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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA VUELTA DEL HIJO PRODIGO

Comentaba, el otro día, de refilón, algo sobre mi apagón espiritual. Si lo tuve y grande. Todo hay que decirlo. Nunca deje la Misa dominical. Era lo único o el único nexo que encadenaba con la fe, con las baterías ya muy bajas en señal de peligro. Vivía la vida con suma alegría humana, estudiando la carrera y entre andanzas del que fue mi partido político. Todo era alegría humana que no saciaba, no llenaba. Faltaba algo, pero no sabía que. Tampoco me molestaba mucho en buscar, preguntar… vivía, respiraba. Era lo más importante para mí aquel entonces. Olvide las muchas gracias que le debía a Padre Dios. Salido de una enfermedad que nunca más se repitió hasta el año 2002. Era aquel entonces mayo de 1980.

Conocía por aquel entonces a un hombre bueno, Machado. Iba con otro amigo de aventuras políticas a su librería, Fiver, de libros religiosos, a pesar de mi apagón. Hablábamos con él. Era una de esas persona de santidad que el Señor pone en nuestro camino, de ejemplo. Por las mañanas iba a stand de la feria del libro. Le visitamos un domingo. Recuerdo que a mi derecha vi, un poster de la Virgen de Murillo. Parecía mirarme con aquellos ojos preciosos, sonrisa inigualable. “¡Anda, Machado, dame ese poster!”. Y Machado siempre complaciente con nosotros, me regaló el poster a costa de su bolsillo.

Por primera vez una imagen de la Virgen entraba en mi cuarto. El apagón, había hecho que no conociera a tan Hermosa Madre, ni a tratarla. Mire aquel día, el poster, una y otra vez. Largos ratos. Casi no podía apartar los ojos. Me sentía conquistado por aquella sonrisa, aquella mirada tan materna. Parece, como si dijera: ¡Si esta Imagen mía ha entrado aquí, ha de ser con todas las consecuencias!”.

Cada día que entraba en el cuarto, me quedaba mirando aquella Imagen bella, sonriente, maternal. Y arranque a decirles cosas. Me solté. Aquella mirada, aquella madre me había conquistado. Se lo conté a Machado. “Mira, o que has hecho. Gracias”. Compre una guía del Rosario y me adentré en él. Compre libros que me hablaran de María. Pero  como le dijera Ella al Padre Gobbi: “a la Madre no se la estudia, se la ama”.

 

Y que mejor forma de amarla que dirigirse a Ella, hablar con Ella. Y me fui afianzado, acercándome a Ella. Recuperando los años perdidos. Era el mes de Mayo, el mes de María, el mes de las flores. La primavera espiritual estaba en su apogeo. Había comenzado el deshielo. Por fin el corazón volvía a latir. Pero aun tenía que latir en condiciones. Aun la sanación no está completa. Solo era el comienzo. Pero podía parase. Podía ser un espejismo. Faltaba un paso. Acercarme a su Hijo.

 

Por una amiga me acerque a un grupo o movimiento estupendo. Opus Dei. No ingrese pero más tarde iría a Retiros estupendos. Conocí a D Antonio a quien le dije que precisaba una confesión muy general, de 28 años atrás. Accedió gustosamente. Casi en media hora rasque y rasque a conciencia. Salía carbones negros. Sin miedo, fui claro y conciso. El peso se volatilizo “con aquellas palabras:”Ego te absolvo pecatis tuis…”. Otro paso dado el siguiente la comunión casi diaria, me acompañaba mi amiga, con tiempo después, rezaba el rosario a lo largo de Santa Cruz, pues solíamos escaparnos de las reuniones de Catequistas. Este fue otra conquista, dar Catequesis, no sin antes contar mi vida al Párroco D Luis. Así hasta el 2005, que por motivos familiares deje la catequesis.

 

Ahora he entrado en el mundo de internet, donde se pueden hacer maravillas y contrarrestar la parte nefasta. Aquel mes de Mayo marca un hito en mi vida. Cierto que he tenido subidas y bajadas. Pues siempre hay que estar alerta, procurando no bajar la guardia y sobre todo agarrar la mano de la Madre y no soltarla. Ella es camino seguro de salvación.

 

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