EL CAMINO DE EMAUS
24 Abril 2015
~~ELSITA, EL AMOR A SU ABUELO
Tras la sonrisa de un niño o una niña, está la sonrisa de Dios. Esa sonrisa es un mensaje que Dios nos manda para decirnos que nos ama. También, el premio por una buena acción. ¿Qué pasaría si repentinamente los niños dejaran de sonreír? No sería normal, al menos lo veo yo así.
El Señor nos dice que “sed como niños” para entrar en la gloria de Dios, porque ellos tienen el corazón limpio y el alma pura, sino nos hacemos como ellos, lo tendremos difícil. Y eso decía La Madre Teresa de Calcuta: mientras en el mundo exista la sonrisa de un niño, es que Dios nos ama.
Les contare una historia real, protagonizada por una niña de cinco años, mi sobrina Elsa, de la que cada uno saque sus consecuencias. No es un cuento, ni una invención, ni algo que sacado de la manga en un momento que tenía ganas de escribir, ni pretendo contar una historia para hacer creer a los creyentes tibios… no, es una historia real.
Antes de nada, decir que Elsa sentía un cariño muy grande hacia su Abuelo, mi padre, Luis, a ambos se les iluminaban las caras cuando se veían. Cuando venía a casa, jugueteaba con nosotros y nos hacia los mismos juegos que la señorita les hacía en el Colegio. Nos hacía preguntas y si nosotros no las contestábamos, porque no las “sabíamos”, nos decía - ¡A pensar! Y nosotros de cara a la pared, hasta que nos volvía a llamar a ocupar nuestros puestos. Al único que no castigaba era a mi padre, pues lo quería con locura, era el enchufado de aquella maestrita tan pequeña.
Siempre habíamos tenido la costumbre, desde el fallecimiento de nuestra hermana Margarita, después de luchar contra el cáncer durante diez años, sin oírla la más mínima queja y sin que perdiera la sonrisa, subir al cementerio a poner flores y rezar un rato. Esa misma costumbre la continuamos tras el fallecimiento de nuestro padre. Después les contare otra historia real protagonizada por Elsita.
El día era primaveral, algo que buscan los peninsulares, que aprovechan cuando aparece algún puente para viajar y buscar las caricias del sol que solo saben dar las islas canarias.
Llevaban a mi madre para que se aireara y se distrajera. Enseguida Elsita y mi madre chapoteaban en el agua. Ahora era mi madre el ojito derecho de la niña, que tenía como un sentido especial para quitar el sufrimiento que mi madre llevaba dentro y esto lo leía Elsa en el corazón de nuestra madre.
Aquel día ni una nube. Un cielo azul que atrajo a la pequeña.
- Abuela mira el cielo (le dijo repetidamente la pequeña señalando con si índice un punto del cielo. Ella miró).
- Si, hace un día muy bueno, por lo menos, un una nube respondió la abuela).
- No, abuela, no. ¿No ves nada? ¿No ves a Luis sonriendo? Nos está mirando (dice la niña). - Mira, arriba. Ahí, donde te señalo (le indicaba Elsa). A nuestra madre le recorrió un escalofrío al escuchar las palabras de la pequeña). Me contaron el episodio y se me nublaron los ojos. Contuve esas lágrimas que la emoción produce. ¿La pequeña había visto a nuestro padre?. Existe el mismo porcentaje de negarlo como de creerlo. Yo acepto lo que vió la niña, porque una niña de esa edad no es capaz de premeditar un hecho de esa categoría; en segundo lugar, no habían hablado de nuestro padre, se limitaban a jugar con el agua de la piscina de los pequeños; que el comentario surgió de manera fortuita.
Basado en este relato, el padre elaboró una tarjeta en a que se veía un cielo azul, a la que añadió una nube y tras ellas se veía sonrientes a mi padre y a Elsita. El alcance de los ojos del alma de los pequeños, es capaz de atravesar el universo y ver lo que nosotros o alcanzamos. Por eso dudamos y nos reímos de muchas cosas mientras decimos “son cosas de niños”