EL CAMINO DE EMAUS
30 Septiembre 2013
Es muy difícil estar siempre contentos, alegres, contando chistes u oírlos y sobre todo en este periodo de crisis en el que nos han metido los políticos, incluidos los dirigentes económicos de la CEE que con sus comunicados han causado pavor y hundido casi las bolsas.
Mas de una vez he escrito que me gustaría saber sonrrerir si alguna vez surgiera alguna enfermedad terminal. No es que la desee o la pida; pedirla seria como algún tipo de reto y ofensa a Dios. El no manda enfermedades, ni castigos en forma de enfermedades, por la razón que el ha venido a nosotros para salvarnos y hoy nos da el mismo cariño que recibieron aquellos que en su vida Publica iban a oírle.
He visto a familiares y amigos, con graves padecimientos, sin una queja, siempre con una sonrisa porque no querían “robar” la alegría y la tranquilidad a su familia. He sentido cobardía; porque si me tocara el caso, seguro que no sabría sobrellevarlo; porque me gustaria ser como ellos; he sentido miedo, porque nunca he aguantado un simple dolor de cabeza ni de estomago o saber que la muerte me estará esperando a la vuelta de la esquina. Aunque esta es una realidad para todos. ¿La venceré? ¿Sere capaz de quitar la losa de mi sepulcro?.
¿Debemos olvidarnos de nuestros problemas, para pasar a pensar en los demás?. Teoricamente la respuesta es SI, nos lo dice el Evangelio, que es Palabra de Dios. Practicamente es muy difícil dar ese paso. Muchos otros lo han hecho. Se han olvidado de si mismos y han pensado en los otros que padecen. Si el dolor nos aqueja, presentemos nuestra sonrisa.
El cristiano debe ser alegre hasta en los momentos de máxima dureza; no hacer de la vida de los demás un infierno; no traspasarles nuestro dolor. Haber los hay y de ellos tenemos que tomar ejemplo.
Si fuera nuestro caso, deberíamos contagiar la alegría, pues tenemos muchas razones para la alegría, una de ellas el sabernos hijos de Dios; saber que después de esta vida hay otra mejor, que somos colaboradores directos con el Señor… pero nada de esto demostraríamos si nuestra vida fuera abordada por la amargura y la tristeza.