EL CAMINO DE EMAUS
10 Mayo 2011
Esta tarde pasaba por delante de la casa de las Misioneras Eucarísticas y quise pasar a ver a la hermana Pilar, a quien conocí hacia el año 1981, en mi primera etapa de catequista. Y lo que son las cosas, no imaginaba la noticia, triste noticia. Acababa de morir hacia unas horas. Me quede de piedra. Hacia unas horas que la hermana Pilar se había adentrado en la auténtica Patria que nos tiene preparado el Señor, con todos los merecimientos. Imagino el recibimiento. Pues de seguro que en el cielo Padre Dios recibe a sus hijos con gran algarabía. Y así recibió a la hermana Pilar.
En los momentos delicados de su salud, siempre sobresalía una sonrisa, nunca una queja. La hermana Pilar se dejaba llevar por el Señor con toda suavidad como solo Él sabe llevarnos. Y esa misma ternura conque la dirigía el Señor la repartía ella con sus hermanas Misioneras y con todos aquellos que íbamos a hablar con ella o comprar aquellos deliciosos rosarios de pétalos de rosa o libros de espiritualidad. Tenía palabras amables para todos. Nadie se iba sin su sonrisa.
Ella organizó la Eucaristía de los 50 años de matrimonio de mis padres, con todo lujo de detalles. Eucaristía de la que mis padres hablaban, tiempo después, con entrañable cariño. Era fácil querer a la hermana Pilar. Alguno dirá que siempre se habla bien de los que se van. No estoy de acuerdo con esa afirmación. Lo cierto es que si he de hablar en negativo de alguien que se va, prefiero callarme. Pero de la hermana Pilar solo puedo hablar bien, porque era buena.
Realmente he de decir que las hermanas Misioneras Eucarísticas de D Manuel González gozan de mucho cariño, por parte de quienes las conocemos y de los catequizando tanto de Primera Comunión, como de los jóvenes que se preparan para la confirmación. Se necesitan muchos religiosos como las Misioneras, sus enseñanzas calan hondo en las almas. Les define el amor a Jesús Sacramentado y a nuestra Madre la Virgen María, tal como dejo enseñado el obispo de los Sagrarios Abandonados D Manuel González.
Decía el Hermano Rafael, insigne trapense que al cielo unos entrar a trompicones otros como flechas. Así ha entrado la hermana Pilar, como una flecha donde Jesús la esperaba con los brazos muy abiertos como ella nos recibia a todos.