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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA BUSQUEDA

 

La búsqueda de la perfección, y de la santidad, de llenar ese vacío que muchas veces sentimos en nuestra alma,  no está en el camino que nosotros solemos prepararnos a nuestra medida, sino en el camino que nos prepara el Señor. Un ejemplo claro lo encontramos en el pasaje de San Marcos, del joven rico. Un joven, que como nos describe el evangelista cumplía todos los preceptos, incluso colaboraba con el Templo; pero esto no parecía saciar sus ansias de perfección y buscaba sin saber donde ni que buscar. 

 La práctica diaria y constante de Dios nos va a llevar si duda a aspirar otras metas, a soñar con grandes campos de apostolado, como sin duda le pasaba a aquel joven. Se dirige al Señor porque había oído hablar de Él: de cómo hablaba, de su mensaje, de sus milagros, de cómo las gentes  con las que se había cruzado habían recobrado no sólo la felicidad sino una ilusión nueva por la vida. Nosotros nos dirigimos al Señor, porque sabemos que solamente él puede dar la respuesta a cada una de nuestras preguntas y señalarnos la solución a uno u otro problema.

 Hoy una parte de la juventud, no sabe cómo llenar el vacío que tiene. Buscan unos por medio del botellón, otros por medio del porro, la cocaína…, muchos orientadores van desorientados, porque tratan de darles soluciones fuera del autentico camino; padres que no saben afrontar el problema, o que tal vez no existe comunicación. Todo agrava aun más el problema existencial de una juventud que anda ciega. Tal vez, el papel de aquel joven rico haya variado y se nos presenta diferente hoy. ¿Busca algo la juventud de hoy? ¿Andan realmente desorientados? ¿Es esa alegría vacía de contenido la que realmente desean ellos? Cada uno tiene su respuesta en su interior, pero eso no quiere decir que callemos nuestras voces y tratemos de darles la alarma que su camino: el del botellón, el sexo vacio, el porro, la cocaína… no lleva a ninguna parte, bueno si, a una pérdida de valores y a la pérdida del autentico Norte que es Dios.

 

Aquel joven le dice al Señor: Maestro bueno, ¿qué he de hacer para conseguir la vida eterna? Si esta pregunta la formuláramos cada día, podríamos oír la respuesta del Señor, y sin duda la misma que le dio a aquel joven: Ya conoces los mandamientos. En ellos, en su cumplimiento está la vida eterna. Pero tal vez nosotros, como aquel joven, buscamos otro camino. Aquella respuesta debió sorprender al joven rico, que sin duda esperaba otra respuesta, algo nuevo. ¿Podemos soñar en grandes campos de apostolado, si quebramos uno solo de los mandamientos? En principio, el camino de la salvación está en ellos, en afirmar y reafirmar nuestra vida en la observancia de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, fundamentados en la práctica de la Eucaristía  y de la Penitencia. Pero además el Señor nos llama a seguirle: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo; luego ven y sígueme. La vida del cristiano no es atesorar, sino compartir el tesoro de la Buena Nueva, la Noticia de que la Redención no es para unos, sino que es para toda la humanidad. Esa respuesta del Señor al joven es también para nosotros, pues aquel joven nos representa. “Ya conoces los mandamientos” (MC. 10,19) dice el Señor. No hay más secretos.

           

Maestro, todo esto lo he guardado desde mi adolescencia. Responde el joven, tal vez desilusionado porque esperaba otra cosa, algo distinto, tal vez hasta extraordinario. Jesús le mira con cariño, como nos lo dice San Marcos. Aquel joven era inquieto y estaba sediento de santidad y ajeno al ambiente que reinaba por aquel entonces. Ahora el Señor le va a proponer algo distinto, algo que no se había planteado el joven, que buscaba la santidad por un camino distinto al que el Señor nos tiene marcado. “Ven y sígueme” (MC. 10,21). Esas mismas palabras  ya se las dijo a los que ahora son sus discípulos, quienes al oír las palabras de Jesús dejan todo y le siguen, hasta más allá de lo que se habían imaginado, hasta la muerte por amor a Cristo y al Evangelio. Aquel joven, por el contrario “se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico” (MC 10,22). Jesús le presenta cual es el auténtico camino de la felicidad: seguirle a Él, dejando todo aquello que puede entorpecer ese seguimiento. Ese joven rico está muy presente en nosotros que muchas veces no acertamos, o no sabemos, o no queremos desprendernos de aquello que nos ata: riquezas, placeres, vanidades, glorias, futuros triunfos...

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