EL CAMINO DE EMAUS
13 Abril 2018
Hay veces que la gente se pasa de tierna, pero que nunca debe tomárselo a mal, ni calificarlos de pringosos, por el excesivo cariño que muestran hacia uno. Y lo hacen con la mejor de sus intenciones. No por eso debemos rechazar sus gestos. La gente debería ser siempre tierna, ese es el oficio del prójimo, estar atentos a los demás; pero ojo con los que se disfrazan de “prójimo”, cuyo fin es aprovecharse de quienes ellos denominan “primos” ( gente que se piensa que todo el mundo es bueno); no melosa con el prójimo; evitar los gestos duros y groseros, las malas educaciones Pero bueno de todo hay en la viña del Señor. Si el mundo fuera como debería ser, todos nos llevaríamos bien; todos sabríamos agradecer hasta la más pequeña muestra de cariño por empalagosa y pringosa que esta fuera. Pero esta virtud, la del agradecimiento, parece haber sido arrinconada, o metida en el baúl de los olvidos. Siempre hay algo que agradecer, por pequeño que sea lo que nos hayan dado o enseñado. Quien nada tenga que agradecer, que levante la mano, dudo que haya alguno que no la levante . Pues el agradecimiento va dentro de esa enorme bolsa que es la educación, que es lo que poco a poco, en pequeñas dosis, nos van dando y moldeando nuestros padres, para que mañana seamos en la sociedad fiel reflejo de ellos.

Desgraciadamente, según corren los vientos, la educación es un valor a la baja. Si la educación la metiéramos en bolsa, estaría en números rojos. Abunda la grosería, eso de ceder la derecha a una persona mayor ¡que va!, y el ceder el asiento en el autobús a una señora, ¡ menos!; algún milagroso caso se da, ¿pero es que no hay igualdad de derechos?... y así va la vida.¿ Pero que es la educación?. Algo del pasado; algo que en el Colegio encadenaron a la Conducta y a la Urbanidad, el gobierno de entonces y “los curas”, como me decía uno. ¡Vale pues ¡: que cada uno haga lo que quiera ¡. A veríamos los resultados.
Pero esta no es la historia. Es otra más sencilla, que para algunos no les diga nada. Resulta que un día, cuando íbamos al Colegio de los Jesuitas de Valladolid,( el uniforme era algo tétrico. Pero quizás no pensábamos en ello. Hoy eso de los uniformes se ha acabado, en algunos Centros privados se conservan. Pues quedan bien) el uniforme era un poco fúnebre como dije, todo negro, salvo calcetines y camisa, ¡hasta la corbata!. Luego hubo un cambio, ¡por fin ¡ se cambió la corbata, a la que se incluyó el escudo del Colegio.
Pues bien, íbamos camino del Colegio, y una señora nos paró, nos hizo sendas caricias en la cabeza a la vez que nos decía : “pobrecitos, tan niños y ya huerfanitos”. Aunque nos sentó mal, hoy reconozco que la pobre señora lo hizo con cariño. Y gracias a Dios, nos quedan muchos años de disfrutar de nuestros padres.
Queda gente cariñosa, pero entre la juventud ¡ay!, ¡ay!, ¡ay!. Los padres no deben temer hablar con los hijos, y mucho menos, marcarles las líneas que deben seguir.