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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA UNCION EN BETANIA

               Y estando en Betania en la casa de Simón el leproso, cuando estaba sentado a la mesa, vino una mujer que llevaba un frasco de alabastro con perfume de nardo puro de mucho precio; y rompiendo el frasco, lo derramo sobre  su cabeza. Algunos de los presentes, indignándose en su interior, decían: ¿Por qué se ha hecho este derroche de perfume? Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios, y darlo a los pobres. Y se irritaban contra ella.

 

                               Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo, pues a los pobres los tenéis para siempre con vosotros, y podéis hacerles bien cuando queráis; a mí, en cambio, no siempre me tenéis. Ha hecho cuanto estaba en su mano: se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. En verdad os digo: donde quiera que se predique el Evangelio en todo el mundo, se contará  también lo que ella ha hecho, para memoria suya” (Mc 14, 3-9)

 

 

               Era costumbre de la hospitalidad antigua honrar a los huéspedes ilustres con agua perfumada. Esta mujer trató al Señor con una delicadeza exquisita al derramar sobre Él un frasco de perfume de nardo. Es evidente que esa acción agrado mucho al Señor. El precio de trescientos denarios era aproximadamente el sueldo de un obrero durante todo un año; la acción fue, pues muy generosa. El romper el frasco para derramar hasta la última gota de perfume, sin que pueda servir ya a nadie más, sugiere que Jesús lo merece todo

               

               

                El Padre José Luis Martín Descalzo nos narra esta bellísima escena, cabe mencionar que poco tiempo antes se había producido la resurrección de Lázaro, que no recoge el evangelista San Marcos:

 

                “Precisamente en honor de Lázaro se celebraba un importante banquete en casa de otro ilustre fariseo, conocido como Simón el leproso, que quizás era otro de los favorecidos con un milagro de Cristo. Marta, la hermana de Lázaro, dirigía el servicio. Y María, que quizá no encontró otra manera mejor de agradecer a Jesús el favor  que poco antes habían recibido, se arrojó a los pies del Maestro, como antaño había hecho otra pecadora ( o tal vez ella misma). Llevaba en sus manos uno de esos vasos de alabastro de cuello alargado en los que los antiguos solìan guardar los perfumes. En el frasco había (el evangelista lo señala con toda precisión) una libra de perfume  de gran valor. Asombra el detallismo del narrador; era sabido entre los antiguos (y Plinio lo precisa) que el perfume de nardo era frecuentemente adulterado y que, en cambio, el auténtico se vendía  a   precios  realmente astronómicos. Judas experto en economía, lo sabía muy bien. De ahí su escándalo: ¿Por qué este derroche? Este ungüento se podía vender en más de trescientos denarios y darlo a los pobres. Era una cantidad verdaderamente alta. Superior a la paga de un trabajador en todo un año; suficiente, según  la estimación de Felipe en otra ocasión, para dar de comer  a cinco mil personas”. (Jn 6,7)

 

                Y Judas no se quedó solo en su escándalo: otros apóstoles y varios fariseos se unieron a las protestas: Pero en los demás  estas protestas eran sinceras, aunque equivocadas. En Judas, puntualiza, casi con crueldad, Juan eran insinceras: Dijo esto, no porque le importaron los pobres, sino porque era ladrón y teniendo la caja se llevaba de lo que había en ella (Jn 12,6). La frase del evangelista es dura y demuestra  que ya entonces  sentía una evidente hostilidad hacia Judas...

 

 

                La  actitud de María es un ejemplo para los presentes y para quienes nos asomamos a las páginas de Evangelio, de la finura con la que hay que tratar al Señor y todo aquello que tiene referencia. Ella tuvo ocasión de hacerlo en la persona humana de Cristo; nosotros en su Cuerpo sacramentado: recibiéndole, visitándole en el Templo, y a través de la oración. Es evidente que a cada paso, en el Evangelio encontramos una respuesta del actuar del cristiano, sin necesidad de acudir a lugares extraños a buscar.

 

El perfume puede ser también el símbolo de la vida del cristiano,  que debe ser derramada para Dios hasta la última gota, al igual que lo hizo María, sin que le doliera, sin que mirara el coste, sin regatear un céntimo, como la viuda pobre que dio hasta lo que no tenía. También hoy, muchos cristianos a ejemplo de María, derraman en honor de Dios todo el perfume de su vida, entregándose a Él con generosidad, rasgo de amor que muchas veces es incomprendido por parte de sus más allegados: familiares, amigos, compañeros, incluso por la sociedad, como incomprendido fue el rasgo de María por parte de muchos de los allí presentes, hasta por algunos de los discípulos,  como nos lo describe el evangelista. Muchos se escandalizaban del derroche de María, muchos se escandalizan de aquellos jóvenes que en la flor de la juventud abandonan todo para servirle.

 

                El Señor, como respuesta a aquellas críticas, agradece el gesto de aquella mujer. El Señor también, y no hace falta decirlo, agradece el gesto generoso de todos aquellos que derraman su vida en honor y servicio de Dios.

 

                La actitud de María en agradecimiento al Señor no solo por honrarles por la amistad dada a su familia, sino también por devolver a la vida a su hermano. Si fuéramos mas finos, más delicados, en las atenciones prestadas por el Señor hacia cada uno de nosotros, podríamos ver cuántos motivos de agradecimientos tendríamos; seguramente más de un frasco de perfume habríamos de derramar sobre su cabeza. Cuantas atenciones ha derramado sobre cada uno de nosotros, de nuestros familiares, de nuestros amigos o de aquella persona que queremos de una manera especial. Cuantas veces el Seños nos ha sacado de tal o cual problema sin que nosotros empezáramos a pedírselo. Creo que si fuéramos mas finos no pararíamos de ofrecerle  uno u otro detalle de agradecimientos, sin mirar el coste, como María.

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