EL CAMINO DE EMAUS
28 Noviembre 2009
Dicen que el refranero es siempre sabio, y lo es; eso no quiere decir que siempre se cumpla al pie de la letra. Un compañero mío suele gustar de esta frase: quien nace lechón, muere cochino, si la aplicamos a la realidad, se cumple siempre, lógicamente. Pero no siempre en lo que hace referencia esta metáfora a las personas.
Cierto es, que en este mundo, ninguna persona está libre de pecado, salvo, ya sabemos, el caso excepcional de nuestra Madre, la Virgen María. Nadie, pues, está libre de pecado, que todos, de una forma u otra, hacemos a lo largo de nuestra vida cosas que están bien, pero también cosas que no lo están. Pero lo que no podemos negar, es que una de las propiedades del alma humana es la tendencia al bien, a la rectificación, al cambio; por tanto, la virtud del arrepentimiento, de cambiar el rumbo de su vida, de luchar por enderezar lo torcido. Pero también los hay que parecen divertirse haciendo el mal, disfrutan con ello, hasta, si les miramos, lo hacen con la mejor de sus sonrisas, y que se sienten mal, raros y desencajados cuando hacen algo bueno.
Menos mal que la contumacia no es un mal endémico en la persona humana; que no afecta a todos. Generalmente, el contumaz, el ajeno a los valores, a la caridad, a todo signo de arrepentimiento, será algo así como un profesional del mal, de forma que el mas mínimo acto bueno que haga, lo considerara como un borrón en su carrera de anomalías.
Nos pueden parecer que son muchos los que “Nacen lechones y mueren cochinos”, porque son los que más ruido hacen, pareciendo legión; pero la verdad, es que son muchos más los que caminan por la senda de la vida haciendo el bien, que no quiere decir que sean canonizables, porque los que procuramos trazar la línea recta en nuestra vida, seguro que estamos llenos de defectos, corregibles todos ellos. Pero eso sí, buscamos el arrepentimiento aunque cueste, porque el camino no es de rosas, es muy cuesta arriba.
Creo que la persona humana es capaz de cambiar, tiene al menos esa propiedad, y la tiene hasta el último momento de su vida. Si no fuera así, el Señor no nos hubiera dejado tan a mano el sacramento de la Penitencia, y hubiera cerrado la Puerta del Cielo bajo siete llaves, con lo que no se hubiera producido la terrible Pasión. Sin embargo c con su Pasión nos gano el Cielo y nos dio la opción del perdón una vez producido el arrepentimiento del hijo Prodigo.
Tal vez, si me dices que esa frasecita la aplicamos a la política, pues te diría que le viene que ni al dedo: si no veamos con que contumacia año tras año nos desgobiernan, como no quieren reconocer sus errores…
Conozco algunos lechones, ¿morirán “cochinos”? quien sabe, hasta he llegado a pensar que los que están rapiñando desde la política devolverán el desvalijamiento. Que ingenuo.