EL CAMINO DE EMAUS
24 Mayo 2012
Es la virtud que nos lleva a proseguir hacia un objetivo. Sin esta virtud el criistiano nunca progresaría en su lucha constante contra el pecado, y sobre todo, contra el origen de ellos, los pecados capitales. Sin esta virtud, seria imposible caminar en la propia santificación personal, a la que el Señor nos llama desde el Monte de las Bienaventuranzas, “Sed perfectos, como vuestro Padre es perfecto”. Con ello no nos quiere decir que el total grado de perfeccion lo alcanzamos aquí, ya que solo se logrará cuando estemos en la Gloria de Dios. Nos pide que luchemos, que trabajemos dia a dia con constancia, con perseverancia.
Tenemos como ejemplo esos hombres, mujeres, niños y niñas que por sus cualidades de vida cristiana ejemplar, han sido elevados a los altares. No quiere decir esto, que sean los únicos santos, ya que santo es, todo aquel quue ya goza de Dios en el Cielo. ¿Qué sabemos cuantos familiares, amigos y conocidos nuestros, son santos?. Por caridad, presuponemos que todos. No somos quienes para condenar a nadie, por muy mala que haya sido tal persona. La gracia de Dios es tan grande y su amor tan infinito, que tan solo en el ultimo momento de su vida, habiendo pedido perdón, en un acto de perfecta contrición ( deseo de ser perdonado), Padre Dios no le haya perdonado.
Es, la perseverancia, uno de los valores más importantes que hay que despertar en los jóvenes. Esta virtud le hace constante en todos los aspectos de su vida, no solo en el terreno espiritual, sino también en el laboral y social. Ya que la perseverancia en el objetivo de alcanzar a Dios, le marcará en el plano laboral. Siendo un perfecto profesional y en el social, siendo un ejemplo en el circulo que le rodea, marcando una huella que será para nosotros el indicativo que deberemos seguir.
Por eso hay que educar en los valores a los jóvenes desde el hogar. Una juventus vacia de valores, es una juventud que andara a la deriva, tratando de llenar su vacio con elementos en los que nunca le llenara, como por ejemplo las drogas, el alcohol, el sexo, las sectas… es grave responsabilidad de los padres en la educación de los padres. Los valores no aparecen por generación espontanea; puede que el ejemplo de otros, los despierten en nosotros. Pero los padres no pueden jugar al azar. De la misma forma que un sacerdote tiene la grave responsabilidad de salvar o condenar a sus feligreses, la tienen también los padres sobre sus hijos.
Escribia San Jose Maria Escriva : “No sabes si has progresado, ni cuanto… ¿De que te servirá ese calculo?... Lo importante es que perseveres, que tu corazón arda en fuego, que veas mas luz y mas horizontes… que te afanes por nuestras intenciones, que las presientas, aunque no las conozcas y que por todas reces”.
Perseverar en la oración, en el trato diario con Dios, en el respeto a los demás, en el trabajo profesional bien hecho y acabado, son valores en los que deben introducir los padres a los hijos; después, el resto del camino, deben ser los hijos los que lo lleven a la practica.
No es fácil, pues en nuestro camino de Emaus, aparecerán piedras, obstáculos, tentaciones; incluso desviarnos, pero tener la entereza de luchar por salir, no podremos solos, pero ahí está Maria luz, faro y guía y camino único y seguro para llegar a Dios.