EL CAMINO DE EMAUS
4 Enero 2015
NO SE ACEPTA LA VERDAD
Cuando, en alguna ocasión, realizamos un acto malo, solemos tender a no reconocerlo; lo mismo cuando nos desviamos del camino. Es como si nos pusieran una venda en los ojos, no reconocemos la verdad y si nos tratan de convencer, explotamos como una bomba. No aceptamos la verdad. Y aunque ciertamente la verdad nos hace libres, en este caso produce el efecto contrario, porque no queremos escuchar la verdad porque preferimos seguir por el camino que equivocadamente empezamos, porque no queremos reconocer el camino que hemos tomado, porque contumazmente queremos seguir en el.
Parece mentira que decir que “ la verdad engendra odio” a primera vista, sea real como la vida misma. Y se cumple a diario. Lo que pasa que circula delante de nosotros sin que nos demos cuenta o no queramos dárnosla. Y esto a más de uno nos ha ocurrido.
Quien no se ha sentido ofendido cuando le han “cantado las verdades del barquero”. A todos o a casi todos nos han llamado la atención cuando nuestro proceder no ha sido bueno y nos ha sentado como “un tiro”, que hasta hemos retirado la palabra y el saludo al autor de tal osadía.”Llamarme a mí la atención. Pero que se ha creído ese”.
Y hasta si nos ha sido posible, se la hemos cobrado y con creces. San Juan en su evangelio recoge estas palabras de Jesús: “… Y si os mantenéis en mi Palabra, eréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Y nos lo dice el Señor para que siendo testigos de la verdad, la extendamos sin ataduras, siendo libres de las que nos ofrece el mundo contrarias a la verdad.
El pecado es la ruptura con la Palaba y Mandatos del Señor. El pecado es la desobediencia a Dios haciéndonos esclavos del mal. Si persistimos en el mal, la esclavitud se va haciendo más fuerte, hasta el punto que no reconoceremos el bien y no aceptaremos la palabra de aquel que pretenda corregir nuestro camino. Y no solo no aceptaremos su corrección, sus consejos, sino que lo rechazaremos y nos enfrentaremos a él con todas nuestras fuerzas. La verdad engendra odio cuando no la aceptamos de los demás.
El ejemplo lo tenemos en los Evangelios. Escribas y fariseos no aceptaron la verdad que nos traía el Señor y no solo se enfrentaron a El, sino que con odio buscaron su muerte y no se detuvieron hasta verlo muerto clavado en la Cruz.
La verdad nos hace libres, cuando aceptamos las correcciones con humildad, rechazando la soberbia y nos acercamos al sacramento de la Penitencia. Sentiremos esa libertad en nosotros, que nos hará agiles. Viviremos de una forma diferente, sin las pesadas cadenas que nos impone la esclavitud. Bonhijffer decía: “ la verdad de Dios juzga lo creado por amor, mientras que la verdad de satanás lo juzga por envidia y odio”.
Nos falta humildad para reconocer nuestros torcimientos o cambios del sentido de nuestra vida. Nos sienta mal, cuando alguien, con toda su sinceridad, se acerca a nosotros para decirnos que ese camino que llevaos, no es el real, no es el que debíamos de llevar. Incluso que nos hemos separado del camino que nos llevaba a Dios. Yo tapé mis oídos muchas veces, desvie conversaciones cuando se tocaba este terma…. Es tremendo cuando cambias de camino, cuando pierdes el norte espiritualmente. La soberbia te hace no solo rechazar a Dios, sino también a quienes de corazón, se acercan a ti para aconsejarte. Debemos darnos un baño de humildad para quitarnos toda la suciedad que produce el pecado, que además de separarnos de Dios, nos separa de de quienes antes teníamos al lado.