EL CAMINO DE EMAUS
27 Marzo 2010
Los hijos del Zebedeo, nos describe el Evangelista, se acercan a Jesús y le dicen: “Concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria. Y Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o recibir el Bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le respondieron: Podemos. Jesús les dijo: Beberéis el cáliz que yo bebo, y recibiréis el bautismo con que yo soy bautizado; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía concederlo, sino que es para quienes está dispuesto” (Mc 10, 36-40).
Ni Santiago ni Juan entienden a que se refiere el Señor cuando les hace referencia al cáliz y al bautismo, que sin duda se refiere a su Pasión y muerte, y al martirio que padecerán sus discípulos. Los discípulos responden a las preguntas del Señor de una forma afirmativa, tajantemente. Ellos estaban enamorados de su doctrina, amaban al Señor y confiaban ciegamente en Él, y sin duda querían emularle. Nuestro enamoramiento del doctrina del Señor, cuando nos sentimos altamente llenos de Él, su gracia hace que pensemos en grandes campos de apostolado y de seguimiento de Él y de su doctrina hasta el fin, como les pasaba a aquellos discípulos y si nos preguntaran responderíamos igual que los hijos del Zebedeo sin duda alguna, como antes que nosotros respondieron otros y realmente entregaron su sangre y su vida. La gracia de Dios actúa en las almas que le son dóciles, y de ello tenemos claros ejemplos a lo largo de toda la historia de la de la Iglesia, donde gozan ya de un lugar preeminente para ejemplo y estímulo nuestro; pero también otros tantísimos que han sido huella nuestra y que se han cruzado por el camino de nuestra vida, haciendo gala de alguna virtud que ha iluminado nuestro caminar hacia Dios.
El lugar , en la Gloria, al lado de Cristo ya ha sido dispuesto por el Padre, y nuestro pensamiento se dirige a nuestra Madre Común, la Santísima Virgen María parte imprescindible en la historia de la salvación del género humano y Corredentora desde que respondiera con aquel ¡Hágase! A la pregunta del enviado del Señor. Ella es el autentico ejemplo después de Jesús y el camino seguro que nos lleva a su Hijo. Ella podrá acompañarnos por este caminar hacia la autentica Patria, después de la terrenal, que es el Cielo
El Señor va a indicarnos una norma de conducta primordial para el cristiano, la postura con que debe situarse ante el mundo, y que no es otra que una actitud de servicio: “Quien entre vosotros quiera ser el primero, sea esclavo de todos: porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención por muchos” (Mc 10, 44-45). Por tanto la actitud del cristiano ha de ser no solo de servicio a Dios, sino de servicio a los demás a ejemplo de Cristo, que siendo Dios, no solo se hizo uno como nosotros, excepto en el pecado, sino que siendo Rey sirvió a todo y debe dar prioridad a las necesidades de los que le rodean y especialmente a las necesidades de aquellos que se encuentran necesitados, sea cual sea el motivo de su sufrimiento. El cristiano participa en toda regla de los planes de Dios en la salvación del género humano y el establecimiento de su Reino en la tierra y en el corazón de los hombres. Y participa de su caridad que reparte y esparce por todos los necesitados.
Muchos hombres y mujeres de nuestra nación a lo largo de los siglos ha sabido defender a costa de su vida la fe en la que fueron bautizados, la fe en Cristo. No se arredraron y lo mas importante que murieron perdonando a sus ejecutores. ¡Podemos, Señor!. Nosotros también debemos poder cumplir su voluntad, dia a dia. Muchas veces es difícil, por lo que nos rodea: tensiones, situaciones difíciles. Problemas familiares, problemas en el lugar de trabajo que a veces no nos permite responder con el sentido cristiano de la vida. Ahí está el esfuerzo heroico que al final del dia, cuando nos pongamos en las manos del Señor, podamos presentarle nuestra respuesta. ¡Podemos! ¡lo intentamos! Es la pelea de cada día ¡vamos a intentarlo! ¿Qué fracasamos? ¿Quién habla de fracaso? Fracasar es no luchar, no intentarlo. Vencer es ponerse en el camino. El derrotado es también el que no hace nada, el que se deja caer.
Entremos en Jerusalén este Domingo de Ramos y acompañemos al Señor, igual que el día del Corpus que le acompañamos con el cariño y la fe puesta en la Custodia; ayer montado en un borriquillo hoy dentro de una custodia va Jesús realmente presente bendiciéndonos y queriéndonos con una amor sin medida.