EL CAMINO DE EMAUS
18 Diciembre 2013
Les parecía imposible, sin solución. En algunas ocasiones las misiones de apostolado nos pueden parecer situaciones sin salida posible, sin soluciones, misiones imposibles, difíciles. Desde nuestro modo humano de ver las cosas es lógico, nos pasa como a los apóstoles. Pero una cosa es cierta, ninguna misión de apostolado, en la que Dios nos coloque, es imposible. Revisemos la vida de los santos fundadores, donde encontraremos la respuesta. Y aquí está la única forma de nuestro actuar: la oración frente a las planificaciones y programaciones humanas. Ponerse en las manos de Dios y poner en las manos de Dios la obra de apostolado por pequeña y sin importancia, a nuestros ojos, que sea.
Se puede imaginar el aprieto en el que se encontraban los Apóstoles. Pero Jesús les sacará de él: “¿Cuántos panes tenéis?. Id a verlo” (MC. 6, 38). Tendremos que ir al Evangelio de San Juan para completar un poco más este diálogo: “Andrés el hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es esto para tantos?” (Jn 6, 9). Si echamos una mirada hacia atrás, al A.T., podremos ver en cuantas ocasiones sacó el Señor a los Israelitas de sus apuros cuando viajaban por el desierto hacia la Tierra Prometida. Ahora es Jesús quien les pone la solución a su falta de fe, a sus dudas y a sus olvidos.
El texto evangélico hace mención a doscientos denarios de pan, lo que supone una cantidad elevadísima y que seguramente no podrían llevar, ya que el sueldo o el jornal que recibía un jornalero alcanzaba el denario poco más o menos.
“Tomó Jesús los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Así mismo repartió los peces entre todos. Comieron hasta saciarse” (MC 6, 41-42). Nos enseñan que “ los mismos gestos del Señor al elevar los ojos al cielo, recuerdan a la Liturgia de la Iglesia en el Canon Romano de la Santa Misa”.
Los teólogos sitúan esta escena en la primavera y en vísperas de la Pascua. “Primavera una estación que es larga en Palestina. Y a finales de enero florecen los almendros. En febrero y en marzo sigue la familia de las anémonas de todos los colores. A orillas del lago se abren sus flores; en abril, las adelfas y los nenúfares rojizos afloran sobre las aguas azuladas... Los trigales se pueblan al mismo tiempo que las amapolas...” Jesús quiere, también, enseñarnos a contar con él en todo momento, y también en cuanto comienzan a surgir las dificultades en las tareas de apostolado. Pretendemos llevar de un modo humano tareas que son de Dios. Tenemos que pensar que somos instrumentos del Señor, por lo que debemos contar con él y dejarnos guiar. Por otra parte, tener la certeza que él “aportará lo que falta”, como lo hizo en el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. La Iglesia nos enseña también con este milagro de la multiplicación de los panes y de los peces que es una refiguración de la Pascua Cristiana y del ministerio de la Sagrada Eucaristía.
“Y recogieron doce cestas llenas de trozos de pan y de peces” (MC. 6,43). Podríamos decir que mientras media humanidad se muere de hambre, otra media tira y desperdicia los alimentos. Cuantas veces desperdiciamos los alimentos, malcomemos las comidas con una tranquilidad de conciencia abrumadora. Cuantas otras veces contemplamos atónitos, como en las huelgas de los agricultores se vierten cantidades de productos alimenticios a las carreteras, en señal de protesta. Desde el espíritu del Evangelio, ambos ejemplos son contrarios. El evangelista quiere indicarnos dos enseñanzas, tal vez una mucho más importante que la otra. La primera el hecho de no desperdiciar los alimentos y evitar los derroches, a los que estamos muy acostumbrados. Por otro lado, la limpieza. Dejan el lugar tal como lo habían encontrado. El trabajo de los cristianos debe ser ante todo ordenado y orientado hacia Dios. El trabajo, el estudio, las labores de la casa... todo bien hecho, bien acabado, como oración a Dios. La santificación de los deberes del cristiano, es una forma mas de orar, por tanto de acercarnos a Él. Las enseñanzas del Señor no fueron exclusivamente espirituales ni morales, sino que también nos va dando las directrices de una educación en las coas y en las formas de comportamiento. Él es el espejo donde mirarnos, para aplicarlo después a todos los órdenes y aspectos de nuestra vida diaria.