EL CAMINO DE EMAUS
31 Diciembre 2009

Mirar atrás, en muchos casos, no es perder el tiempo, sino muy al contrario, es ganarlo ya que los hechos de aquellos cristianos ejemplares y sus estilos de vida, conformes siempre a la voluntad de Dios, nos marcan el camino del que, sólo nosotros, hemos de quitar nuestras propias piedras : egoísmos, rencores, violencias, vanidades, envidias, opresiones, injusticias, sensualidades, vanaglorias .... Que son los obstáculos que nos impiden ser como ellos, ser luz y ser sal y de otros muchos que no conocen o han perdido el camino. Además, iluminan nuestra jornada y nos estimulan para levantarnos de nuestras caídas, como sin duda lo hicieron ellos, pues santos no son los que no han pecado nunca, sino los que se han levantado siempre, sin dejarse abatir por el desánimo que produce nuestra propia, y a veces continúa, debilidad.
Como cristianos necesitamos alimentar cada día nuestra alma no sólo con los alimentos fundamentales que la van a hacer más ágil y fuerte: Eucaristía, Penitencia, Oración; sino también con los estimulantes ejemplos que nos ofrecen con sus vidas, como es el caso de nuestra fundadora Madre Alberta
Madre Alberta marcó con su vida una huella fuerte y claramente visible. El Papa Juan Pablo II reconoció las virtudes heroicas de su vida, elevándola al grado de venerable y se abriendo el proceso de beatificación. Por esto, no debemos mirar su vida con los únicos ojos de la historia o de la cultura y ver lo que supuso para la sociedad de entonces por su forma de entender la docencia y su aplicación, pues sería no entenderla, sería no descubrir nunca lo que Dios trata de transmitirnos por su mediación.
La vida y las obras de Madre Alberta van inseparablemente unidas a la Fe y a la voluntad del Señor. No pueden separarse una de otra. Es sobre la fe, sobre su total amor a Cristo, fidelidad a María, fervor eucarístico e incansable vida de oración sobre lo que fundamenta cada paso, cada pensamiento, cada respuesta, cada decisión, el amor que devuelve a aquellos que buscan afligirla y perjudicarla; " es como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca ", que dice el Señor (4) .
Si nos detenemos en la vida de Madre Alberta : ya novia, esposa, religiosa, fundadora, es para sacar consecuencias, ponerse en camino, llevarla a la práctica diaria, remendar rotos, corregir hierros, reconquistar las libertades perdidas por la esclavitud del pecado, restañar heridas... ¡ y para mucho más !, para escalar hacia la santidad a la que hemos sido llamados todos.
Aquí está también la misión de Madre Alberta. Pues su obra no se detiene exclusivamente en llevar las almas a Dios desde la enseñanza, sino también iluminarlas desde su ejemplo diario, con la práctica cristiana de la vida y que ella vivió en grado máximo. El Señor la llamó a ser luz y guía de las almas: las de ayer, las de hoy y las de mañana. Por eso no debemos encuadrar la vida de Madre Alberta en un tiempo o en una época, pues va más allá, y sólo la fe hará que alcancemos a verla y comprenderla, desde esa fe que ardía en su corazón de madre.
La vida de Madre Alberta es mucho más que una lección de historia que se inmortaliza en las páginas de un libro. La vida de Madre Alberta es una lección auténtica de fe, de amor, de entrega, de generosidad y de humildad.