EL CAMINO DE EMAUS
3 Enero 2015
PADRE, PERDONALES, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN!
Dios nos ha elegido para ser la unión entre Él y el mundo. Debemos ser los pies, las manos, la voz, el cariño…que debemos extender por el mundo hacia los que no le conocen. Pero muchas veces a lo largo de nuestra vida, olvidamos lo que debemos ser y para que estamos aquí. Olvidamos que nos ha elegido, como eligió a lo Discípulos. ¿Soy luz?. ¿ O simplemente una bombilla fundida?. ¿Soy sal? ¿O simplemente un puñado de materia blanca desabrida? Si somos una bombilla fundida que jamás dará luz o materia desabrida, que para nada sirve, dañamos no solo a la Iglesia de Cristo, sino también a los planes de Dios para los que me habían elegido o te había elegido, y a la vez, dañamos a la Iglesia, por el mal ejemplo dado. Y por ese mal ejemplo, muchos se habrán apartado del camino.
Realmente he fallado y le he fallado a Dios y he fallado a quienes me conocían a quienes he tenido en Catequesis, a quienes no creían y me conocían y esperaban de mi mucho más, y no esperaban que torciera mi camino, como no lo esperaba mi familia. Ni tú, estimado amigo lo esperabas. Te diré, que yo tampoco esperaba ese cambio, del que retorno. .Es como un león con su presa entre sus fauces. El pecado no es un hecho simple, que no tiene importancia. Un pecado, lleva a otro pecado, la acumulación de pecados veniales, enfría el alma y puede llevarnos a cometer un pecado mortal y tras este llega otro y otro, que apagan el fuego del alma. Entonces somos como el paralitico de Cafarnaúm, que ya no podía valerse por sí mismo.
Un día, cuando salía de clase, Giovanni Pappini, vio una puerta semiabierta y miro a través de ella. Escucho como el profesor les estaba hablando, a los alumnos, del cuarto mandamiento y se preguntó; “ ¿Porque mi padre me prohíbe acudir a una clase, donde te enseñan a amar a tus padres?. Desde ese día no se perdió una clase de Religión convirtiéndose, para disgusto de su padre.
¿Sabemos que cuando pecamos de qué manera ofendemos a Dios?. ¿El alcance de la ofensa?. ¿El agravio que hacemos a Dios?. Desde luego, el enemigo común pone su parte, pero la ofensa es culpa nuestra, por no poner los medios para evitar la tentación. Y nunca la tentación será tan fuerte que nos supere hasta la extenuación, porque Dios no lo permitiría.
Perdí el norte paulatinamente y me fui de casa airadamente. Rompí el cuarto mandamiento y otros además del octavo, el sexto, el noveno… y esto me llevo a romper con el primero: amaras a Dios sobre todas las cosas. Pues si rompes con alguno de ellos, sería una falsedad decir que amas a Dios.
La humildad, es el jabón que lava nuestra alma, junto con las lágrimas con que comencé mi Camino de Emaús. Estamos tan perdidos en el mundo de las cosas, que tal vez no pensemos que estamos rechazando a Dios, que nos declaramos enemigos, a pesar de que El no nos tiene como tal a nosotros. Si así fuera no nos buscaría para llevarnos junto a El. ¿Nos damos cuenta que la ofensa a Dios, nos aleja de El y nos acerca al enemigo común, que busca perdernos para siempre?. Estamos tan nublados espiritualmente que nuestras acciones nos hacen que pase desapercibida la realidad en la que estamos.
Hasta en los momentos últimos, clavado en la Cruz, el Señor piensa en toda la humanidad y mas en los que le hemos traicionado, abandonado… y pide al Padre que detenga su brazo sobre esta humanidad desagradecida que ha preferido el camino torcido,, el volver a morder la manzana de Adan y Eva, el aceptar ese mundo de desperdicios que le ofreció en una de las tentaciones, que rechazó y que nosotros, yo en este caso, acepté, pero que ha rechazado en esta continua lucha que es el caminar hasta ser llamados. “Padre Perdonales porque no saben lo que hacen”. Ve las traiciones de una humanidad desagradecida, desde lo alto de la Cruz. Intercede por nosotros, nos ama, nos llama, nos da una… oportunidades. El Señor no quiere perder a ninguno de los que el Padre le ha confiado.