EL CAMINO DE EMAUS
10 Enero 2015
~~VIVIR CON LA FE MUERTA
Nos damos cuenta tarde, si pensamos un poco; si vemos que nuestra vida esta inmersa en el pecado es que nos hemos acostumbrado a él. Nada mas peligroso, que tomarnos a la ligera el pecado, rebajarlos a carácter de fallo. Los pecados veniales se asemejan a una manguera que apaga un incendio. En nuestro caso, el incendio es el amor a Dios en el que debemos arder, la Fe. El pecado venial, al acostumbrarnos a cometerlos, van apagando ese fuego.
El pecado venial, puede llevarnos, por costumbrismo, a cometer un pecado mortal y al ver que nada pasa, damos paso a cometer otros. Aparentemente no pasa nada. Pero si, va apagando nuestra fe y nuestra unión con Dios, ya que el pecado es el rechazo a Dios. Hasta que desconectamos con Él. Vivimos tan aprisa, que no nos fijamos en lo que Dios ha puesto en nuestras manos.
Pensamos que disfrutar de la vida, es tomar parte de todas aquellas diversiones que el mundo pone a nuestros pies, como nos describe el evangelista, cuando Jesús fue tentado en el desierto por satanás: ¡y poniéndole el mundo a sus pies…!.
Podemos divertirnos, pero muchas de muchas ellas, no son buenas, pues nos separan de Dios y nuestra alma inmortal se vacía de todo su contenido espiritual. Si pudiéramos tomar, en esos momentos, a temperatura de la fe, podríamos empezar a preocuparnos y hasta podríamos darnos con un canto en los dientes, si la ésta llega a los 36º. Pero para saber cómo estamos, no hace falta termómetro.
Quien toma la temperatura es la sinceridad consigo mismo que nos hará ver sin engaños cual es el estado de nuestra fe, si vive o no. Siempre queda un rescoldito, donde antes hubo fuego, por pequeño que sea y aún estamos a tiempo de reavivarlo, siempre con la ayuda de Dios y de nuestra Madre la Virgen. Donde ayer vivió Dios, en nuestra alma, aunque apostatemos, siempre queda algo de nuestro Padre. La apostasía es como si quemáramos un sagrario, ya que el alma es el sagrario, es la morada de Dios, es el Templo del Espíritu Santo y lo será siempre, hasta el fin de nuestra vida en la que recibiremos el .
Cada noche deberíamos examinarnos de los actos del dia, cuánto le hemos dedicado a Dios y cuanto a nuestro prójimo; teniendo en cuenta que lo dedicado al prójimo, es también dedicarlo a Dios. Ello nos llevara a ver si nuestra fe esta viva o por el contrario, somos unos zombis, que caminamos sin rumbo por la vida. Dios no nos pide que vivamos en las catacumbas, alejados del mundo; El nos pone los remedios para evitar aquellos peligros en los que nos puede sumir el mundo y si nos dejamos caer por sus tentaciones, nos da fuerza para saber levantarnos. Estamos a tiempo de resucitar la fe caída, volviendo a la oración y los sacramentos. Ellos son el alimento que la mantiene firme y viva. Algunos vivimos con el alma muera, pero con el cuerpo vivo. Vamos como marionetas.