EL CAMINO DE EMAUS
12 Abril 2018
Miraba mi cuaderno de notas, era como mi disco duro externo. Había anotaciones de todo tipo: recuerdos de personas que había conocido, personas que habían marcado huella, recuerdos imborrables de mi familia, mi trabajo, anécdotas… de entre ellos había uno muy especial para mí. El apunte estaba dedicado a…, bueno de María José; es, como definirla… otro de esos ángeles que se cruzan en tú vida para decirte que Dios te ama siempre y como en el cuatro de Miguel Ángel, acerca Su dedo al tuyo para darte la Vida en todo momento y en cualquier circunstancia en la que uno se encuentre.

Era una joven muy alta, me sacaba, por lo menos, unos seis centímetros. Buena estudiante en su etapa colegial. Paso con buena nota a la universidad. Le gustaba Derecho, comenzando esta carrera con toda su ilusión. Pero como tantos otros, creemos que el mundo entero está rodeado de un aura de santidad y ese otro mundo que existe también, espera como león rugiente.
Por aquella época, igual que ahora andaban los depredadores en busca de sus víctimas, sin importarles la edad. Hoy se han extendido a los Colegios. Buscan nuevo jóvenes: chicos o chicas, para adentrarles en el mundo de las drogas. Fiestas, fines de semana, largos ratos en las discotecas, bailes en las pistas menos iluminadas, unas palabritas románticas en el oído y la presa iba cayendo lentamente. Luego venia el hacer probar el “polvillo” aparentemente inofensivo y ellos se sentían bien, como en otro mundo. Poco a poco se sentían traídos por ese polvillo y que pasaba a formar parte de sus vidas.
Ahora debían pasar a pagar por el polvillo, que les iban subiendo el precio según la atracción que este sintiera. El mundo de María José había dado un giro de 360 grados. Ya abandono la Universidad y su “novio” se fue alejando de ella, hasta desaparecer. Me hubiera gustado encontrármelo, sin duda.
María José termino cayendo en una profunda crisis. El padre la llevo al médico al ver el estado en que se encontraba su hija y éste la envió con urgencia al psiquiatra, quien poco a poco la fue recuperando.
- Saldrá, pero le quedaran secuelas. Ha sido muy fuerte. Así es la droga. Pero su hija se recuperara en un 85 % (dijo el médico).
- ¿Podrá hacer vida normal? (pregunta el padre). - Totalmente y podrá conducir, nadar… menos deportes peligrosos y de altura como escalar... el medicamento es fuerte pero efectivo; de momento que camine, tome el sol, se relaje, que vaya con alguien de confianza. (termino el médico), y que no deje de tomar los medicamentos. Que se tome un año sabático y después a estudiar.
- Gracias, vigilare la medicina (dijo el Padre).
- Que vuelva en 30 días, salvo por necesidad, le atenderé en cualquier momento.
- Gracias. (dijo el padre?
Mª José iba mejorando su salud y recuperando, no sin poner de su parte esfuerzo. Pasaba con bien las visitas al psiquiatra, que se tomó el caso de Mª José con todo interés. Y la fueron sacando adelante. María José era otra vez María José.
Al año ya conducía, siempre acompañada. Mantenía conversaciones con plena normalidad. Solo en el habla se le notaba un mínimo estropajoso, por efecto de la medicación. Normal.
Ahora Mari ángeles, amiga de la familia y entusiasta de los jóvenes y parte importante en la recuperación de la joven, con el permiso del padre iba a dar un paso nuevo; nos presentó pues quería hacer algo; y nos encargaría un trabajo, que ambos aceptamos. Yo ponía la gasolina y ella el coche, pues no me gustaba mucho conducir.
En San Andrés, había un señor de 82 años que deseaba rezar el rosario. El trabajo, era ir a rezar con él. Estaba impedido, en una silla de ruedas, pero quería rezar Rosario con jóvenes . Siempre él y su hija, que le cuidaba, nos recibían con cariño. Rezaba el rosario y de vuelta me dejaba en casa. Ella se sentía feliz.
Entre semana solía ir a Misa a la parroquia de D Miguel y después de vuelta a casa. Nunca hablamos de lo sucedido en el pasado. Era historia pasada y estaba construyendo una nueva, paso a paso y ella estaba en una casi completa recuperación. Quedaba un último trecho, un esfuerzo más.
Siempre se la veía alegre. Un miércoles , me llamo para ir a Misa. Comulgamos y ella se quedó un poco más ante el sagrario. La esperé. Salió alegre.
- Hoy iré a casa de mi tía, aquí en la avenida (dijo ella)
- Te dejare en el portal ( la dije). Total está a un paso.
- Gracias, por todo lo que has hecho y haces. Mari ángeles y tú sois mis mejores amigos. (dijo ella) nos despedimos. n y cada uno a su casa.
A las dos horas, suena el teléfono - Diga (dije)
- Soy Mari ángeles, que María José ha muerto (dijo agitada)
ó- ¿Cómo va a ser eso, si la deje en su casa, después de Misa, donde Comulgó y se quedó un rato haciendo oración? (dije, traumatizado y tembloroso)
- Se asomó al balcón a fumar un cigarro y por efecto de alguna de las pastillas que le producían vértigo, debió sufrir algún mareo y cayó al vacío. (me dijo Mari ángeles).
María José, hoy descansa en la paz del Señor; sus sufrimientos se han convertido en alegría y sus tormentos del pasado, en la auténtica Paz que solo Dios puede dar. El miserable habrá sido perdonado por ella y la imagino rogando a Dios por su conversión. En el cielo se trabaja así.
Esta es la maldad de la droga, llámese como se llame, si no se conciencian los padres, los profesores, las autoridades, poco o nada podrá hacerse. Lo peor, es que mañana veremos una juventud tocada y rota por este veneno.