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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA CARTA DEL APOSTOL SANTIAGO (I)

espiritu-santo

1.- LA SABIDURIA VIENE DE DIOS

S

 

Antiago escribe su cara apostólica dirigida a los cristianos conversos del judaísmo, que eran objeto de persecución y que por causa de ello, su fe era quebradiza. Por eso hace referencia a “pruebas” que por motivo de la fe habrán de padecer. Les anima a ofrecer esas pruebas con gozo. “tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”. Esas mismas padecerá el mismo Santiago. Podemos recordar cuando el Mismo Jesús les preguntará “¿seréis capaces de beber el mismo cáliz que Yo?”. La respuesta de los dos Santiago será “Possumus”, Podemos; es posible que no supieran a que se refería Jesús, pero Santiago el Mayor, que será de los primeros mártires, beberá el cáliz del martirio.

Ni Santiago ni Juan entienden a qué se refiere el Señor cuando les hace referencia al cáliz y al bautismo, que sin duda se refiere a  su Pasión y muerte, y al martirio que padecerán sus discípulos. Ellos responden a las preguntas del Señor de una forma afirmativa, tajantemente. Nosotros también respondemos igual al Señor, cuando nuestra alma esta elevada espiritualmente.  Ellos, como nosotros, estaban enamorados de su doctrina, amaban al Señor y confiaban ciegamente en Él, y sin duda querían emularle. Nuestro enamoramiento de la doctrina del Señor, cuando nos sentimos altamente llenos de Él, hace que pensemos en grandes campos de apostolado y de seguimiento de Él y de su doctrina hasta el fin, como les pasaba  a aquellos discípulos. La gracia de Dios actúa en las almas que le son dóciles, y de ello tenemos claros ejemplos, los mártires, a lo largo de toda la historia de la de la Iglesia, ejemplos que gozan de un lugar preeminente para estímulo nuestro; pero también otros tantísimos que sin llegar al martirio han sido huella nuestra y que se han cruzado por el camino de nuestra vida, haciendo gala de alguna virtud que ha iluminado nuestro caminar hacia Dios.          

El Señor nos enseña a como hemos de enfrentarnos a las pruebas. Cuando es tentado en el desierto y cuando es apresado. A lo largo de nuestra vida, afrontaremos pruebas con más o menos éxito; es decir, las superaremos o no según como nos enfrentemos a ellas. Si contamos con nuestras propias fuerzas, es posible que fallemos. Siempre, siempre, hemos de contar con la ayuda de Dios, la oración y los sacramentos, pues somos frágiles, como barro quebradizo.

“Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”. Paciencia y gozo y la mirada puesta en el Señor. Nunca las pruebas, como las tentaciones, serán más fuerte . Pero para afrontarlas hemos de contar que Dios está a nuestro lado. Aunque la Carta se dirija a los judíos conversos, va también para nosotros y para los que vengan después. Pues  aquí nos representan a toda la humanidad; lo mismo ocurre con los evangelios, que todos los personajes que aparecen no está ahí por casualidad o por novelar los textos, sino que nos representan: los leprosos, los fariseos, el centurión romano…los que reciben a Jesús con palmas y vítores, los pastorcillos, la viuda que hecha la limosna, quienes vociferan contra Jesús… todos nos representan de alguna manera a cada uno de nosotros. Hasta podemos decir que somos nosotros mismos.

Santiago les pide paciencia y ponerse en manos del Señor. Además les da la clave del éxito: LA FE.  Desterrar la duda, mala consejera  y compañera. Pedir con Fe sin dudar que entonces el Señor nos dé lo solicitado, contrario a lo que sucede si nos invade la duda, entonces “el Señor no dará cosa alguna” nos lo advierte el Apóstol. Si vemos los milagros realizados por Jesús, en todos interviene la Fe. “¡Señor si quieres tu puedes!”, le dice el padre de aquel joven lunático” y Jesús viendo la fe de aquel padre, sana a su hijo. Y el pasaje del centurión: “No soy digno que entres en mi casa, pero una palabra tuya basta!”, que repetimos en la comunión en nuestros días.

Siempre el Señor está dispuesto a ayudarnos, nos lo dice el Apóstol: “da a todos abundantemente y sin reproche”. Eso sí “pero pide con fe, no dudando nada”. Pedir como si ya nos hubiera sido concedido.

Muchas veces actuamos como si el Señor estuviera aun tras la losa del sepulcro y no es así. La duda es negativa, es mala consejera y mala compañera, pues como dice Santiago es “semejante a una honda del mar, que es arrastrada por el viento”, el hombre de fe es recio, resistente y no maleable, se deja acompañar de la oración y los sacramentos, que le fortalecen; el que duda, todo lo contrario, practica vagamente los sacramentos y la oración, y va perdiendo fuerza, vive de las reservas espirituales y como dice el apóstol es “inconstante en todos los caminos”, tanto espirituales como terrenales.

También hace referencia en su carta a la humildad. Arrancar de nosotros la soberbia de la vida, “el hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación”. Viene a decirnos también, que aceptemos la condición en que vivimos, no andar quejándonos, que lo llevemos con humildad y paciencia. No alabar la riqueza ni desear esta desordenadamente, porque es un ídolo que se levanta en muchos corazones a la vez que destierra a Dios de su lugar. Humildes de corazón, nos lo dice el Señor en el monte de las bienaventuranzas.

El Apóstol nos pide que mantengamos la Fe fuerte, pidiendo ayuda al Señor. Nos pide que no convirtamos la Fe y la Oración en puras formulas ni en vana palabrería. Todo ha de salir del corazón, todo ha de ser un dialogo entre Dios y yo.

 

SOPORTANDO LAS PRUEBAS

“Bienaventurado el varón que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida”. El Señor nos da ejemplo de ello en el desierto. Tres veces le tienta satanás, de forma diferente y nos enseña a rechazarle. Jesús es la Palabra de Dios, pero no vino a dejar solo su palabra, sino también su ejemplo de cómo cumplirla, de darla vida para que esta no fuera un puro formulismo como habían hecho los escribas y fariseos con la Ley.

El Señor sabe que la principal piedra en la que tropezara el hombre es la tentación, viene desde origen que tuvo como consecuencia el pecado original. Este es el papel que juega satanás, que sabe dónde están nuestros fallos, por donde podemos rompernos y por ahí ataca. El Señor permite ser tentado para enseñar cómo debemos responder y en caso de caer podemos levantarnos. Con firmeza y con su ayuda podremos siempre vencer; nunca lo lograremos si pretendemos luchar solos, con nuestras solas fuerzas, dejando de un lado la oración y los sacramentos.

Bienaventurado el que resiste. Bienaventurado el que lucha, el que cuenta con el Señor, el humilde que pide ayuda al Señor.

Precisamente los que se rompen son los que por soberbia se creen fuertes, los que niegan la existencia del diablo. Aquí este otro problema, ya que una de las victorias de satanás es el haber logrado que el hombre crea que no existe, con lo que tiene el camino expedito en muchas almas.

Sabias son las palabras del Apóstol quien nos anima a luchar y además nos adelanta el premio: “la corona de vida”; es decir alcanzar el Cielo, gozar eternamente de Dios en su Gloria que nos ha ganado a coste de una Pasión cruelísima.

Aquí nos recuerda que toda buena obra nuestra nos viene de Dios a través del Espíritu Santo, que es quien nos inspira a hacer buenas obras, a hacer el bien. Nos pone en guardia sobre la vanidad en la que solemos caer al pensar que las buenas obras y las acciones buenas proceden de nuestro corazón y de nuestro buen hacer. Gracias Señor por inspirarme las buenas obras que puedo hacer. Sin ti nada soy, sin ti sería incapaz de dar un paso. El trabajo del Espíritu Santo es santificarnos, para ello debemos dejarnos ayudar y escuchar sus inspiraciones. “todo don perfecto viene de lo Alto”.

HACEDORES DE LA PALABRA

“pero sed hacedores de la palabra, y no solamente oyentes”, pues de que sirve solo escuchar si después no se lleva a la práctica, si luego lo oído no se transmite para que en otros produzca. El Apóstol nos invita a poner en practica la Palabra de Dios a ejemplo de los pastorcillos, de la mujer Cananea, de tantos sanados por el Señor, de tantos y tantos que han hecho posible que la Palabra de Dios llegue a nosotros.

A ejemplo de ellos, hemos de ponerla en práctica primero en nosotros y después transmitirla, pues la Palabra de Dios no es un tesoro que guardamos bajo tierra o en un banco, sino que ha de producir y repartirse, gratis se nos ha dado y gratis hemos de repartirlo.

El Apóstol nos recuerda que la fe sin obras es una fe muerta. La Fe y las obras deben estar en comunión, deben ir de la mano. No pueden ir por camino distinto; es decir, no podemos decir que tenemos Fe y las obras son una autentica ruptura de la Ley de Dios. El Apóstol Santiago llama Bienaventurado a aquel que observa la Ley de Dios y permanece en ella. No hay Fe si no hay caridad, no hay misericordia, si pasamos de largo como en el pasaje del Buen Samaritano, si dejamos a quien sufre o pasa necesidad,.

Perseverar en la Palabra de Dios, significa ser constante en ella. ¿Cómo podemos ser constantes? A través de la Oración y la práctica de los Sacramentos: Eucaristía y Penitencia, que además de hacernos constantes, fortalecen el alma. La inconstancia lleva a la frialdad y esta al pecado. Nos lo advierte el Apóstol, “el que observa atentamente la Ley y persevera en ella, será bienaventurado”, es decir, gozara de Dios por toda la eternidad y antes aquí en la Tierra, ya que no hace esperar al bienaventurado para saborear su cariño.

Y la perseverancia nos llevara con la ayuda de Dios a practicar las virtudes y las obras de misericordia, porque veremos a las demás personas como nuestro prójimo. Por ello nos invita a practicar la caridad, virtud muy querida por Dios. De todo nos ha dejado ejemplo el Señor durante su vida pública, cabe recordar como Jesús un sábado al salir de la sinagoga, va directamente a casa de Pedro y cura a su suegra enferma. Tenemos que acercarnos a los Evangelios, son una autentica fuente de riqueza para el alma.

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