EL CAMINO DE EMAUS
16 Abril 2015
~~VOLVER A CASA
Ese día, Yolanda se levantó más pronto de lo normal. En pleno otoño, levantarse a las seis de la mañana es criminal. Tras una ducha caliente te espabilas. Ya hacía semanas que había que utilizar ropa de invierno.
Apareció la dueña y con un gesto serio, le indicó que se apartara de la ventana: “¿No recuerdas las normas?”. Yolanda asintió. “Pues ándate con cuidado”. Ya había probado los correctivos que empleaban los secuaces que cada semana les “visitaban”. Ese era un día que todas andaban nerviosas. No se sabía a quién le tocaba. Cualquier cosa podía considerarse una ruptura de las normas con el consiguiente castigo. Solo se oían los gritos y golpes. Sabían dónde pegar y cómo hacerlo. Eran expertos en no dejar señales en el cuerpo, solo en el alma. A la dueña no le dolían prendas en “chivarse” lo más mínimo. Luego los libros de contabilidad, donde quedaban marcadas las horas trabajadas por cada una y con arreglo a ello las llamaban a solas. y si alguno les daba un extra debian entregarlo tambien. Yolanda ya había pasado por algunos de esos “juicios” y recibido los “correctivos” correspondientes. Algunas se salvaban por ser los “ojitos derechos” de las dueñas.
Se procuraba evitar hacer críticas delante de ellas. La tristeza y los nervios la apretaban, se acercaba la hora. Estaba prohibido despedirse, por ello las demás chicas permanecían en sus habitaciones.
Según los previsto a las 8,45 aparcaba la furgoneta, verde oscuro frente al portal del chalet, tapado por dos setos que lo “protegían” . Bajó el copiloto el conductor quedaba dentro.
- ¿Está todo preparado? (preguntó aquel hombre, fuerte, de pelo largo, despeinado, sus manos eran grandes y fuertes. Era extranjero. Al menos por el idioma parecía ruso o rumano. Son más duros y mejor pagados, por su efectividad y facilidad para que con una sola mirada las jóvenes cumplieran con las normas previstas para el “negocio”)
- Si, ya está todo. (Dijo la dueña) - Pues nos vamos. Dile a la chica que coja las maletas y las baje a la furgoneta.
Yolanda salió del chalet y el conductor, le dijo de mala manera: Tú detrás. Lo que hizo sin mediar palabra. Salió el chulo y se montó al lado del conductor
: “Vámonos”. Yolanda estaba con miedo. El coche arranca y cuando comienza a caminar, cerca de 15 hombres armados y varios coches que se colocan a su altura, les impiden maniobrar. Otros entran en el chalet.
El chulo palideció. Yolanda respiro. Uno de los policías le dijo: “Venga conmigo señorita”. Y la metió en uno de los coches policiales. De dentro se escuchaban los gritos e insultos de la dueña. Veía volar el “negocio” tan lucrativo a costa de jóvenes chicas. Varias horas duro la operación. Habia que recoger todo lo que pudiera ser una prueba orgnizándolo en cajas. El Comisario General de extranjería sonreía; pues a la misma hora, en otras cuatro provincias se había desarrollado la misma operación con éxito, además lo mismo había ocurrido en el país de origen donde se habían detenido a los cabecillas.
Llevadas a la Comisaria se les ofrecio a las chicas un café o un té y un sándwich. Iban pasando a unas habitaciones donde se las tomaba declaración. En departamentos apartados, estaban el conductor, el chulo y la dueña. El Comisario General hablo con el Jefe Superior y este con el Juez y el fiscal, quienes se felicitaron por haber roto una de las redes más importantes de trata de blancas.
Fue un palo contra una red criminal que venía obteniendo más de un millón de euros al año.
Ahora volvía con sus pensamientos al pasado. ¿Cómo sabian su deuda?. ¿Cómo a una persona con deudas se le ofrece un trabajo y además fuera de su país?. ¿Cómo fui tan tonta para dejarme engañar o a menos sospechar?.
Mientras esperaba en Comisaría, se hacia mil preguntas y la respuesta: fui una ingénua. Pero ya no tiene remedio. Unas se prostituyen porque quieren, otras contra nuestra voluntad. Y las deudas nunca concluyen, como pasa con los prestamistas, los usureros del ayer, vampiros sin conciencia que no les duele pner bajo un puente a toda una familia. Funcionarios corruptos que se venden a los explotadores del sexo para que se les pase información de las jovenes endeudadas.
Sentía vergüenza de si misma por lo que había hecho, aunque fuera obligada. El haberse rebajado a los instintos mas perversos de mentes “enfermas”. ¿Podía haberse escapado?. Faltó valor. ¿Podía haber comentado a algún cliente lo que pasaba?. ¿Pero en quien confiar?. Sin duda alguien vió.
- Yolanda, pase por favor (un inspector le hizo una señal para que pasara a una sala, mientas la dueña salía esposada, con cara de muy pocos amigos) - Haber tu que cuentas, sino saes lo que te espera (dijo amenazadora).
- La verdad y es a usted lo que le espera. hay maneras honradas de trabajar y ganar dinero, no acosta nuestra. ( el policía dio un tiron del brazo de Yolanda)
- Tu no hables con ella, solo con nosotros ( le dijo). cuando terminó, algunas de las chicas se acercaron a ella y la abrazaron, otras, tres ni se movieron.
-¿Ahora de que viviremos, lo habéis pensado, imbéciles?. (dijo una de ellas)
- Pues vive de lo mismo, ya sabes como hacerlo. nosotras somos libres. Hubieron de ponerse varios policías por medio, para que no llegaran a las manos.
- ¿Libres?. Nunca lo sereis ( dijo sentenciosamente).
Yolanda ensaba, si todo el mundo viera la verdad, se daría cuenta que no todas estamos por vicio