EL CAMINO DE EMAUS
14 Junio 2011
Cuando debería ser lo contrario, es el sacramento más temido para las familias que tienen algún enfermo en riesgo de muerte. No se atreven a avisar al sacerdote, por miedo a asustar al enfermo. Leía días atrás, en el Mundo, que D José Ortega Cano recibía la extremaunción, debido a la gravedad de su estado. No sé, si fue la familia la que lo solicitó o fue él. Sea como fuere, es una noticia edificante que, viendo su estado, se le facilitara el sacramento vital. Aunque muchos no lo creen, es el mejor regalo que se le puede hacer a un enfermo.
Les cito un caso real; este caso nos lleva al otro extremo y no al del miedo, no daré nombres, pues sería hacerles propaganda gratuita. Un militar que viendo acercarse su fallecimiento, pidió a dos de sus hijos que se encontraban haciéndole compañía, también militares, les pidió avisaran al sacerdote para que le administrara la extremaunción. Los dos hijos pasaron del tema, falleciendo horas después. No sé si tendrán algún cargo de conciencia, pero conociendo a los dos hijos, hace mucho tiempo “la habían matado”, a la conciencia. Qué triste es pasar de la última voluntad de un moribundo. Doy fe, que el ilustre militar era un caballero, una persona de fe y de valores y por ello estará gozando de la Paz de Dios. ¿Pero y si la hubiera necesitado? Pienso que solo el deseo de recibir la unción, si se le negase, Dios perdona ya los pecados. Para mi esos dos “ilustres” no merecen el título de hijos.
El Apóstol Santiago nos dice: “¿entre ustedes hay algún enfermo? Llamen a los presbíteros para que oren por él y lo unjan con óleos en nombre del Señor”. Ya Santiago nos enseña la importancia de este Sacramento.
Ya hace muchos años, antes de dar catequesis, Carmen Rosa, luchadora incansable del apostolado, nos llevaba una vez al mes, al padre Maqueda, con asombroso parecido a Pio XII, y a mí al pueblecito de Masca, en Tenerife, donde, por la falta de sacerdotes iba uno cada “x” tiempo. Allí íbamos. La carretera era entonces muy mala, recuerdo que les dije: “Menos mal que llevamos al Señor con nosotros, sino yo no vendría por esta carretera”. El padre Maqueda, portaba las suficientes sagradas formas para quienes quisieran comulgar en la Eucaristía. Después de la Misa, se llevaba la comunión a dos enfermitos que estaban impedidos. La mujer le pidió le diera la unción, no estaba en riesgo de muerte, solo impedida de las piernas. El padre Maqueda se la administró y quedó muy feliz. No hace falta estar en riesgo. Se puede recibir estando sano o en puertas de una operación quirúrgica. Antes del sacramento recibió el de la Penitencia; de esta manera el sacramento es completo.
Según define el Catecismo de la Iglesia Católica “es el puente levadizo para entrar en la Casa del Padre.
Siempre queremos lo mejor para nuestros enfermitos. Pues la Unción es el mejor regalo que se le puede hacer. Además indica el amor que le dispensamos al enfermo. Es hora de quitar los miedos y respetos humanos, el qué dirán. De ti y de mi depende. Nos jugamos la vida del enfermo. Y la vida eterna no se puede jugar a cara o cruz. Si no actuamos, después no habrá otra oportunidad. Que esa supuesta media hora que dicen los “nuevos teólogos”, que tenemos para arrepentirnos después del fallecimiento, son teorías n contempladas en la doctrina de la Iglesia y que llevan al error. La Iglesia nos dice que tras la muerte acaba el tiempo de merecer. Hay teólogos que están haciendo mucho daño, pues piensa que el titulo les capacita para inventar teorías. Nosotros hemos de ceñirnos a lo que dice la Santa Madre Iglesia, todas las teorías al margen de ella no son válidas. Animo y seamos valientes, quitemos los miedos.