EL CAMINO DE EMAUS
20 Abril 2015
~~EL FUNCIONARIO DE PRISIONES
¡Por fin san viernes! Amanecía un nuevo pero distinto día de trabajo. Los viernes seis horas y por delante un fin de semana largo. Antes debía subir a la ciudad universitaria a recoger los resultados de los exámenes, aunque esperaba que la filosofía estuviera suspendida, bajo cero. Miles de veces se había preguntado, por qué debía de estudiar el pensamiento de otros, le bastaba como pensaba el: Kant, Hobbes, Maquiavelo, que pensaran como quisieran.
Por la tarde salió par a comprar un libro que le habían recomendado: el regreso del hijo prodigo, de Henri J Nowmen, un estudio para meditar basado en un cuadro de Rembrandt, del que luego repartió unos doce libros.
Fue a ver a Isabelita, amiga suya y que trabajaba en una librería a la que iba desde hacía años. Isabelita era una persona muy especial. Cuando quedo embarazada y tras sucesivas revisiones, al fin le iban a decir si era niño o niña.
- Buenas tardes (dijo la ginecóloga) - Hola, estamos nerviosísimos, esperando saber si niño o niña (dijo Isabelita)
- Verán, no tengo buenas noticias (dijo la médico con seriedad) - ¿Qué pasa pues? (Preguntó el marido)
- Verán, el niño tiene malformaciones. Están en el límite de poder abortar, si lo deseas
- ¿Qué clase de monstruo es usted? Tendremos el niño con o sin malformaciones. Me daría vergüenza ser médico y ofrecer la posibilidad de matar a un niño enfermo. (Dicho esto se levantó, cogió a su marido y salieron. La ginecóloga quedo sentada sin saber cómo reaccionar. Luego el niño nació saludable sin malformaciones. Gracias al fallo de la ginecóloga, le habían preparado el cuarto adecuado para el niño que venía, poniendo todo el cariño. Hay quien decía que pudo ser un milagro. Solo Dios lo sabe. Pero desde el principio le dijeron SI a Dios; aceptaron como viniera el niño. Todos los que conocíamos a Isabel, no nos sorprendió la aceptación del niño cuando le dijeron como iba a nacer.
Cuando llegaba a la librería, escucho sollozos, gritos “¡No me pegues más!” y sonidos de bofetadas. Salían del cuarto piso, del edificio frente a la librería. Entro en la librería.
- ¿No escuchas eso Isabel? (le preguntó)
- ¿El qué? (respondió ella) - Están agrediendo a una mujer. (Ambos se asomaron y lo escucharon) Vieron poco más adelante un vehículo del 091 aparcado. Él se dirigió al vehículo policial, cuyos ocupantes estaba tomando café. Realmente hay que decir que donde se encontraban los policías no podían escuchar lo que estaba sucediendo.
- Están agrediendo a una mujer en un edificio poco más adelante. Los policías se levantaron sin terminar el café. Les señalamos el edificio y ellos mismos comprobaron que era cierto, así que llamaron a los timbres de los pisos
- Somos de la policía, abranos. (subieron corriendo cuando llegaron llamaron a la puerta)
- Abran por favor, somos de la policía. ( Dijo uno de ellos)
- Váyanse por favor. No pasa nada (dijo una voz femenina)
- Señora hemos oído todo desde abajo. ¿Quiere denunciar? (Requirió el policía)
- No hay nada que denunciar (dijo ella. El policía volvió a insistir y ella volvió a negar).
- Nada podemos hacer si no hay denuncia de por medio. Asomado a la ventana del cuarto, aparecía un hombre, pelirrojo, con gafas y sonriente. Le dio una rabia veré la mofa, que sacando un tapón de botella que casualmente llevaba en el bolsillo
- Esto te lo mandare cuando este en la cárcel.
- No diga nada, puede denunciarle por amenazas y aun teniendo usted razón, el juez se la dará a él. (dijo uno de los policías).
Se trataba de un funcionario de prisiones. Pero ese cargo no le daba derecho a hacer lo que hizo. Nada se puede hacer sin denuncia. ¿Por qué no quiso denunciar aquella mujer? Se preguntaba. ¿Porque no denuncian las tantísimas agresiones que permanecen en el anonimato? Isabel le había dicho que porque temen quedarse en la calle o en una casa de acogida? ¿Reciben ayuda económica. Todo esto revoloteaba en su cabeza. Es tremenda esta vida. Un infierno que ni en el mismo infierno se debe padecer.