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El blog de antonio tapia

EL CAMINO DE EMAUS

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LA ANUNCIACION Y ENCARNACION (SAN LUCAS) 2

            Al decirla: Llena de gracia, estamos reconociendo que Maria es santa desde el mismo instante de su concepción. Nosotros lo seremos cuando nos hallemos gozando de Dios en su gloria.

 

El Señor es contigo. No ha nada de María que no este poseído por Dios. La presencia de Dios en María era la misma raíz de su alma; la vida de oración y entrega a Dios eran fuente de vida. La Virgen María fue del señor desde la eternidad, desde siempre; nosotros también, desde la eternidad, pero muchas veces, a lo largo de nuestra vida, contrariamente a María, no dejamos que Dios tome entera posesión de nosotros; hasta incluso le usurpamos el lugar primordial que en nuestra vida le corresponde para colocar otros dioses que el mundo nos ofrece a lo largo de nuestro caminar.

 

            El Señor es contigo; una afirmación que puede decirse del alma en gracia y María posee la plenitud de la gracia. Las almas que están en gracia viven unidas a Dios; Maria está plenamente unida al Señor y así se lo confirma el Ángel en el saludo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo.

 

            María es la llena de gracia y la llena de la paz que no tiene apellidos, porque es la Paz de Dios. Durante el momento de la Paz, en la Santa Misa, repetimos, casi sin darnos cuenta esas mismas palabras del  Ángel a quienes tenemos al lado: Que la Paz del Señor sea contigo...  la Paz del Señor, que no es la paz de la que hablamos y de la que nos hablan desde las esferas de la política; es la paz de los que están en amistad de Dios, de los que están en gracia; la Paz de los mansos y de los pacíficos a los que hace referencia Jesús desde el monte de las Bienaventuranzas. María posee esa Paz, porque María está llena de Dios desde la eternidad. Fácilmente podemos decirla junto a esa última letanía  del santo Rosario: llena eres de gracia, el Señor es contigo, Virgen de la Paz.

 

            Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Estas mismas palabras del Ángel, procuramos pronunciarlas con toda suavidad y ternura, pues al comienzo inmaculado de su vida le ha seguido toda una vida de entrega a Dios, sin una queja, sin una pregunta, sin  ¿un porque?; ante todo momento de dureza, las respuestas de María eran un sincero : Fiat! (¡Hágase!).

 

            El Papa Pío XII cuando estableció el Dogma de la Inmaculada Concepción dijo al mundo: “ Y la colmó de la abundancia de todas las celestiales gracias, sacadas del tesoro de la divinidad; muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor, después de Dios, y nadie puede imaginar fuera de Dios”. Después de Dios ¿quién como María?.

                                  

29 Ella se turbó al oir estas palabras, y consideraba que significaría esta salutación. Recordamos como Zacarías, al ver al Ángel del Señor a un lado del altar donde íba a realizar el sacrificio se turba, se asusta. María se turba, pero no se asusta; es diferente. La turbación de  María se produce por su humildad; pues no cabía en ella que nadie le diera un saludo como el que acababan de hacerle. ¿Qué debió pensar la Virgen al escuchar aquellas palabras?.  Y consideraba que significaría esta salutación, añade el evangelista. La Virgen María se turba, la Virgen María considera, medita aquellas palabras, las cuales jamás soñó que podría escuchar dirigidas a ella; como tampoco, jamás, había soñado, ni se recreo en sueños vanos de glorias y parabienes; ni buscó la alabanza. La Virgen María era para Dios; pero no por ello descuida su trabajo, ni descuida a sus conciudadanos; pero pasa desapercibida, sin dar motivos para comentarios.

            La Virgen nos enseña como hemos de ser los cristianos, gentes corrientes, que amando a Dios primeramente no descuidamos el servicio a los demás sin buscar ser correspondidos.

 

            La corona regia que Dios ciño sobre su cabeza, cuando la coronó como Reina y Señora de todo lo creado contiene todas las virtudes que agradan a Dios y ente ellas: la humildad, la fe y la oración (cuando este enlace  entre el orante y Dios se convierte en virtud). Maria, es mujer humilde, María, es mujer de Fe, María, es mujer de oración, como después nos dirá el mismo San Lucas : “guardaba todas estas cosas ponderándolas en el corazón” (Lc 2, 29).

 

            Al leer este paisaje descrito y pintado, en nuestra imaginación, por San Lucas, movidos en alas de la fe a aquellos momentos, nos parece escuchar la suavidad y la ternura del Ángel al decírselas a la Virgen. Cuando rezamos  el Ave María con toda piedad, tratamos de emular al Ángel del Señor en ternura y suavidad.

 

            Cuando el Ángel Gabriel  se dirige a María, solo se escucha su voz; todo lo demás parece en silencio; María, calla y escucha, no interrumpe; parece como si al finalizar el Ángel se produjera un pequeño silencio. Maria no está dudando; María medita, en la presencia de Dios, cada palabra, cada detalle. Pero María está turbada,  en su virginal humildad aquellas palabras de tan alto linaje le turban. El Ángel enseguida le dice: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. “Cuando el Ángel la tranquiliza y le dice: no temas María, le está ayudando a superar el temor inicial que de ordinario, se presenta en toda vocación divina”.

 

           31 Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.  32 Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33 reinará  eternamente sobre la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin” ( Lc 1, 31-33).

 

            El Arcángel San Gabriel anuncia a María que ha sido elegida por Dios para ser la Madre de quien será llamado  Hijo del Altísimo. Desde la eternidad, la Virgen maría ha sido elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo. El Papa Pío IX nos dice: “Desde la eternidad, la eligió y señaló como madre, para que su Unigénito tomase carne y naciese de Ella en la plenitud de los tiempos”. Fue en María en la única en la que Dios halló gracia; es la única en la que no encontró ni la más leve mancha de pecado: “Tu eres toda hermosa, ¡ Oh Madre del Señor!; tu res de Dios la gloria, la obra del Señor”, entonamos en los salmos a la Madre. María es toda hermosa, toda limpia, sin mancha. Por eso toda la cristiandad entera aclama a María: la Inmaculada, por ser “desde el primer instante de su existencia, la más pura y santa del género humano”.

 

            La Virgen maría está a punto de escribir una de las páginas más maravillosas de la historia de la humanidad, porque con el SI de María, El Verbo de Dios viene a hacerse uno como nosotros, excepto en el pecado; a través de María “ se realiza el hecho más maravilloso, el mas entrañable de las relaciones de Dios con los hombres, y el acontecimiento más trascendental de la Historia de la humanidad”.

 

 

            A lo largo de los evangelios vemos como van cumpliéndose las palabras del Ángel. Hoy siguen cumpliéndose: Su Reino no tendrá fin. El Reino que viene a establecer el Señor permanecerá por toda la eternidad.

 

            Cuando rezamos el Padrenuestro le pedimos al Señor: venga a nosotros tu Reino. La palabra Reino puede expresar la intervención soberana y misericordiosa de Dios en la vida de su pueblo. Adán y Eva rompen el plan primitivo de Dios; para restablecerlo se hace preciso una nueva intervención de Dios y lo hace por medio de la obra redentora de Jesús.

 

            Jesús realiza  el Reino que anuncia el Bautista: “Haced penitencia porque está al llegar el reino de los Cielos” (Mt 3, 2). Jesús viene a liberar a toda la humanidad de la esclavitud del pecado, del demonio y de la muerte, para ello  Jesús instaura  el reino de Dios o Reino de los Cielos. En nombre del señor, es la Iglesia a la que le corresponde el anuncio del Reino de Dios hasta que se produzca la segunda venida de nuestro señor Jesucristo, por tanto el reino de los Cielos o reino de Dios se consumará al fin del mundo, cuando Jesús venga a juzgar a los vivos y a los muertos; pues será cuando de un modo perfecto Dios reinará en los bienaventurados.

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