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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA VIRGEN DE GUADALUPE

LA VIRGEN DE GUADALUPE: UN DIALOGO DE AMOR Corría el mes de diciembre del año 1531, años atrás quedaba la conquista de México Tenochtitlán, cuando van a sucederse unos hechos tan maravillosos como llenos de un misterio que atrae a quien los lee o escucha por primera vez. Unos hechos que sin bien la Iglesia permite el culto, aún no se ha pronunciado definitivamente. Cuatrocientos sesenta y siete años después, aún está en estudio el manto sobre el que apareció impreso la imagen de la Virgen María. Pero antes de entrar de lleno, hagamos un poco de historia, no de la conquista, sino de la religión que practicaban los aztecas y que los españoles se encontraron y que fueron testigos, según los escritos que se conservan de los conquistadores. Adoraban a dioses varios, tales como Tlaloc, dios de la lluvia, Chicomecoalt, diosa del maíz maduro, Xiuttecuhtli, dios del fuego, Atlaua, dios de los cazadores de aves. A ellos les ofrecían sacrificios humanos, principalmente al dios del fuego tras un ritual en su honor. Cuando se trataba del dios del fuego, a la víctima se la ataba de pies y manos y tras una danza ritual se la lanzaba al fuego, de donde se le extraía aun con vida para arrancarle el corazón con la ayuda de un garfio. Existían otros tipos de sacrificios, cada cual mas estremecedor. Generalmente se trataba de prisioneros hechos en las guerras; otras veces se trataba de chicas jóvenes que por engaño se las llevaba al templo donde se las sacrificaba. Con los sacrificados, en algunas ocasiones se llegaba a practicar la antropofagia (costumbre de comer carne humana ) durante los rituales ofrecidos a los dioses. Este panorama estremecedor se lo van a encontrar los conquistadores españoles y los misioneros. Se conservan escritos en los que los propios españoles pudieron observar como se realizaban estos hechos y con sus propios compañeros. ¿ Porqué hablamos de "diálogo de amor"?. Si echamos una mirada a todas las apariciones de la Virgen María: Lourdes, Fátima, la de la Capilla de la Rue du Bac (Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa) a Catalina Labouré...podemos observar el desbordante amor que sale no sólo del Corazón Inmaculado de la Madre, sino de sus labios; sus palabras siempre suaves, dulces, con un cariño al que estamos desacostumbrados, palabras melodiosas que dirige hacia sus hijos. Pero, también, en este caso, las palabras de amor y de cariño que aquel humilde indiecito, Juan Diego, dirige hacia aquella Señora, hacia aquella "Niñita", como decía afectuosamente. Pero el amor de la Madre no tenia un solo destinatario, de la misma forma que en las diversas apariciones de la mas bella de las Madres; su amor no iba destinado solo hacia quienes podía gozar de su presencia admirablemente hermosa; pues María se dirigía en ellos a todos y cada uno de nosotros, a tí y a mi también, a los que aman a Dios para que persistan en caminar por la senda recta, a los que no le aman, porque "aman" el pecado, para que se conviertan a Dios pues también los espera. "Mi hermosa niña"..." mi niñita", decía él; " Juan Diego...Juan Dieguito", decía ella. Repetid estas palabras dentro de vosotros, envolvedlas en un tono cariñoso, lleno de amor, y tal vez podamos aproximarnos a aquel dialogo entre la Madre y el hijo. Pongamos nosotros en aquella situación y dejemos que nuestro nombre, sustituya, en alas de la fe, al de Juan Diego. LA SEGUNDA HISTORIA DE AMOR MAS GRANDE JAMAS CONTADA ¿Qué ocurrió aquella mañana de diciembre? Nuestro indiecito Juan Diego, contaba con 57 años de edad por aquel entonces. Vivía en su casa en Tatiloco, junto a su tío Bernardino. Bajaba todos los días a escuchar la Santa Misa a la misión Franciscana. Aquella mañana como tantos otros días transitaba por el camino del cerrito del Tepeyac, y en su caminar escuchaba el canto de los pájaros, recibía en su rostro el beso de los rayos del sol que acariciaban su tez curtida, jugueteaba con las piedras... De repente, todo se hizo al silencio, ni el trinar de los pájaros, ni el ruido de las ramas movidas por las brisas... Por un momento, pensó que había muerto y que se encontraba en el cielo, tal era la paz que repentinamente se respiraba en el lugar. Le invade cierto temor que se desvanece, cuando de repente escucha su nombre con una suavidad desacostumbrada para el: ¡Juan Diego! ¡Juan Dieguito!. Miró a un lado, a otro lado, nada veía pero escuchaba aquella suave y tierna voz. Comenzó a caminar, siguiendo aquel dulce sonido y llegando a la colina se encontró con una hermosa Doncella, de una belleza fuera de lo común que le sonreía. ¿Quién eres, mi Niña, mi Niñita?. Y aquella Niñita le habló y le dijo quien era y que deseaba se construyera en aquel lugar un Templo para su Hijo, lo cual debería transmitir al Obispo por la mañana. Al día siguiente, Juan Diego se levantó y bajó al pueblo, para cumplir su encargo. Juan Diego baja al pueblo y transmite la noticia al Obispo Zumárraga, pero éste no le cree. Vuelve triste por no haber sido creído. Tristeza que le muestra a la Señora, quien le pide que busque otra persona mas digna a quien el Obispo pueda creer, ya que se consideraba inadecuado para cumplir este cometido. Pensaba, en su humildad, que las gentes creerían a los mas ricos, a los que tenían estudios... Pero Dios busca ser conocido a través de la humildad María que ama esta virtud, le confía otra vez el cometido y le pide que vuelva otra vez a ver al Obispo para transmitirle el mensaje. Esta vez el Obispo le cree, pero Fray Juan de Zumárraga, le pide que le traiga una prueba. Así se lo transmite Juan Diego a la Señora. Ella le pide que vuelva al día siguiente por el lugar para recoger la prueba que enviaría al Obispo. Pero Juan Diego no iba a volver. Pero no nos asustemos, aquella desobediencia iba a tener un motivo. Por la mañana, Juan Diego se levantó temprano y se dirigió hacia México, y en lugar de dirigirse por el camino hacia el lugar donde quedado con aquella hermosa Doncella, tomó otro distinto, con el fin de evitar el encontrarse con ella. Pensaba, ingenuamente que así Ella no le encontraría. Pero la hermosa Dama le va a salir al camino ( ¿os recuerda esto en algo el pasaje de Emaus?), cuando aquel humilde indiecito menos lo esperaba. Y repentinamente y con una voz dulce le dice: ¿Escucha hijo mío, el menor, Juanito. ¿a dónde te diriges?. Ante aquellas palabras Juan Diego se entristece y pide perdón a la hermosa Dama y le explica que su tío Juan Bernardino había enfermado gravemente e iba a buscar a uno de los padres de la misión para que le diera los sacramentos. La Virgen María le encarga que suba a la loma donde podrá recoger unas flores que llevará como muestra al Obispo. Juan Diego obedece, aunque le debe parecer extraño que unas flores sean la muestra por las que el Obispo le crea. Cuando llega a la loma, observa una gran variedad de flores que no eran las típicas de aquella tierra ni de aquella zona. Recoge unos ramos y los carga sobre la tilma (especie de delantal de tela de saco), y se encamina hacia la casa del Obispo. Al llegar al palacio del Obispo, Fray Juan de Zumárraga, le están esperando los criados quienes no le recibe con gran cariño, precisamente, pretendiendo ver que secreto llevaba tan bien guardado. Juan Diego se resiste y evita la curiosidad de aquellos personajes. Al llegar a presencia del obispo, Juan Diego le dice que le trae la muestra que él había pedido, como señal de prueba del mensaje. El Obispo pide que se la muestre. Juan Diego abre la tilma y caen al suelo la variedad de flores que había recogido, ¡eran flores de Castilla!, no eran típicas de aquella tierra. Unos y otros se miran. Repentinamente, se fijan en el tilma de Juan Diego y observan impresa la Imagen de una bella y hermosa Dama, ante la cual caen postrados de rodillas. El Obispo pide perdón por la falta de fe y ruega a Juan Diego que le trasmita el mensaje, lo que hace. HECHOS NOTABLES Un día, realizando uno de los múltiples estudios que se le ha hecho, cuando llegaron a los ojos de la imagen, se descubren como una especie de figurita, muy pequeña, con forma de rostro. Por medio de lentes de aumento se detecta ¡ algo maravillo!, ¡era un autentico rostro!; una figura humana, similar al rostro del indiecito Juan Diego, del que se guarda algún cuadro. Hace tan solo unos años, realizando otros estudios a aquel rostro, se detecta más aún. En los ojos de aquella figura, se pueden ver nuevas imágenes, pudieran ser las de las personas que estaban en la habitación del Obispo cuando Juan Diego dejó caer las flores y apareció la imagen de la Virgen en su tilma. Otro de los hechos notables es el ocurrido a un medico oftalmólogo agnóstico. Quiso realizar un estudio de las figuras que aparecían en los ojos de la Virgen. Solicitados los permisos correspondientes se puso manos a la obra. Para ello se sirvió de aparatos normales de oftalmología. Su sorpresa fue cuando estaba analizando uno de los ojos donde aparece la figura, se dio cuenta de algo fuera de lo normal. Daba la sensación de estar ante un ojo real, dotado de vida... y no el ojo de una “pintura”. Cuando bajó de realizar aquel trabajo, el agnosticismo había quedado arriba; es decir, bajo convertido. Pero si hemos de destacar como impresionante, es el ultimo hallazgo el cual, la Iglesia prudentemente lo mantiene en estudio y cuyos análisis se llevan en secreto. Pues bien. La Tilma de Juan Diego va a realizar un viaje mas. Otra vez a los Estados Unidos. Houston será su destino. Uno de los principales Laboratorio de la Nasa. Siguen tratando de detectar que clase de “pintura” se ha utilizado para dejar impresa con tanta perfección y sin que el tiempo haya hecho mella en aquella “pintura”. Quieren saber que métodos utilizó el “Artista” para lograr imprimir aquel rostro humano dentro de los ojos de aquella imagen. Quieren saber que técnica se utilizó para que dentro de los ojos de la imagen del indiecito se lograra meter otras figuras : la del obispo y otros personajes... Pero a estos misterios se les va a añadir uno más, y es el mas impresionante. Procedían al estudio cuando escuchan unos ruidos dentro del Laboratorio. Al principio no les dan importancia; después se dan cuenta que esos ruidos proceden de la zona donde estaba La Tilma de Juan Diego. Al acercarse, se dan cuenta que proceden de la zona del pecho. Impresionados graban aquellos ruidos, que eran como latidos de un corazón vivo. Lo demás, queda del resultado de los estudios. LA HISTORIA DE AMOR CONTINUA Efectivamente, aquella historia de amor que comenzó hace cinco siglos ( o mejor, comenzó al pie de la Cruz), hoy continua, son incontables las curaciones no solo de enfermedades corporales, sino también espirituales las que se vienen realizando desde entonces. Desde Juan Bernardino hasta hoy pueden contarse por miles los agraciados por el amor maternal de la Virgen de Guadalupe.
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