica la importancia de la oración, ya que ésta siempre nos pone en contacto con Dios. Todo cuanto hagamos sea convertido en oración: el trabajo, los diálogos con los demás, nuestros gustos, pues de esta forma santificamos nuestros pasos de cada día y pueden ser recibidos por Dios. La oración no solo se conforma con el rezo de las oraciones tradicionales, sino también cada acto de la vida diaria, que luego acompañaremos de los sacramentos.

A través de la oración, hemos de apoyarnos unos a otros, orar unos por otros que conocemos por Comunión de los santos, que establece la unidad de los cristianos, sin olvidar a quienes no lo son e incluso a quienes de alguna manera han perdido o abandonado la fe.

 

 

 

 

 

 

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